origen calificaciones académicas

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William Farish (1759–1837) fue el inventor del primer sistema de grados o calificaciones académicas. Este profesor de la Universidad de Cambridge (Inglaterra, 1792) se marcó como objetivo diseñar un método de trabajo que le permitiese evaluar y clasificar los trabajos de sus alumnos. En un momento histórico en el que la Revolución Industrial empezaba a dejar su impronta en muchos sectores, los objetivos que perseguía este profesor eran aumentar su tamaño de la clase (vinculado directamente a sus ingresos) y disminuir la necesidad de una atención personalizada sobre cada estudiante.

En esta época los ingresos de los trabajadores empezaban a fluctuar dependiendo del volumen de trabajo que pudiesen asumir. En el ámbito de la educación muchas escuelas comenzaron a pagar a los profesores en base al número de estudiantes que tenían, en lugar de un salario fijo. Para docentes como Farish conocer a sus alumnos en detalle podría suponer un gasto excesivo de tiempo. Interactuar con cada niño diariamente, prestar atención a sus necesidades, a sus estilos de aprendizaje, etc. significaba poner un límite al número de estudiantes que podía atender, y por tanto, un techo de ingresos. Pero con el nuevo modelo propuesto ya no era necesario indagar en la mente de sus alumnos para saber si habían entendido un tema: el sistema de calificaciones lo haría por él. Y lo haría con la misma eficiencia independientemente del número de alumnos que tuviese en clase.

Clasificación por grados

En definitiva, lo que Farish creó fue un método de enseñanza basado en “grados” que le permitía procesar a más estudiantes en un corto periodo de tiempo. Con esta “innovación”, lejos de lograr estimular el proceso de aprendizaje de los alumnos lo que consiguió fue hacerles pivotar hacia un plano cognitivo mucho más superficial. Este sistema de calificaciones obligaba a los niños a memorizar por repetición sólo los detalles necesarios para superar las pruebas sin tener en cuenta a la verdadera comprensión de la materia (esto nos suena de algo, ¿verdad?).

El efecto normativo de los grados fue premiar a los alumnos que se encuentran en el “estándar” y cercenar las inquietudes o capacidades del que se sale de la norma (esto también nos debe sonar bastante). Recordemos que a través de la enseñanza formal se buscaba formar a individuos fácilmente reemplazables. La manera de conseguirlo era eliminando las diferencias propias entre individuos. Como podemos intuir, en este modelo educativo la responsabilidad recae plenamente en el alumno ya que si no se adapta es porque tiene algún tipo de trastorno. A partir de este momento se produce otro fenómeno que llega hasta nuestros días, la tendencia a emitir “diagnósticos” (la psiquiatrización de la sociedad es tema para otro post).