La inteligencia artificial (IA) es una realidad con la que convivimos a diario y que lo transforma todo a su paso. En este contexto, profesionales de todos los sectores se enfrentan a una misma pregunta: ¿me va a reemplazar la inteligencia artificial? La respuesta no es sencilla y está repleta de matices como verás a continuación pero lo que sí parece evidente es que el valor diferencial del ser humano ya no reside en ejecutar tareas, sino en aplicar criterio, reflexión, estrategia y pensamiento crítico en entornos cada vez más automatizados.
En este artículo no pretendo alimentar miedos ni desactivarlos sino darte una visión realista de la inteligencia artificial y plantear una reflexión práctica: cómo prepararse para convivir y colaborar con una tecnología que ya forma parte de nuestro día a día. Vamos a ello.
Impacto de la inteligencia artificial en el mercado de trabajo
Como ya habrás podido observar, la inteligencia artificial (IA) no es una moda pasajera, sino una tecnología que ha entrado con fuerza en nuestras vidas. El ámbito profesional está siendo uno de los más impactados, y todo apunta a que el mercado laboral irá mutando hasta el punto de reducir, progresivamente y de forma significativa, el volumen de la fuerza de trabajo. Bien es cierto que los últimos datos macroeconómicos sobre empleo siguen siendo positivos en muchas economías desarrolladas. Sin embargo, no parece probable que los efectos de la IA se manifiesten de forma repentina y disruptiva, como un tsunami, sino más bien como esa lluvia fina que acaba por calarte sin darte cuenta. De hecho, el Fondo Monetario Internacional apunta en esta misma dirección en su informe Gen-AI: Artificial Intelligence and the Future of Work (SDN/2024/001): serán cambios graduales, sí, pero implacables para quienes no logren adaptarse a tiempo.
Pero la gran pregunta para el común de los profesionales sigue siendo si la IA va a reemplazarnos. Para responder a esta cuestión con cierto rigor, en primer lugar es imprescindible definir un marco temporal. En mi modesta opinión, la respuesta más obvia es que a corto y medio plazo no será así. Salvo empleos muy concretos (repetitivos, automatizables y con escaso valor añadido), la mayoría de los trabajadores no perderá su empleo porque una IA lo haga mejor, sino porque otro profesional sepa usarla mejor que ellos, y por tanto, sean capaces de incrementar su productividad. Y medir la productividad de un trabajador será cada vez más sencillo (si no lo es ya).
Ahora bien, en un horizonte temporal más amplio, el ritmo de «destrucción» de empleo será más que evidente. Claro que se crearán nuevas oportunidades y claro que surgirán nuevas profesiones pero ¿crees que se crearán empleos en la misma proporción de aquellos que se destruyan? Cada profesional tendrá que valorar cómo le afecta este escenario en función de su contexto, su sector y de su capacidad de adaptación. El problema es que no sabemos a qué velocidad va a avanzar todo esto, y nadie puede asegurarnos, sin temor a equivocarse, cómo será el entorno laboral dentro de 10, 20 o 30 años. Y es que con el surgimiento de la IA estamos ante un terreno abonado para las hipótesis más inquietantes (algunas más cercanas a la ciencia ficción que a la evidencia).
Cada vez se habla más de la Inteligencia Artificial General —esa que igualaría e incluso superaría nuestras capacidades cognitivas— como el auténtico punto de inflexión. Pero lo cierto es que, de momento, lo que tenemos son modelos generativos muy avanzados (aunque aún lejos de pensar como lo haría un ser humano). Pero al margen de elucubraciones, lo que sí podemos constatar en la actualidad es que el mercado de trabajo se está restructurando. Están apareciendo nuevos roles, se van actualizando las funciones y tareas a realizar en los ya existentes y sobre todo se incorporan nuevas herramientas que cambian de manera drástica nuestra forma de trabajar.
En definitiva, en estos momentos no es previsible que la IA vaya a reemplazarte pero sí empieza a constatarse una brecha evidente entre quienes mantienen una actitud de aprendizaje y adaptación constante porque entienden el momento histórico que vivimos y quienes siguen acomodados en formas de hacer que ya no encajan.
La inteligencia artificial cambia nuestra forma de trabajar
Solo por hacer un repaso rápido (y superficial) los modelos generativos con los que convivimos a diario, podríamos resumir que sus principales aportes viene de ayudarnos a redactar textos, crear imágenes, responder correos de manera automatizada, ofrecer soporte al cliente mediante chatbots, resolver dudas de toda índole y hasta escribir código mejor que muchos humanos. Pero esto es solo la punta del iceberg ya que las implicaciones de la IA van mucho más allá de la simple automatización de tareas o de la ayuda «creativa» que nos ofrece en ciertas tareas, como ya comentaba en el post ¿Mejores que humanos? La tecnología y su impacto futuro.
