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Una ingente cantidad de dinero público destinado a la formación acaba en el retrete del sistema. Muchos alumnos abandonan la formación cuando ésta es presentada o percibida como gratuita (un error de concepto muy extendido). Los motivos pueden ser varios pero uno de los más relevantes es la falta de autocontrol. Nos guste o no, ante determinadas situaciones nos resulta muy complicado regular nuestro comportamiento.

En el caso de la formación partamos de la base de que el aprendizaje es un proceso que requiere esfuerzo y sacrificio para alcanzar las metas que nos proponemos. Una vez alcanzada esta meta la gratificación personal es evidente pero ¿cómo llegar hasta ahí? Hay muchos factores que pueden distraernos de esa meta. Es fácil que sucumbir cuando renunciamos a nuestros objetivos a largo plazo a cambio de otras gratificaciones inmediatas. Este es el dilema al que nos somete continuamente la desidia. Reconozcamos humildemente que a veces resulta muy complicado mantener nuestro nivel de compromiso con la tarea. Siempre podremos encontrar alguna excusa (casualmente me ha surgido un problema familiar, el curso se me ha juntado con otras obligaciones “inexcusables”, no es el mejor mes para hacer el curso porque estoy hasta arriba de trabajo, quizá más adelante, etc.). No estoy diciendo nada nuevo y de hecho lo podemos comprobar de manera más que evidente en el fenómeno MOOC. Véase si no las abultadas estadísticas sobre tasas de abandono.

Buscando alternativas

Imaginemos por un momento un escenario hipotético en el que cada alumno tuviese que realizar un pequeño depósito de 100 € antes de iniciar un curso. Siempre y cuando el alumno finalizase la formación, este dinero sería reembolsable por lo que el carácter gratuito no se perdería. Se me antoja interesante analizar cómo influiría en el grado de compromiso con la formación. De entrada, la posibilidad de que pudiésemos abandonar el curso (y por tanto perder esos 100€) nos llevaría a detenernos por un momento para analizar los detalles del curso antes de tomar la decisión de si matricularnos o no (¿realmente se ajusta a mis necesidades? ¿el formador me inspira confianza? ¿me gusta la metodología del curso? …).

La palabra gratis tiene un efecto casi mágico en nosotros. Nuestro cerebro reacciona de inmediato y en no pocas ocasiones picamos en el anzuelo. ¿Cuántos de nosotros no hemos cogido algo sin necesitarlo solo por el reclamo del gratis? Al fin y al cabo no tenemos nada que perder. Y es ahí precisamente donde quiero llegar. Los seres humanos tenemos una especial aversión a la pérdida por lo que sería interesante pensar en estrategias que ayuden a los alumnos a aumentar su grado de compromiso. Sabemos que proporcionar contenidos de calidad, aportar referencias significativas sobre la aplicación real de los mismos y gamificar el entorno de aprendizaje inciden positivamente pero ¿consideras que es suficiente? ¿qué otras estrategias se te ocurren?

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