7 neuromitos que intoxican la educación

En las últimas décadas, el interés por el cerebro ha ido creciendo y con él algunos neuromitos se han propagado como la espuma. El sector educativo se ha hecho eco de algunos de estos neuromitos y a menudo se recurre a ellos para justificar determinados métodos de aprendizaje que son ineficaces o bien no están suficientemente probados. Por esa razón insisto en una idea que ya compartía en el post que dediqué a la famosa pirámide del aprendizaje:

No debemos perder el tiempo en planteamientos que no están demostrados.

Uno de los neuromitos habituales que encontramos en la educación es el que se refiere a los estilos de aprendizaje, es decir, que cada niño aprende mejor cuando el método educativo se ajusta a su estilo preferido. La realidad es que desde un punto de vista neurocientífico no existen evidencias de que tales estilos existan. De hecho, el cerebro funciona como un todo, en el que todas partes se comunican entre sí y por tanto, no hay una zona puramente visual, auditiva, etc.

En un reciente artículo publicado por Howard-Jones en Nature Reviews Neuroscience el autor habla sobre éste y otros neuromitos. De hecho, cita una investigación en la que tanto él como otros investigadores analizaban la prevalencia de estos mitos entre el profesorado. He traducido la tabla porque no tiene desperdicio.

Cómo se puede observar, hay tres neuromitos que ganan por goleada. El de los estilos de aprendizaje es el campeón. Curiosamente, hay muchas investigaciones que aportan pruebas en contra de la creencia acerca de los estilos de aprendizaje (véase, por ejemplo Coffield et al, 2004Kirschner y Van Merriënboer, 2013; Pashler et al, 2008).

El segundo mito es el que hace referencia a las diferencias en la dominancia de los hemisferios cerebrales (izquierdo o derecho) como explicación a las diferencias de aprendizaje de los estudiantes. En tercer lugar, encontramos la creencia de que sesiones cortas de ejercicios de coordinación pueden mejorar la integración de los hemisferios cerebrales.

En definitiva, éstas y otras creencias acerca del cerebro están en el terreno de juego de la educación y a menudo son utilizadas como base científica para defender determinados planteamientos educativos que aún no han demostrado ser mejores sino simplemente más novedosos.

Neuromitos al descubierto

Personalmente soy el primero en defender la necesidad de emprender reformas educativas para adecuar tanto contenidos como metodología a la realidad social. No obstante, con la misma rotundidad apelo a la prudencia y a no caer en un esnobismo absurdo. Si nos referimos a la educación, los experimentos mejor hacerlos con gaseosa. Por lo pronto nos iría mejor si empezásemos a desenmascarar algunos de los neuromitos que nos acechan en la actualidad. Para ello, cómo ya señalé en el post «Cómo refutar mitos«:

Refutar desinformación involucra tratar con procesos cognitivos complejos. Para transmitir conocimiento exitosamente, hace falta entender cómo las personas procesan información, como modifican su conocimiento previo y cómo sus cosmovisiones afectan su habilidad para pensar racionalmente. No sólo importa qué piensan las personas, sino también cómo lo hacen.

En justo reconocer que la investigación del cerebro aún está en pañales pero no es menos cierto que en los próximos años nos aportará datos interesantes que nos ayudarán a comprender mejor su funcionamiento. El área de aprendizaje es sin lugar a dudas uno de los campos que más puede beneficiarse de estos hallazgos pero quizá ese mismo interés por parte de profesores y educadores acerca de estos temas hace que, a veces, se saquen conclusiones prematuras. Un ejemplo de ello lo encontramos en la justificación que se hace de la gamificación, tema al que yo mismo he dedicado algún artículo. Desde hace tiempo sabemos que las experiencias gratificantes estimulan la producción de dopamina y generan a su vez sentimientos positivos. Esto nos puede hacer pensar que «si empleamos la gamificación como estrategia para proporcionar experiencias gratificantes al alumno, estaremos aumentando la secreción de dopamina, y por tanto, su engagement». Y he aquí la trampa. Sus efectos sobre la motivación del alumno es muy cortoplacista por lo que debemos ser precavidos con este tipo de afirmaciones tan «alegres» (conviene recordar que la motivación intrínseca sigue siendo el auténtico motor del aprendizaje).

