La gente necesita soluciones, no frases bonitas

Antes de que leas el post, mira la historia que te cuento en este vídeo.

La gente no necesita charlas motivacionales basadas en la psicología de la excitación pasajera. No buscan parches que maquillen su situación. La gente quiere sustancia y soluciones concretas a problema crónicos que van arrastrando. Necesitan resultados y da igual si éstos son a largo plazo.

Afortunadamente, cada vez hay más personas desengañadas de la burbuja de los charlatanes del “si quieres, puedes”, del “puedes ser lo que te propongas” y de los manuales de autoayuda, por una sencilla razón: no funcionan. Aun así, el bombardeo continuo de consejos al que estamos expuestos resulta abrumador. Lo gracioso es que “comprar” los consejos de otro es como pagar un gimnasio para luego no ir. Es cómo leer una frase de Paulo Coehlo o Jorge Bucay y compartirla impulsivamente en tu muro de Facebook. Solo te servirá dar mandar un guiño a tus amigos intentando mostrar lo profundo y sensible que eres. Lo gracioso es que para bien o para mal, tus amigos, si es que realmente lo son, ya te conocen y saben de sobra cómo eres (no es menos cierto que el concepto de amistad se ha estirado mucho gracias a Facebook). En cualquier caso, a pesar de ese autoengaño en el que intentamos involucrar a los demás, sabes que una reflexión, un pensamiento, una frase o un consejo, provenga de quien provenga, no te van a hacer cambiar. La razón es bien sencilla. Nuestro modelo mental (el que usamos para explicarnos el mundo y el comportamiento de los demás) actúa como un piloto automático. Cualquier cambio en nuestra particular configuración mental requiere tiempo y esfuerzo y somos poco dados a invertir tanto en lo uno como en lo otro.

La industria de la autoayuda

Estamos hablando de mucho, muchísimo dinero. Si no me crees ve a cualquier librería y verás que la sección de autoayuda tiene un amplio número de autores. Si enciendes la televisión y buscas por Internet, verás que tampoco faltan candidatos a convertirse en el gurú del año. ¿Por qué recurre la gente a la industria de la autoayuda? Algunos llegan con la esperanza de perder peso, otros esperan encontrar un nuevo socio o una nueva pareja, otros pretenden dar un giro profesional a su carrera, etc. El problema es que otras muchas personas acuden a estos materiales de autoayuda porque padecen problemas mucho más graves y desde luego, este no es el camino. Por ejemplo, Louise Hay, una de las pioneras y probablemente la más famosa entre los escritores de textos de autoayuda, asegura haberse curado a sí misma de cáncer a través del pensamiento positivo y otras técnicas de autoayuda. Obviamente tras esta afirmación dice que otros también pueden hacerlo. Su libro de memorias, “Usted puede sanar su vida”, ha vendido más de 35 millones de copias, haciendo de ella una de los autoras más vendidas de todos los tiempos. Por tanto, el problema no viene de gastarse unos eurillos en un libro para tener una nueva visión del universo, sino de recurrir a estos materiales como si fuesen la tabla de salvación para males mayores.

Felicidad a toda costa

Cuando nos sentimos infelices, queremos creer que nuestra situación cambiará radicalmente, y de hecho, es muy probable que así sea. El problema es cuando buscamos la felicidad express porque con frecuencia caemos en el error de querer enterrar emociones “negativas” como la ira, el enfado, etc. pero ¿acaso estas emociones no pueden ayudarnos a rectificar errores y ser un impulso para el cambio?

Empecemos por lo básico. No existen emociones “positivas” o “negativas” como tal. El impacto perjudicial o beneficioso de toda emoción depende del contexto específico en el que tenga lugar y de la magnitud que adquiera. Deja que te ponga un ejemplo. Durante estos años he tenido ocasión de conocer a muchos emprendedores con una idea de negocio digna de echarse a llorar o a correr. A pesar de ello, aferrados a su optimismo y euforia lo que han conseguido es perder tiempo y dinero a partes iguales. Por tanto, cuidado con categorizar las emociones porque pueden llevarnos a un exceso de simplificación.

Desde mi modesto punto de vista creo que conviene huir de los mensajes fáciles y de los discursos pseudocientíficos que solo pretenden conquistarte por el oído y no por la razón. La felicidad y la infelicidad son estados pasajeros por lo que intentar echar el ancla en el puerto de la felicidad permanente, además de ser utópico, nos lleva a una falta de recursos para enfrentarnos a problemas consustanciales al hecho de vivir como padecer enfermedades, perder a seres queridos, etc. Claro que debemos hacer lo posible por tener un pensamiento positivo, pero aceptando todo el abanico de estados emocionales que podemos desplegar como seres humanos. Lo que critico es el pensamiento ingenuo y la visión infantiloide del mundo que algunos pretenden “vendernos”.

By | 2016-10-23T12:22:03+00:00 diciembre 14th, 2015|Categories: Psicología|Tags: , |

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Psicólogo / Humanista digital. Ayudo a empresas y organizaciones en sus procesos de cambio y transformación.

