Todos estamos expuestos a numerosos mensajes persuasivos que pueden afectar a nuestro comportamiento. Afortunadamente existen formas de hacernos resistentes a dicha persuasión. La inoculación de actitudes es una de las técnicas que se emplea para lograr reducir su impacto y su funcionamiento es similar al de las vacunas.

De forma muy resumida podemos decir que la técnica consiste en plantear pequeños argumentos a la persona que deseamos inocular para que pueda rebatir dichos argumentos por si misma. De esta forma favorecemos que el individuo vaya consolidando ciertos argumentos y estrategias que le hagan inmune ante situaciones en las que esté más expuesto. Imagina, por ejemplo, a un adolescente que se enfrenta por primera vez a la persuasión de sus amigos para probar el tabaco bajo el pretexto de que “fumar mola y se liga más”. Si nunca antes tuvo que defenderse o contraargumentar ante dicha idea, es posible que sea más vulnerable a la influencia de sus amigos.

En mi opinión, la capacidad de contraargumentar también está muy relacionada con el pensamiento crítico, que es cada vez más importante para poder sobrevivir al bombardeo continuo de mensajes persuasivos que nos llegan a través de distintas fuentes.

El tema tiene bastantes matices de modo que si quieres ampliar información te recomiendo el artículo que publiqué hace unos días en rasgo latente: “El virus de la persuasión«. Además, mi último podcast también trata sobre el asunto así que puedes elegir el formato que más te apetezca 😉

Para terminar te dejo un enlace a un interesante estudio que trata sobre la inoculación de actitudes.