Es difícil imaginar hoy en día el sector de la formación sin soluciones basadas en la tecnología. De hecho, en determinadas empresas hay situaciones en las que optar por este tipo de soluciones no son una elección sino una necesidad. Imagínate una empresa multinacional con miles de empleados que debe formar en una nueva normativa o procedimiento. La opción presencial sería inviable por muchas razones (incrementaría significativamente los costes, la logística y la temporalización, entre otros). Ahora bien, al margen de que a priori, las modalidades e-learning, mobile o blended sean más recomendable que otras, pocos cuestionarán la necesidad de evaluar la eficacia real de las acciones formativas que hayamos diseñado.
El problema de evaluar el impacto de la formación es que el resultado que se obtiene no siempre es visible y a menudo no sabemos qué variables medir más allá del ahorro de costes (comparándolo con el modelo presencial). Esta circunstancia hace que sea difícil defender el valor añadido de estos modelos más allá del aspecto económico. Por tanto, la medición del ROI (return of investment – retorno de la inversión) es cada vez más importante para defender la idoneidad de esta modalidad si tenemos en cuenta que cualquier empresa que acometa una fuerte inversión deseará ver resultados tangibles que contribuyan al éxito del negocio.
La decisión sobre el presupuesto de formación de una organización debe ir de la mano de una serie de indicadores diana vinculados al negocio. Estos indicadores son los que permitirán valorar el impacto real de la formación y saber si los empleados han sido capaces de transferir los contenidos formativos a sus respectivos puestos de trabajo (el sueño de cualquier responsable de formación).
Algunos indicadores que podemos analizar para la medición del ROI son los que te indico a continuación:
Excusas para no medir el ROI podemos encontrar un buen número de ellas. Si las analizamos con detenimiento verás que las razones que se esconden tras ellas están relacionadas con miedos personales y desconocimiento. Te detallo las más habituales y seguro que entenderás a qué me refiero.
Es justo reconocer que los indicadores que mencionaba antes pueden sufrir variaciones no debido únicamente al impacto de los programas de formación. Es evidente que las mejoras en las condiciones de trabajo, la introducción de tecnología punta en la cadena de producción, etc. también juegan su papel. En cualquier caso, en la era del Big Data ya no valen ciertas excusas. La transformación digital en la que están inmersas todas las empresas (lo quieran o no) supone que la formación, especialmente la que se realiza a través de la tecnología, pasa a estar cada vez más conectada con los resultados del negocio. De ahí que también las analíticas de aprendizaje (learning analytics) en la formación corporativa sean un aspecto que vaya cobrando fuerza, ya que ayudan a tomar decisiones estratégicas que tendrán su impacto en el ROI.
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