Paulatinamente, el valor que aporta el ser humano frente a la máquina no estará en la ejecución de tareas, sino en su capacidad para aplicar criterio a la hora de enfrentarse a nuevos proyectos. De ahí que el pensamiento crítico al que aludía anteriormente cobre mayor importancia, justo en un momento histórico en el que esta habilidad parece ir menguando con el paso de los años. Y aquí es donde me planteo si la IA viene a reforzar esta tendencia o, por el contrario, si este cambio de ciclo acabará por colocar el pensamiento crítico en el centro de la cuestión.
Pues bien, asumiendo que puedo no estar en lo cierto, creo que el ser humano tiende a acomodarse con facilidad y, lejos de activar sus propias alertas cognitivas, podría dejarse llevar por las embaucadoras respuestas de la IA. Y esto entraña un peligro real: una respuesta locuaz y convincente no necesariamente es una respuesta veraz. Por ese motivo es esencial que los usuarios apliquen criterio para analizar, procesar e incorporar las respuestas de la IA a su flujo de trabajo.
En relación con lo anterior, resulta preocupante la cantidad de propuestas técnicas, ofertas comerciales, informes, artículos e incluso trabajos académicos que hoy día se están construyendo a golpe de copiar y pegar lo que sale de un generador de texto, sin la más mínima revisión, contexto, o reflexión. Y lo más preocupante es que muchos de estos trabajos, a pesar de su falta de profundidad o incluso con errores de base, pasan filtros, reciben valoraciones positivas o son tomadas como válidas solo porque “suenan bien”.
Como podrás imaginar, en este nuevo escenario, la falta de pensamiento crítico no solo afecta a quien produce, sino también a quien valida sin cuestionar. En definitiva, estamos empezando a confundir forma con fondo, fluidez con rigor y respuesta con solución. Y esa confusión puede tener consecuencias muy negativas: decisiones mal fundamentadas, propuestas irrelevantes que son aceptadas, etc. Así las cosas, el riesgo no es solo entregar un trabajo mediocre sino construir sobre una mentira bien redactada.
El miedo a la inteligencia artificial
El miedo es humano y convivimos con él a diario. Solo las personas con graves trastornos mentales no experimentan el miedo. En lo que sí nos diferenciamos de una persona a otra es en la narrativa o en la fuente de nuestros miedos. En el caso de la IA, lo que nos asusta no es solo la velocidad a la que lo está cambiando todo, sino la sensación de que no controlamos el rumbo de los acontecimientos. Muchos temen quedarse atrás, otros perder su trabajo, y otros directamente no saber por dónde empezar. Y ese miedo, si no se gestiona, nos paraliza.
Coincidiremos en que calibrar la base de realidad de estos miedos resulta complejo en un momento tan volátil por eso me gustaría compartir contigo una reflexión de Yuval Noah Harari en su libro Nexus.
Es una tecnología que ya puede tomar decisiones y generar ideas sin intervención humana. Y eso cambia todo. Porque cuando una tecnología ya no necesita instrucciones para actuar, deja de ser una extensión de tu mano. Se convierte en un actor más. En un jugador dentro del sistema. Uno que no se cansa, no pide vacaciones y no se queja del jefe.
Desde este prisma parece más fácil entender que los miedos que genera la IA. De ahí la importancia que tiene regular no el avance tecnológico sino la forma en que humano y máquina se relacionan. Ten presente que nuestro modelo de sociedad está basado desde el principio de los tiempos en una premisa fundamental: el trabajo humano como eje estructurador de casi todo. No solo como forma de generar ingresos, sino como elemento que da sentido, identidad y pertenencia. Trabajar no es solo producir, es formar parte del sistema, cumplir un rol, sentirse útil, ser reconocido. Y ahí es donde se activa el verdadero vértigo. Porque si una tecnología como la IA amenaza con desdibujar esta estructura (reemplazando tareas, automatizando decisiones, creando valor sin intervención humana), no estamos simplemente hablando de despidos o reconversiones laborales. Estamos hablando de una crisis de modelo social, para la que aún no tenemos ni respuestas claras ni planes de transición reales.
Nos han educado en un sistema donde el mérito, la estabilidad e incluso el acceso a derechos básicos están condicionados por nuestra posición en el engranaje laboral. ¿Qué pasa cuando ese engranaje se vuelve prescindible para millones de personas? ¿Estamos preparados para repensar el concepto de trabajo, renta o contribución social? ¿Quién decide qué valor tiene un humano en un mundo donde producir ya no es su principal aportación?
Cómo adaptarte a la era de la inteligencia artificial
En los procesos de captación de talento, además de los conocimientos técnicos necesarios para el puesto, las empresas comienzan a valorar otras habilidades orientadas a saber interpretar no solo lo qué debes hacer sino el cómo hacerlo mejor, de manera más rápida y eficiente. De ahí la importancia de que como trabajador cualificado mantengas un conocimiento cercano del ecosistema digital en el que nos movemos y desarrolles tu propio pensamiento crítico en relación a todos estos cambios.
