Muchos profesionales de la formación nos planteamos de manera reiterada preguntas acerca del futuro que nos depara la educación en los próximos años, de las tecnologías que se usarán, de las herramientas que tendrán un mayor impacto, de cuál es la mejor forma de evaluar, con qué aproximación metodológica, etc. Cuestiones todas ellas que no tienen una fácil respuesta sobre todo porque bajo el término formación se esconden distintas realidades. Permíteme que me apoye en un símil ecuestre para aclarar esta afirmación. Cuando hablamos de caballos todos tenemos una representación mental del animal pero somos conscientes de que hay muchas variantes. Desde el caballo percherón que se usa en las labores propias del campo, hasta caballos de carreras, pasando por otros animales que se usan únicamente para pasear. Su diferente morfología los hace aconsejables para unas tareas y no para otras. Incluso hay animales con un carácter más nervioso frente a otros que son tranquilos y dóciles. Y si hablamos de pelaje, los podemos encontrar en una gran variedad de colores. Coincidiremos por tanto en que a cada jinete y a cada actividad le funciona un tipo de caballo distinto.
La diversidad de situaciones y necesidades que presentan los alumnos plantea constantemente nuevos retos al sector de la educación. En este sentido, las nuevas tecnologías han permitido diversificar de manera evidente los planteamientos pedagógicos y las herramientas educativas. El resultado es que ante un mismo objetivo (facilitar el aprendizaje de los alumnos), los caminos que pueden recorrerse son distintos. Veamos algunos de los factores que pueden incidir:
Por otro lado, hay quienes podrían echar en falta un cuarto factor, los estilos de aprendizaje. Por ejemplo, autores como Peter Honey y Alan Mumford defienden la existencia de cuatro estilos (activista, reflexivo, pragmático y teórico). Los defensores de esta corriente afirman que cada persona tiene una particular forma de resolver el conflicto cognitivo. No obstante, conviene aclarar que los estilos de aprendizaje no existen. Por esta razón, los formadores debemos centrarnos en pensar cómo presentar el material dependiendo del contenido y no en el estilo de aprendizaje de los alumnos..
En resumen, que en este afán del ser humano por simplificar las cosas, a menudo en el sector de la formación tendemos a ignorar una serie de matices que son los que en última instancia dan o quitan sentido a una determinada propuesta formativa. Por tanto, prestemos atención a los detalles 😉
En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación. José Gorostiza (1901-1973)
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Me ha parecido muy interesante tu reflexión Javier. Gracias por compartir.
Gracias a ti por el comentario, Rafael.