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Nadie pagará por lo que gratis pueda obtener. Este axioma que aplicamos en muchos ámbitos de la vida es una actitud inteligente si logramos obtener a coste cero lo que de otra forma nos llevaría a desembolsar cierta cantidad de dinero (ojo, sin cometer ilegalidades). Es como si un paquete de patatas que nos costase un euro, a partir de mañana pudiésemos adquirirlo en la misma tienda pero sin pagar nada. ¿Por qué? porque el supermercado X quiere tener este gesto de bondad con nosotros durante un tiempo indeterminado y regalarnos este producto. Así de sencillo. Pero ¿y si resulta que tú te conviertes en el producto?

En el sector educativo, especialmente en el entorno universitario, existe un cierto desconcierto y escepticismo ante lo que representan los MOOC hoy día (el equivalente al paquete de patatas). No deja de resultar llamativo que universidades como Stanford, Harvard, etc. que tradicionalmente han estado reservadas a una élite intelectual y económica, ahora ofrezcan uno de sus “servicios” de manera gratuita.

Cómo se financian los MOOCs

Ya sea como un gesto de exaltación de la cultura o como una operación de marketing, lo cierto es que estos cursos gratuitos están siendo financiados por dichas universidades y no sabemos hasta cuando continuará siendo así. Algunos apuntan que muchos MOOC podrían empezar a ser de pago en un futuro próximo. También vemos que algunas universidades aplican un modelo de negocio freemium, es decir, ofrecen el contenido gratis pero para acceder a la evaluación y obtención del diploma del curso es preciso abonar unas tasas.

Por otro lado se abre una nueva vía de ingresos a partir de determinados servicios que tienen que ver con las bases de datos. Las mismas bases de datos que vamos alimentando con nuestra información personal cuando nos damos de alta en el sistema y con los resultados que vamos obteniendo durante el curso (ya comentaba en otro post la importancia que van cobrando las analíticas de aprendizaje y el big data). Pero hay más. Por ejemplo, algunas plataformas como Udacity tienen ya un sistema mediante el cual las empresas que quieren seleccionar a personas con determinados perfiles profesionales pueden consultar el expediente académico de los estudiantes enrolados en sus cursos. Si finalmente se produce la contratación del candidato, la empresa abona unas tasas a Udacity.

No olvidemos tampoco la venta cruzada, es decir, cuando entramos en el supermercado X gracias al reclamo de las patatas gratis es muy posible que visualicemos otros productos de las estanterías y puede que adquiramos alguno. De hecho, uno de los impactos que logran causar los MOOC es dar visibilidad a la institución educativa que lo avala y al profesor o profesores que participan directamente en él. Por tanto, estos cursos gratuitos son una forma de darse a conocer en términos de calidad educativa, medios técnicos, profesorado, etc. Y no me quiero dejar atrás otro aspecto de enorme importancia como es la posibilidad de crear comunidad en torno a tu marca, lo que ya representa un objetivo estratégico en si mismo. En fin, parece que tras la gratuidad de estos cursos hay un sin fin de matices que habrá que seguir investigando, ¿no crees? 😉

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