Para un creciente número de personas, las redes sociales se están convirtiendo en entornos naturales de relación y colaboración y por ello muchas empresas empiezan a prestar atención a cómo sacar provecho a partir de estos nuevos hábitos sociales.
Aún estamos lejos de que desaparezcan los prejuicios acerca del uso de las redes sociales en el ámbito corporativo, pero la existencia en el mercado de varias soluciones profesionales y su rápida adopción por parte de muchas empresas son síntomas inequívocos de que sus ventajas superan a los posibles inconvenientes. Los ejemplos más significativo son Yammer y Socialcast, dos opciones interesantes para mejorar la transferencia de conocimientos entre las personas de una organización.
No obstante, permíteme hacer una observación antes de continuar. Puedo decir sin temor a equivocarme que si la integración de estas herramientas colaborativas en las dinámicas de trabajo de tu empresa obedece tan solo a una decisión basada en “estar a la última” tecnológicamente hablando, el fracaso está garantizado. Debo insistir en que la inteligencia colaborativa de la que se nutren estas herramientas, solo puede ver sus frutos si nuestro modelo de empresa respira este clima por cada uno de sus poros. Seamos claros, usar una herramienta 2.0 no nos convierte en una empresa 2.0, de modo que solo serán útiles dentro de una cultura organizativa orientada a la colaboración y la transparencia.
En cualquier caso, al margen de que el uso de estas herramientas colaborativas esté alineada con nuestra cultura empresarial, conviene ser conscientes de que pueden producirse situaciones críticas originadas por malos entendidos o por la política de privacidad de la empresa ante determinados temas. La razón podemos encontrarla en los principios en los que las redes sociales basan su funcionamiento, es decir, conectar personas y aumentar sus posibilidades comunicativas. De modo que seamos justos, el riesgo no viene originado por las herramientas sino por la materia gris que hay tras ellas, es decir, las personas que hacemos uso de ellas. Se trata de un riesgo inherente a la condición humana y a su capacidad de discernimiento entre lo que es correcto y lo que no. Pero podemos anticiparnos a estas situaciones y ayudar a que todo fluya de manera adecuada.
Debemos tener en cuenta que la naturaleza de las interacciones entre las personas de una empresa no es equiparable a las interacciones que mantenemos en nuestras redes sociales personales, por más que usemos herramientas similares. Por esta razón parece más que justificado delegar en profesionales internos o externos, con conocimientos avanzados, la creación de una guía de buenas prácticas así como el diseño de acciones de difusión interna para dar a conocer cómo y para qué se manejan estos entornos. Recuerda lo que comentaba antes, la transparencia resulta imprescindible.
Llegados a este punto, si te planteas incorporar en tu empresa alguna de estas redes sociales corporativas, espero que algunos de los siguientes consejos puedan ayudarte a que este entramado de aportaciones individuales apunten a un objetivo común 😉
Si pinchas aquí puedes descargarte un ejemplo de guía de buenas prácticas creada por la universidad de Michigan.
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Partir de la apropiación de la cultura empresarial puede hacer la diferencia para la integración de nuevas formas de comunicación-intereacción entre clientes internos y externos. Sin duda, buena idea que vale la pena considerar :)
Totalmente de acuerdo contigo, Eva.
Aprovecho para preguntarte ¿piensas que la adopción en las empresas de estos nuevos espacios colaborativos puede provocar una aceleración en los procesos de transformación empresarial?
Muchas gracias por compartir tu comentario.
Hola Javier,
Considero que sí se puede llegar a transformaciones ya que, como lo menciona Carlos Valencia, en el tema de la Gestión del conocimiento en las organizaciones, se hace necesaria la memoria empresarial a través de prácticas para la gestión del conocimiento (que posee y el que le falta) para innovar y crear capital intelectual en las organizaciones.
Saludos