Hace unos días leía un artículo en el que se estimaba que la cantidad de información a nivel mundial se dobla cada 18 meses y los archivos corporativos cada 3-5 años. Las cifras son apabullantes y nos dejan entrever algunas cuestiones que comparto contigo.

sobrecarga cognitivaCrecimiento exponencial

Las nuevas tecnologías han precipitado que la información crezca de manera exponencial.Las consecuencias de este crecimiento exponencial han fascinado a los pueblos durante siglos. De hecho, hay una antigua leyenda persa sobre un cortesano que ofrendó a su rey un tablero de ajedrez y solicitó a su señor que le diera a cambio un grano de arroz por el primer cuadrado, dos granos por el segundo, cuatro por el tercero, y así sucesivamente (la cantidad de grano de cada casilla debía duplicar a la anterior). El rey aceptó en seguida y ordenó que el arroz fuese traído desde sus silos pero cuando encargó al matemático de palacio que hiciese el cálculo de lo que debía entregar al cortesano se dio cuenta de que no habría suficiente arroz en el mundo para cumplir lo prometido. Pues bien, volviendo a lo que nos ocupa, diariamente se genera en la web más información que aquella que una persona podría asimilar durante toda una vida.

Nuevo paradigma: la colaboración y la creación de nuevo contenido

Una parte importante de la sociedad va tomando conciencia de lo que algunos llaman “espíritu colaborativo”.

Este nuevo paradigma es el sustento vital para la web 2.0 y ha trasformado a la red en una masa informe y viscosa que a medida que va devorando personas, va aumentando su tamaño (bien valdría el paralelismo con la película “The Blob”, 1958).

Información que no conocimiento

Tal cantidad de información nos obliga, en primer lugar, a saber gestionar adecuadamente tales contenidos (buscadores, folksonomías, etc.) y, en segundo lugar, exige un esfuerzo individual por analizar con carácter crítico aquello que leemos. Paradójicamente, “tenemos la tendencia a ser crédulos, a creer que los demás nos dicen la verdad, ya que la educación, la religión y los valores sociales nos incitan a decir siempre la verdad» (os dejo el enlace a un interesante libro sobre «La psicología de la mentira«).

Parece que los esfuerzos por gestionar el volumen de información que existe en la web, se traducirán en la llamada web semántica, pero a pesar de ello el factor humano seguirá siendo necesario en el momento de manejar estos contenidos, a la hora de creer o no creer lo que en ellos se plasma, a la hora de asimilar o desechar aquello que pase por nuestras pantallas, a la hora de decidir si debemos compartir, recomendar o publicar una determinada información en nuestros perfiles en la Red (Twitter, Facebook, blogs, etc.). En este sentido me planteo si realmente nuestro sistema educativo es capaz de desarrollar estas habilidades y actitudes tan necesarias para afrontar la sobrecarga cognitiva en la que estamos inmersos.

Conclusión

Citando a Borges “el libro es la extensión de la memoria y de la imaginación, igual que los demás instrumentos creados por el hombre lo son del cuerpo (el microscopio de la vista, el arado del brazo)”. Siguiendo con esta afirmación, la Web debería ser una prolongación de nuestras capacidades cognitivas y conformar un macrosistema al servicio de nuestro intelecto, pero insisto nuevamente ¿observamos en los diferentes contextos educativos una inclinación a desarrollar la capacidad analítica, o por el contrario, solo conductas propias de fagocitar todo aquello que tenga su manifestación en los medios? Retomando la antigua leyenda persa cabe preguntarse si somos capaces de identificar la cantidad de arroz que necesitamos ingerir diariamente, si algunos ya padecemos indigestión crónica o bien si una parte de la sociedad está condenada a morir de inanición cultural.