Seguro que la has visto citada hasta la saciedad. Haz una simple búsqueda en Google con los términos “pirámide del aprendizaje” y verás que el número de resultados es enorme. Numerosas webs dedicadas a la educación, y con especial insistencia en aquellas dedicadas a la formación e-learning, utilizan esta pirámide para explicar cómo aprendemos y acto seguido, justificar su planteamiento metodológico. ¿Te suena eso del “learning by doing” o “aprender haciendo”?

Lo que viene a decirnos esta pirámide es que nuestro aprendizaje es mayor cuando nos involucramos activamente y combinamos distintos canales a la hora de procesar la información. Desde el punto de vista conceptual parece que esta afirmación tiene mucho sentido, y de hecho, la podríamos dar por válida, pero debemos tener cuidado con caer en un exceso de simplificación.

Todo debe hacerse lo más sencillo posible, pero no lo más simple. Albert Einstein

Hoy somos conscientes de que existen numerosas diferencias interindividuales en cuanto a las estrategias o preferencias a la hora de fijar nuevos aprendizajes por lo que hacer afirmaciones categóricas acerca de cómo aprendemos puede excluir a muchos individuos que no estén en el centro de la famosa campana de gauss.

El origen del mito de la pirámide del aprendizaje

Recientemente publiqué un post titulado “Cómo refutar mitos” del que quisiera recuperar un par de ideas:

  1. Una vez que recibimos desinformación, es muy difícil eliminar su influencia.
  2. La red de redes se ha convertido en un altavoz para muchos de estos mitos.

En el caso que nos ocupa, la pirámide del aprendizaje está basada en el cono de la experiencia, de Edgar Dale. Como verás en la imagen, esta gráfica originariamente era tan solo un planteamiento teórico que no iba acompañado de datos científicos ni de otro tipo.

Cono de la experiencia

Al parecer, en los años 60, un empleado de la Mobil Oil Company publicó una versión del cono de la experiencia añadiéndole porcentajes (la imagen que aparece más abajo). A partir de ese momento, esta pirámide cobra un peso específico en el sector educativo y muchos autores empiezan a citarla como si tratase de un estudio realizado sobre bases científicas. Se empieza a dar por sentado que aprendemos el 10% de lo que leemos, el 20% de lo que oímos, el 30% de lo que vemos y así sucesivamente. Aunque los porcentajes son poco menos que sospechosos para ser considerados como fruto de una investigación científica (10, 20, 30, 50, 70, 90), la difusión de esta gráfica hasta la actualidad termina siendo enorme.

Una posible explicación de que el mito haya sido ampliamente aceptado es que cuando una información es fácil de leer, fácil de entender y concisa tiene más probabilidades de ser aceptada como cierta. Y como verás, esta gráfica reúne todos los ingredientes.

pirámide del aprendizaje

Al margen de lo anecdótico de esta pirámide del aprendizaje, otros muchos mitos florecen porque no estamos habituados a cuestionar lo que leemos. En multitud de investigaciones que presumen de ser científicas, la propia metodología y pruebas utilizadas no proporcionan suficiente validez a los datos. Pero claro, cuando leemos una investigación ¿quién de nosotros se detiene a analizar si el procedimiento de selección de los individuos de la muestra fue realmente aleatorio, si las herramientas estaban debidamente parametrizadas, si la administración de las pruebas siguió algún protocolo, etc.? Me temo que muy pocos. La mayoría leemos el resumen, y con suerte, los resultados, pero aquí nos encontramos con más arenas movedizas, la interpretación de los datos que hacen los autores del paper (¿acaso los investigadores no poseen sus propios sesgos?). Por otro lado encontramos experimentos que se realizan en entornos de laboratorio con condiciones estrictamente controladas pero ¿son situaciones extrapolables al mundo real?

El coste de oportunidad en la educación

Recuerdo a un profesor de literatura que me decía “Preocúpate por leer solo buenos libros. El tiempo es un recurso que se nos agota y sería una lástima malgastarlo en literatura barata” (por aquellos entonces no existía Cincuenta sombras de Grey pero intuyo que se refería a algo por el estilo). Volviendo a la educación, el tiempo también es un recurso limitado en el que si damos pábulo a ideas carentes de fundamento o si simplemente nos dejamos llevar por cierto esnobismo profesional, estaremos perdiendo ocasiones para propiciar un verdadero aprendizaje.

Tengo la impresión de que los profesionales de la educación estamos cada vez más concienciados de la necesidad de fomentar el pensamiento crítico en el alumnado. Sin duda alguna se trata de una competencia imprescindible en la actualidad para no acabar desorientados entre tanta infoxicación. Pero ese mismo pensamiento crítico debemos aplicarlo primero en nuestra propia praxis, ya que a menudo nuestras actuaciones están impulsadas por algunos mitos e ideas carentes de fundamento.

Referencias:

  • Lalley, J. and Miller, R. (2007) The Learning Pyramid: Does It Point Teachers in the Right Direction? Education, 128 (1), 64-79
  • Thalheimer, W. (2006) People remember 10%, 20%…Oh Really?

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