El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión. Edmund Burke

La privacidad es una de las grandes falacias de Internet. Los algoritmos nos conocen mejor que nuestros amigos y en algunos casos mejor que nuestra propia familia. Los sistemas de inteligencia artificial pueden llegar incluso a predecir cuándo vas a morir. Lo cierto es que en el ámbito digital el “yo público” (aquello que mostramos a los demás) y el “yo privado o íntimo” (aquello que ocultamos consciente o inconscientemente) se funden en un único espacio. Da igual que intentemos manipular descaradamente el contenido de lo que publicamos en nuestro muro de Facebook porque ‘Decir la verdad ha quedado desfasado y no genera ‘likes’.

Huellas digitales

Cómo demuestra este estudio realizado en la universidad de Cambridge, nuestras huellas digitales como los ‘Likes’, las actualizaciones de estado, las fotos que subimos, las búsquedas que realizamos, los sitios web que visitamos, etc. pueden revelar en gran medida el perfil psicológico de un usuario. En dicho estudio se apunta incluso la posibilidad de conocer si una persona consume drogas ilegales, los hábitos de consumo de alcohol e incluso el estado de sus relaciones familiares o de pareja solo basándose en los Likes.

Esta actividad digital es un terreno abonado para que empresas, gobiernos o incluso particulares con algún tipo de motivación, puedan emplear software para extraer e inferir información de nosotros. Por eso decimos que los datos son el petróleo del siglo XXI. No es nada nuevo que la información es poder y existen grandes bolsas de “petróleo digital” por explotar.

Ni bueno ni malo sino todo lo contrario

La visión optimista o pesimista de esta nueva realidad sociotecnológica es la conclusión a la que tendrá que llegar cada cual después de reflexionar sobre este y otros temas. ¿Nuestro mundo es mejor ahora gracias a la tecnología? ¿Nos ha cambiado como especie o simplemente ha sacado a relucir cosas de nuestra naturaleza humana que estaban ocultas? ¿Cuánto vale nuestra privacidad? ¿Debemos renunciar a ella? Por ejemplo, en relación a este último tema, parece que renunciar a parte de nuestra privacidad nos trae como ventaja la posibilidad de disfrutar de unos contenidos digitales más significativos para nosotros basándose en la personalización de los mismos.

No debemos perder de vista que cada día se genera en la Red la  una cantidad ingente de información. Internet sería un camino de cabras si no fuese por los algoritmos que permiten filtrar y clasificar esta información.

En cualquier caso, ahora más que nunca debemos exigir unas garantías en el uso que se hace de nuestros datos porque es evidente que existe un amplio espectro de intereses para intentar conocer al usuario. Ya sea para intentar influir en nuestras decisiones de compra, en nuestra posición ideológica, en la intención electoral, etc. los sistemas de inteligencia artificial están ofreciendo un abanico de posibilidades casi inimaginables hace solo un par de décadas.

La tecnología siempre irá un paso por delante

Cómo se utilicen y se integren nuestros datos en estos sistemas de inteligencia artificial dependerá de nosotros. Lo que está claro es que la globalización que nos ha traído la era de la hiperconectividad requiere de una regulación a escala global. En este sentido, aprovecho para comentar que en Europa, por ejemplo, tenemos el Reglamento General de Protección de Datos (entró en vigor en 2016). Por su parte, esta normativa europea se ha concretado en España con la reciente entrada en vigor de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD).

En resumidas cuentas, lo que pretende esta regulación es terminar con la opacidad y arbitrariedad con que las empresas utilizan nuestra información.  No obstante, y aunque la situación ahora sea mejor que hace un par de años, mucho me temo que la solución a nuestros males aun está lejos de alcanzarse.

La tecnología siempre irá unos pasos por delante y aun siguen quedando grietas en el sistema. Una de las más importantes, bajo mi punto de vista, es concienciar al usuario en la importancia de preservar sus datos personales y que adopte hábitos digitales saludables en favor de su privacidad.

Vendes tu alma al diablo

Si piensas que es una exageración mira esta noticia.  Pero detrás de lo cómico del titular se esconde una dura realidad: la facilidad con la que cedemos nuestros datos. Ya sabemos que las dos principales mentiras de Internet son “Sí, soy mayor de edad” y “He leído y estoy de acuerdo con las condiciones del servicio”.

La mayoría de las personas leen a unas 200 palabras por minuto. Un acuerdo medio de condiciones de uso contiene casi 12.000 palabras. Esto quiere decir que serían necesarios unos 60 minutos de media para leer las condiciones antes de aceptarlas. Sonha Ijainen

Pero insisto nuevamente en lo que comentaba antes acerca de las huellas digitales. Con independencia de las cláusulas de servicio que aceptemos en los distintos negocios digitales, la mayor parte de los usuarios van diseminando con una candidez asombrosa una gran cantidad de información personal. ¿Por qué lo hacemos? Todos los años planteo la misma pregunta a mis alumnos y la respuesta viene a ser la misma: «porque todo el mundo lo hace». No es difícil de entender esta respuesta si pensamos que en cómo nos afecta el grupo. Al fin y a la poste, como puedes comprobar en este video «hacer lo que hace el vecino» es una tendencia que tenemos marcada a fuego en nuestra conducta social.

En este interesante hilo de Twitter puedes ver cómo se desgrana la información de una persona a partir de su actividad en dicha red social.

El futuro NO es privado

Comenzaba el post poniendo de ejemplo a Facebook porque es la red social por excelencia y porque precisamente hace unas horas Mark Zukerber afirmaba en su evento anual que “La privacidad es el futuro”. Ya, claro que sí Mark 😀 No deja de ser paradójico que sea el creador de Facebook quien haga esta afirmación.

Después de reiterados escándalos como Cambridge Analítica o las continuas noticias que ponen en evidencia la gestión de nuestros datos por parte de Facebook, este titular más bien parece un intento de lavado de cara a la compañía.

 

Al margen de esta y otras redes sociales, me temo que las implicaciones de la privacidad van mucho más allá de estos entornos. Cada herramienta que incorporamos en nuestro nomadismo digital, cada dispositivo que usamos, cada interacción que realizamos, etc. nos exponen un poco más. Y ya sabemos, o deberíamos saber, que Internet no olvida.

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