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¿Alguna vez te paraste a considerar el coste de oportunidad que tienes por no aprovechar la inteligencia colectiva de tu organización? Esta pregunta debería ser respondida o al menos reflexionada por todos aquellos directivos de los que dependen la mayor parte de las decisiones empresariales. Entiéndase el coste de oportunidad como aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión empresarial.

Una dinámica organizativa basada en verdades absolutas y en una jerarquía rígida supone tirar a la basura la plusvalía que aporta la interconexión de las personas de una organización bajo el prisma de la participación. Pero al margen de que el empresario o los directivos de una empresa opten por mantener un modelo continuista, lo cierto y verdad es que en la sociedad, y por ende en las empresas, los dogmas de fe se tambalean ya que son permanentemente cuestionados, modificados e incluso suplantados por nuevos valores. En definitiva, estamos viendo cómo el poder de las instituciones decrece. En gran parte gracias a que las nuevas tecnologías han favorecido que las relaciones sociales se hayan vuelto más abiertas, inmediatas y ubicuas.

Este esquema de relación está precipitando que la colaboración digital y la inteligencia colectiva se superpongan como una capa de realidad distinta a la organización piramidal de ciertas empresas, incluso del propio Estado. Una capa de realidad que resulta difícilmente previsible ya que es un sistema que se retroalimenta a sí mismo. Como en una jam session, todos los músicos se nutren de todos y cada uno hace su particular interpretación a partir de las sensaciones que recibe el grupo (puedes ver este otro post sobre la dinámica de la innovación y su relación con el jazz).

Somos capaces de sentir y de integrar comportamientos que trascienden nuestro individualismo. Pierre Lévy

La tecnología

Paradójicamente, muchas organizaciones públicas y privadas presumen de tener sofisticados sistemas de información con los que son capaces de procesar una gran cantidad de datos. En otras palabras, información. Pero ¿qué sucede si nos quedamos únicamente en este nivel? Bajo mi punto de vista, el auténtico valor de la información no está en la cantidad de datos que podemos obtener, que podría llegar a ser infinita, sino en cómo la analizamos y qué decisiones tomamos a partir de ella. Llegados a este punto, y por clarificar la cuestión, creo que es interesante introducir aquí una definición de conocimiento.

El conocimiento es una capacidad humana, basada en la experiencia, que tiene como fin transformar la información en decisiones y acciones concretas. Montserrat Santillán de la Peña

Por tanto, ¿destinamos recursos a gestionar información o a gestionar conocimiento y personas? La respuesta no debería ser en términos absolutos, sino una lógica combinación de ambos.

Cómo pasar al siguiente nivel

Hemos visto que la tecnología se utiliza en las empresas para obtener datos, almacenarlos, distribuirlos, etc. Pero, ¿qué sucedería si utilizásemos la tecnología para interconectar personas? Es cierto que en esta premisa radica el éxito de las redes sociales y que las empresas comienzan a valorar la importancia de los medios sociales porque los acercan a clientes y usuarios, pero ¿qué sucede internamente en las empresas? ¿Estamos sabiendo interconectar a las personas de una organización?

En cualquier empresa existen personas-capacidades diseminadas, que a menudo no saben de la existencia la una de las otras o bien hacen la guerra cada uno por su lado (reinos de taifas). Ahora, más que en ningún otro momento de nuestra historia como especie, esta situación puede cobrar una dimensión distinta ya que gracias a la dinámica del entorno digital la emergente inteligencia colectiva ya no se ve limitada por el número de personas o por la necesidad de proximidad física, sino todo lo contrario. Los límites solo vienen impuestos por el propio individuo.

Ventajas para la empresa

Las empresas son comunidades de personas, y como tales, podríamos hacer la equivalencia con un matrimonio, que requiere de constantes reajustes para crecer y ser más gratificante. En este sentido, la era de la cornucopia de la participación representa una oportunidad para que empresas y empleados puedan fundirse en un solo cuerpo y encarar los retos del futuro con mayores garantías de éxito que si solo una de las partes es la que establece los límites de la relación. En mi modesta opinión, es importante implementar políticas de trabajo colaborativo para evitar la sensación de que los empleados no pinten nada pero bien es cierto que podríamos hablar largo y tendido acerca de cómo afecta a los empleados este cambio de paradigma. ¿Estamos preparados para esta corresponsabilidad? Ejercerla exige madurez y compromiso. Si miramos a nuestro alrededor veremos que hay empleados con este sentido de la responsabilidad, al igual que encontraremos el caso contrario, amebas que flotan en el tejido empresarial. Pero este análisis daría para otro post…

Por concluir, soy el primero en reconocer que para empresarios y directivos implementar esta dinámica colaborativa no es un camino fácil de recorrer porque supone ceder parte del control, compartir responsabilidades, validar socialmente su legitimidad como expertos, adoptar la transparencia, gestionar el conflicto, etc. De hecho, frente a este modelo de economía de suma-positiva, las empresas pueden optar por no hacer nada pero ¿qué futuro les espera si no evolucionan al ritmo de la sociedad? Que cada cual saque sus propias conclusiones…

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