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En los últimos tiempos ha sonado con bastante insistencia el término blended-learning, algo que no debe extrañarnos después del crecimiento que experimenta el sector del e-learning en todos los escenarios en los que se ha venido implantando. No obstante, este último, como nave nodriza de las promesas y augurios de la formación en pleno siglo XXI, ha resultado ser una alternativa de enorme potencial pero no carente de ciertas limitaciones.

Blended learning

El extenso panorama de la formación e-learning ha arrojado resultados encontrados en algunos casos. Es fácil comprobar como han sido muchas las empresas e instituciones que han apostado en estos últimos años por el e-learning considerando que era capaz de ofrecer, por si misma, una formación de calidad, unicamente por el mero hecho de añadir el elemento tecnológico al proceso formativo. De hecho, es tan amplia la oferta de cursos existentes en la actualidad que la característica del sector pasa por la enorme divergencia en cuanto a herramientas ofrecidas, servicios de tutorización empleados, estrategias utilizadas para el diseño de los contenidos, etc. Por todo ello, a menudo la impresión generada por el sector ha sido y sigue siendo de cierta falta de rigor, lo que ha contribuido a que potenciales usuarios de este modelo se replanteasen su decisión. Además, a todo ello se une una circunstancia, no menos importante, que se concreta en que aún en nuestros días, una parte importante de la sociedad sigue anquilosada en la época de la pizarra, lo que constituye toda una barrera psicológica que no podemos ignorar.

En este contexto, no resulta difícil defender el modelo blended learning, como un paso intermedio entre lo presencial y lo virtual. Ciertamente, la transición de un modelo a otro exige un esfuerzo por parte de la población para integrar en sus esquemas mentales nuevas formas de relación a través de las posibilidades que ofrece la Red. En este sentido, los resultados que se han obtenido en algunas experiencias con esta formación mixta han sido bastante satisfactorios. Esto viene explicado por mantener un entorno conocido como es el aula y aportar, además, un valor añadido a través del empleo de las nuevas tecnologías o viceversa. No obstante, algunos planteamientos equivocados en la implantación del modelo blended puede dar al traste con cualquier expectativa de éxito.

La realidad que observamos en algunos cursos, mal denominados “blended”, es intercalar en cursos de e-learning una serie de sesiones presenciales que no persiguen objetivos claros y de alcance suficiente como para ser considerado una parte valiosa en la formación. Así pues, aquello que la lógica y la razón aconsejan, es decir, que la distribución de horas entre la parte presencial y la parte a distancia venga determinada por la naturaleza de los contenidos y por el perfil de los alumnos, en la práctica real frecuentemente no se lleva a cabo. Muy al contrario, resulta habitual encontrar soluciones blended-learning con un carácter estándar en cuanto a la programación didáctica y temporal (se caracterizan por combinar una sesión inicial, otra intermedia, y una final), lo que nos hace pensar en el escaso valor que se sigue prestando hoy en día a la planificación de la formación.

Por todo ello, una de las cuestiones a resolver en el modelo blended-learning consiste en identificar con claridad qué se pretende conseguir con las sesiones presenciales. En este sentido, podemos hacer referencia a algunos objetivos que cobran diferente importancia según el momento en el que tenga lugar la sesión presencial o las circunstancias especiales que presente dicho curso. Algunos objetivos que de manera general suelen plantearse son los siguientes:

  • Presentar objetivos de la acción formativa, explicar la metodología, sistema de evaluación y entorno virtual que se va a emplear.
  • Resolver dudas (técnicas, acerca de la plataforma, referidas al contenido, etc.).
  • Aportar contenidos adicionales a los mostrados en la plataforma.

Además de los anteriores, existen otros que también destacan por su importancia. Por ejemplo, una de las limitaciones que siempre se alude en e-learning es la frialdad del medio empleado, Internet, y la separación o falta de contacto entre tutores y alumnos. Pues bien, el modelo blended ofrece la posibilidad, a través de las sesiones presenciales, de crear lazos y vínculos entre todos los agentes implicados en la formación, sentando las bases para que puedan producirse auténticas redes de colaboración entre los participantes. En relación con esto, la labor de dinamización de estas sesiones posee una gran importancia y repercusión para el desarrollo posterior del curso, lo que representa un reto para el formador.

Por su parte, otra de las limitaciones que a menudo se comentan en clara referencia al e-learning es la dificultad para constatar la identidad del alumno. Así pues, si el proceso de evaluación puede llegar a ser completo y fiable en lo que respecta al diseño de las pruebas empleadas, no puede afirmarse lo mismo cuando se trata de asegurar que el alumno es quien dice ser. En este sentido, nuevamente el modelo blended learning ofrece la posibilidad de contrastar los resultados obtenidos en la parte a distancia con los datos que pueden extraerse del alumno durante las sesiones presenciales.

En cualquier caso, si se plantea emplear una metodología presencial, virtual o semipresencial, solo verá asegurada la calidad de su formación si hace un planteamiento pedagógico adecuado, utiliza los medios apropiados y el tutor posee habilidad para motivar al participante y acompañarlo en su proceso de aprendizaje.

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