Saber interpretar la tarea, el contexto y los medios disponibles representa un primer paso. A partir de ahí entran en juego el saber discernir lo importante de lo accesorio, hacer una reflexión profunda, plantearnos preguntas relevantes, anticiparnos a posibles escenarios, y como no puede ser de otra manera, tomar decisiones con criterio. Y todo ello está conectado igualmente con tener un marco mental orientado al análisis de datos o data mindset, del que ya hablé en otro post.
Hoy más que nunca es necesario poner pausa cuando toca, cuestionar lo que parece evidente y evitar que el piloto automático decida por nosotros. Por tanto, cuanto más avanza la tecnología, más valor tiene lo que solo tú puedes aportar desde el lado humano. Pero claro, para lograr todo lo anterior y que el factor humano sea relevante, tu base de conocimientos y de experiencia (paradójicamente igual que sucede con los modelos de IA) debe estar bien nutrida y entrenada.
En este punto me gustaría hacer un breve paréntesis y compartir contigo una reflexión que leí hace varias años en el ensayo titulado Panfleto antipedagógico, de Ricardo Moreno Castillo. En este ensayo, el autor subrayaba la importancia de la memoria y los contenidos en la educación, argumentando que no se puede pensar críticamente sin una base sólida de conocimientos previos. Esta reflexión se alinea con la idea de que, al igual que los modelos de inteligencia artificial requieren entrenamiento con grandes volúmenes de datos para generar respuestas coherentes, los seres humanos necesitan una base de conocimientos y experiencias para desarrollar un pensamiento crítico efectivo. Así las cosas, solo falta que eches un simple vistazo a los estándares educativos en la actualidad y al contenido curricular que se enseña desde las escuelas para que calibres mínimamente hacia donde nos dirigimos.
Respondiendo a la pregunta que encabeza este apartado, mi recomendación es que comiences por observar cómo se mueve tu sector, cuáles son las nuevas reglas del juego y que empieces a formarte en la medida de tus posibilidades para sacar tus propias conclusiones. Ya sabes que soy un gran defensor del autoaprendizaje así que esto no va de matricularte en un master o de que te conviertas en ingeniero de prompts. Obviamente la formación tradicional puede ayudarte a reducir los tiempos, tener unos contenidos bien estructurados y mitigar la curva de aprendizaje a la hora de introducirte en el mundo de la IA. No obstante, puedes iniciarte sin más recursos que tus propias ganas y esfuerzo por aprender. El acceso a los contenidos ya no representa una excusa ya que hay infinidad de comunidades, recursos, cursos gratuitos, canales de YouTube, foros… La información está ahí fuera pero lo que falta, en la mayoría de las ocasiones, es actitud.
En mi caso particular, comencé a usar la IA probando uno de los modelos existentes en el mercado y aplicándolo en tareas cotidianas. La única manera de aprender a conducir un vehículo es poniéndote a los mandos, equivocándote y mejorando tras cada iteración. Con esta idea tan sencilla aprenderás y ganarás confianza, entre otras cosas porque esto te permitirá entender los fundamentos, familiarizarte con las herramientas, y sobre todo desarrollar el juicio para saber cuándo y cómo usarlas.
Otra estrategia que me gustaría recomendarte es que encuentres tu propia tribu, es decir, que te rodees de gente que también esté en este camino de aprendizaje y descubrimiento ya que eso te ayudará a motivarte. Compartir con otros tus inquietudes, conocimientos, dudas, e incluso miedos, te ayudará a crecer y a avanzar más rápido.
En cualquier caso es bien sabido que adaptarse a los cambios conlleva un esfuerzo personal importante aún cuando se entienda esta necesidad. No me quiero extender en este tema así que te invito a que leas este artículo en el que analizo qué, cómo y cuando cambian las personas y también este otro en el que explico por qué no es fácil cambiar aunque tengas motivos.
Conclusión
Como sociedad, el verdadero reto no está en la inteligencia de las máquinas, sino en nuestra inteligencia colectiva para regularlas, entenderlas y usarlas con propósito. Aquí podríamos hablar largo y tendido de reformas educativas, despliegue de las infraestructuras necesarias, redes de apoyo social durante la transición a un nuevo modelo productivo, etc. De no hacerlo, corremos el riesgo de incrementar la brecha social ya existente. Por tanto, el mayor riesgo no es que la IA tome decisiones, sino que renunciemos a tomarlas nosotros. En este sentido, en el plano más individual, debes aceptar que la IA está cambiando tu entorno aunque aún no hayas tomado conciencia.
Por tanto, tendrás que decidir si vives esta etapa de enormes cambios desde la resistencia o desde la preparación, desde la queja ante la amenaza o desde la acción frente a la oportunidad. Así que la gran pregunta que deberías responderte no es qué va a hacer la IA contigo, sino qué vas a hacer tú con ella.
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