3 Comments

  1. María 8 junio, 2016 at 11:47 - Reply

    Gracias por poner negro sobre blanco lo que yo, humildemente, llamo la cultura del “Happy Flower” -sé que la expresión se utiliza bastante, pero a mi modo de ver, hay personas que han convertido una situación temporal en una forma de vida-.

    Llevo toda mi vida siendo mediocre: una persona normal, sin grandes capacidades ni cualidades específicas que me hagan destacar en algo por encima de los que me rodean. Estoy cansada de que todo se fundamente en la lucha, en la depredación, en la competición. Sólo UNO puede ser el ganador -va intrínseco en la definición-, por lo que el resto, los que no somos capaces de llegar a coger la manzana del árbol, somos perdedores. Tal pareciera que hay un complot mundial para obviar a esos perdedores, cuando resulta que somos la mayoría.

    ¿Por qué esa persecución a la desesperada de la felicidad permanente cuando, desde antiguo, se ha valorado siempre la bondad del término medio, el aurea mediocritas que llevaba a los griegos a aceptar que los extremos no son beneficiosos?

    Entre el sentimiento de culpa que la cultura judeo-cristiana y la cultura “Happy flower” debe existir una zona media. ¿Qué ocurre cuando, como citas, sientes rabia, enfado, necesidad de venganza? Verbalizarlo es realmente peligroso: la etiqueta de retorcida o mala persona se te queda pegada a la espalda.

    Hace un par de meses un psiquiatra me dijo que era “rígida” y “que no me conocía”. Me quedé noqueada. ¿Rígida? En psicología la rigidez se emplea para definir a las personas que no son capaces de aceptar que existen otras formas de pensar, que no escuchan, que no saben tolerar la frustración… Y me han recomendado que emplee métodos cognitivos-conductuales para afrontar mis problemas.

    Estar feliz a todas horas no es la solución -te doy toda la razón-. No se trata de ser un símil de Pessoa, pero la visión de que la vida perfecta se basa en una felicidad permanente es una de las cosas más destructivas que conozco. Me niego a entrar en el juego de la culpabilidad, del perdedor. Me niego. Cuando te ves rodeada de problemas y no sabes cómo afrontarlos -un cúmulo de situaciones que sumadas se convierten en un Everest personal-, te colocan la etiqueta del “Trastorno adaptativo” y bla, bla, bla…

    Resilencia, sí. Pero la resilencia no tiene el porqué ir acompañada de “mi padre se va a salvar”, cuando su pronóstico es mortal de necesidad. Resistir o morir… pero en esta puñetera sociedad, actualmente, debes de sonreír, sí o sí, porque si lloras, si permaneces en un silencio que intranquiliza a los otros, si desafías al resto con alguna muestra de introspección, les incomodas.

    Cuando estás mal una frase de frontal de frigorífico no te rescata. Te hunde más. No nos han enseñado a acompañar en el dolor, no sabemos escuchar, sin más. Estamos educados para no permanecer inactivos, para hacer, sea como sea. Y en la mayoría de las ocasiones sólo sería necesario que nuestro comportamiento fuese secundario, no proactivo. Acompañar y escuchar, sin hacer. La acción no siempre es la solución.

    Mediocre de aureas med

  2. Mario 11 febrero, 2016 at 12:44 - Reply

    Pero bueno … ¿Cómo escribes este post cuando todo tu blog está repleto de artículos tan profundos e intensos como el de “10 claves para emprender con éxito”? ¿Cuantas empresas has puesto tú en marcha como emprendedor para dar lecciones a los demás sobre las claves para emprender? ¿no te parece que tú mismo formas parte de este circo de vendedores de humo?
    Hay que ser un poco consecuente, hombre … criticar la burbuja cuando vives de ella no está bien…

    • Javier Díaz 11 febrero, 2016 at 16:04 - Reply

      Gracias por tomarte tiempo en compartir tu opinión, Mario. En relación al post que comentas debo reconocer que está algo desactualizado y habría que matizar algunas de las cosas que comento. De entrada quizá podría suavizar el lenguaje pomposo del título. Es cierto que alguien puede llevarse una impresión equivocada. Nadie puede asegurarte el éxito porque hay factores que no dependen de uno mismo.

      En cuanto a tu inquietud por conocer las empresas que he puesto en marcha, me encantaría poder decirte que varias y de éxito pero no es así. Emprendedor solo en dos proyectos y con resultados, de momento, más que dudosos. ¿Lecciones a otros emprendedores? Ni se me ocurriría. Lo que a unos les funciona, a otros no. En todo caso compartir algún consejo que otro en base a mi experiencia y que haga reflexionar a quien lo lea. ¿Vivir de la burbuja del emprendimiento? Nada más lejos de la realidad. Más bien hago lo que puedo por pincharla cuando se juega con la ingenuidad y la necesidad ajenas.

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