Cuando pasamos la información que obtenemos de los alumnos a simples números o gráficos, podemos caer en la simplificación e incluso en cierta falta de sensibilidad. Los números pueden ser fríos y asépticos pero tras ellos se encuentra una materia prima especialmente sensible, personas. Por este motivo, además de los retos de las analíticas de aprendizaje, es conveniente plantearse una serie de cuestiones éticas y morales que entran en juego cuando hablamos de aspectos directamente relacionados con la educación.
Investigando acerca de estos temas me ha sorprendido gratamente comprobar que en 2007 J.P. Campbell ya compartía algunas preocupaciones acerca de lo que por entonces se denominaban analíticas académicas. A continuación paso a concretar algunas de estas consideraciones para que nos puedan servir como punto de reflexión:
El hecho de que una organización esté registrando los datos de sus alumnos a través de un determinado software puede ser aceptado por algunos y rechazado por otros.
Los datos recogidos deben estar protegidos por algún tipo de regulación estatal ya que es imprescindible conocer en todo momento quien tiene acceso a estos datos, qué uso se hará de ellos y de qué forma será compartida la información resultante.
Aunque las analíticas de aprendizaje generan una predicción basada en los datos disponibles, pueden no predecir las causas del éxito o del fracaso académico (problemas familiares, económicos, etc.). Además, algunos de nosotros podremos ser bastante escépticos acerca de cómo estos modelos predictivos puedan reflejar las relaciones interpersonales y el propio desarrollo personal que se produce con el simple hecho de asistir a un centro educativo con independencia de las calificaciones obtenidas.
Para incorporar con éxito analíticas de aprendizaje en un proyecto educativo es indispensable contar con la implicación de los profesores ya que serán quienes actúen como eje de transmisión de todo el sistema. Es posible que no todos ellos den el mismo valor a los resultados que se obtengan a través de las analíticas pero, en términos generales, los datos obtenidos sí que podrían proporcionar información muy valiosa acerca del progreso de los alumnos y de las estrategias didácticas que demuestran tener un mayor impacto.
Como ves, el uso de las analíticas de aprendizaje nos lleva a plantearnos muchas preguntas que deben ser debatidas no solo en el seno de la comunidad educativa sino por parte de la sociedad en su conjunto de modo que en el próximo post arrojaré más leña al fuego… 😉
Actualización: ya tienes disponible el enlace a «Analíticas de aprendizaje: consideraciones éticas (II parte)».
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¿Aspecto ético de la evaluación, por ejemplo, independientemente del entorno en el que se lleve a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje?