Cuando hablamos de herencia pensamos en genes o en euros pero hay otro aspecto que no debemos ignorar, nuestra herencia cultural. Los seres humanos somos la única especie que educa a sus crías y en este proceso de aprendizaje continuo reestructuramos nuestro cerebro. Eso nos convierte en seres parcialmente moldeables que pueden desarrollar o inhibir algunas capacidades dependiendo de los condicionantes del entorno. Pero antes de que nos pongamos fantásticos con las posibilidades del ser humano, insisto en lo de parcialmente.
Nos guste o no, nuestra genética se cobra el 50% de cómo somos tanto en lo físico como en lo comportamental. Sí, desde el mismo momento de nacer ya venimos equipados con nuestro carácter y con amplio repertorio de comportamientos. De hecho, existe una disciplina en psicología que se denomina genética conductual de la que se habla extensamente en «El mito de la educación» de Judith Harris o «La tabla rasa» de Steven Pinker (dos libros muy recomendables).
En cualquier caso, a pesar de los límites que impone la biología, es justo reconocer que el factor ambiental también juega su papel (el eterno debate entre naturaleza y educación). De ahí que se insista en la importancia de entrenar ciertas capacidades y de adoptar determinados hábitos en nuestra vida cotidiana con el objetivo de potenciar, amplificar o expandir nuestros aprendizajes y capacidades cognitivas.
En el caso de la creatividad, entendiéndola como una forma de interpretar ciertos inputs de información y de generar ideas originales a partir de ellos, algunas habilidades son particularmente interesantes. Bajo mi punto de vista, las más importantes son las que describiré a continuación.
Por su parte, para que la observación nos conduzca a algún tipo de conclusión o desenlace es necesaria la reflexión. De ahí que sea tan importante que intentemos inculcar esta actitud desde la infancia.
Ni que decir tiene que para los profesionales de la educación debería ser un objetivo de primer orden fomentar entre los alumnos la reflexión crítica sobre las experiencias de la vida, los eventos sociales y culturales y sobre la propia situación social. Ten en cuenta que si creatividad consiste en pensar de forma diferente (o fuera de la caja), es condición indispensable que el individuo elabore sus propios puntos de vista.
Por otro lado, a partir de las preguntas que se desprenden de la observación y de la reflexión llegamos a otro hábito esencial para el pensamiento creativo, la investigación. Las personas que se quedan en las preguntas y no hacen nada por despejar estas incógnitas, no logran avanzar. Su interés quedará reducido a un mero acto de contemplación. Por el contrario, las personas que invierten tiempo y esfuerzo en resolver estas dudas, terminan por entrar en una dinámica muy productiva en la que cada pregunta suele engendrar una nueva incógnita.
El hábito de investigar suele ir ligado a otra actividad de enorme importancia en el desarrollo del pensamiento creativo, la lectura. Ésta es particularmente importante porque la riqueza de lenguaje y del acervo cultural favorecen las asociaciones conceptuales en las que se basa la creatividad, o dicho de otro modo, ayuda a establecer conexiones entre ideas aparentemente inconexas.
Además, la lectura facilita el desarrollo de las habilidades comunicativas que mejoran nuestras interacciones con los demás, y por ende, facilita la hibridación de conocimientos. Y encima cuando nos comunicamos con otros y verbalizamos nuestras opiniones, este proceso ayuda a concretar las ideas elaboradas en la mente, y de alguna forma, nos ayuda nuevamente a reflexionar sobre ciertos detalles que quizá hemos obviado. Paralelamente, la interacción con otros sirve como estímulo ya que aporta puntos de vista complementarios al propio y permite descubrir otras formas alternativas de aprender y comprender la realidad.
Ten claro que a no ser que estés dispuesto a equivocarte nunca obtendrás algo original. En la infancia, esta idea no tiene mayor repercusión porque solemos ignorar el miedo al error. Tendemos a ser más espontáneos, asumimos más riesgos, y por tanto, la creatividad fluye de manera natural. El problema es que esta tendencia se va invirtiendo con el paso de los años hasta el punto de que aprendemos a ser «no creativos». Por esta razón, padres, madres y educadores en general deberían apostar por actividades que incidan en fomentar la confianza y seguridad en si mismos a la hora de tomar decisiones. Eso sí, en base a un proceso de razonamiento previo.
¿Qué otros hábitos crees que ayudarían a mejorar la creatividad?
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¡Estimado Javier! Muchas gracias por estas reflexiones. Me gusta cuando leo cosas que me hacen hacerme preguntas incluso sobre ideas o pensamientos propios que casi doy por certeros. En mi profesión, soy antropóloga y docente freelance trato de promover mi propia creatividad y la de otros. Es una tarea muy enriquecedora y con adultos nada sencilla, pues estamos demasiado constreñidos por nuestras "creencias" y añi es cuando puedo decirte que discrepo de el determinismo genético que parece puede llevar a la persona a sentir que "así nací y no puedo hacer nada para cambiar", ¡¡menuda sentencia!! que por desgracia escucho demasiado a menudo. Frente a la genética, y fíjate que no dije "en contra", se desarrolla la "epigenética" , verdaderamente fascinante. Nuestras creencias pueden conformar nuestra biología. ¡Una locura científica! Desde luego desde mi mente abierta al constante aprendizaje y las preguntas voy a tratar de leerme los dos libros que recomiendas. Y permíteme que te recomiende la obra de Bruce H. Lipton, "La Bilogía de la Creencia", La Biología de la Transformación, son sus dos libros más importantes. ¡Gracias y a seguir preguntándonos cosas para avanzar como humanos y como humanidad! Un abrazo!
Gracias por compartir tu opinión, Trinidad. No he tenido ocasión de leer los libros que recomiendas pero espero poder hacerlo en algún momento y darte mi punto de vista.
Un abrazo.