En resumen, el sector educativo está ávido de reformas y de nuevos modelos pedagógicos y muchos profesionales defendemos la necesidad de realizar cambios. No obstante, a veces esta misma inquietud nos lleva a transitar por arenas movedizas. El riesgo de quedar atrapados incorporando falsas creencias a nuestra práctica docente es una realidad a la que debemos enfrentarnos. Por tanto, para desterrar estos neuromitos, al menos, deberíamos recurrir a la reflexión crítica y al rigor científico.

«Ninguna cantidad de creencia hace que algo sea un hecho». James Randi

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Javier Díaz

Psicólogo / Humanista digital. Ayudo a personas, empresas y organizaciones en sus procesos de cambio y transformación.

Ver comentarios

  • Buenos días,
    aunque veo que este post es antiguo, lo leo por primera vez hoy, octubre 2021.
    Me parece tremendamente peligroso afirmar que son "NEUROMITOS" aspectos como:
    LOS ESTILOS DE APRENDIZAJE
    HEMISFERIOS DOMINANTES
    LA INFLUENCIA DE LA ALIMENTACIÓN EN LA ATENCIÓN
    El hecho de que unos cuantos profesores estén o no de acuerdo, no justifica nada
    La poca bibliografía aportada no es nada en comparación con todas las INVESTICIONES CIENTÍFICAS EXTENSAMENTE PROBADAS Y UTIIZADAS POR LOS PROFESIONAES DE LA EDUCACION.
    Comparto la necesidad de que la educación esté en permanente revisión pero, entiendo que en este artículo se echan por tierra investigaciones de años y pone en peligro las teorías contrastadas y utilizadas con éxito de miles de investigadores.

    Algunas afirmaciones puede llevar al equívoco:
    ¿Qué no están suficientemente probados?
    ¿Qué los experimentos mejor hacerlos con gaseosa?

    Como persona que lleva toda la vida dedicada a la formación y al conocimiento de los procesos de aprendizaje, me llama mucho la atención este artículo. No entiendo la palabra NEUROMITO en estos casos

    con todo mi respeto
    un saludo
    Pilar

    • Hola Ana, todos los neuromitos son perjudiciales en tanto en cuanto nos hagan adoptar estrategias en base a un conocimiento no validado. Apoyar la práctica educativa en datos que no sean comprobables o contrastables científicamente conlleva un riesgo inherente. A veces, ese riesgo del que te hablo es algo tan básico como hacer perder el tiempo a la gente con cosas que no aportan nada (ni al docente ni al alumnado).

  • Javier, ¿podrías compartir algún link con investigaciones que evidencien justificación para afirmar que los neuromitos más incorporados son, justamente, mitos? Al menos de los dos que siguen en cantidad de votos al de los "Estilos de aprendizaje".
    Desde ya, gracias.

    • Hola Horacio, te paso algunas referencias donde puedes ampliar información acerca de los neuromitos en la educación. Espero que te sirvan.
      - Dekker, S., Lee, N. C., Howard-Jones, P. A., & Jolles, J. (2012). Neuromyths in education: Prevalence and predictors of misconceptions among teachers. Frontiers in Psychology, 3, 429. doi: 10.3389/fpsyg.2012.00429
      - Kirschner, P. A., & van Merriënboer, J. J. G. (2013). Do learners really know best? Urban legends in Education. Educational Psychologist, 48(3), 1-15.
      - Organisation for Economic Co-operation and Development. (2002). Understanding the Brain: Towards a New Learning Science. Paris: OECD.

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Javier Díaz

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