Los fantasmas del e-Learning
7 septiembre 2011 2 comentarios
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El impulso tecnológico de las últimas décadas ha tenido un impacto destacable en la evolución que ha seguido el sector del eLearning hasta nuestros días. Una explosión de proveedores, contenidos y plataformas han convertido al eLearning en la solución formativa que, al menos a priori, daba respuesta a las necesidades de aprendizaje permanente (lifelong learning). Ahora además, con la incorporación de los terminales móviles empezamos a ver un nuevo abanico de posibilidades gracias a la ubicuidad que permiten estos dispositivos, como ya comentaba en otro post. A pesar de ello, en el camino que hemos ido recorriendo a lo largo de estos años, muchos de los elementos necesarios para detonar el aprendizaje se han visto eclipsados por la importancia relativa que cobraban el aspecto técnico y el financiero, en términos de rentabilidad.
En relación con esto último, conviene no olvidar que la formación en cualquiera de sus formatos, presencial, distancia o mixta, no deja de ser un sector de actividad lucrativo en el que proveedores y usuarios se ponen de acuerdo en la trasferencia de conocimientos (en según qué casos, más que conocimientos, se distribuyen contenidos) a cambio de unos emolumentos. Así las cosas, el beneficio económico, como motor de la inversión privada en el sector, nos ha conducido a centrar el debate en aspectos tales como los estándares, la producción de contenidos (habitualmente “enlatados”), la evaluación normativa, etc. El impacto directo de este enfoque ha sido la optimización de recursos, y por tanto, el incremento de la rentabilidad como comentaba anteriormente.
Centrémonos por un momento en la estandarización. El esfuerzo por consensuar un único estándar que permitiese compatibilizar contenidos y plataformas de distintos proveedores ha sido titánico. Esto ha supuesto importantes ventajas, desde el abaratamiento de los costes hasta la flexibilidad de las organizaciones para compatibilizar diferentes sistemas, pasando por un incremento en la oferta formativa. Pero analicemos ahora lo que ha supuesto la denominada revolución 2.0. A tenor de cómo está evolucionando la web podemos decir sin que nos tiemble la voz que disponer de un entorno fijo, estático, y a menudo cerrado, no tiene perspectivas de que pueda sostenerse a medio o largo plazo como solución de formación. Empiezan a tomar impulso otros espacios de formación que tienen su origen en la propia configuración mental del usuario, en sus intereses, en su tejido social, los PLE (Personal Learning Environment). Además, esta tendencia viene avalada por cada vez más expertos en educación que ponen de relieve la importancia del factor social y relacional en el aprendizaje. De ahí que hablemos del aprendizaje informal, de las comunidades de práctica, y de otras tantas posibilidades educativas al margen de los entornos “académicos”. ¿Cómo encaja la estandarización en este contexto?
Por otra parte, del lado de la tecnología, si hacemos un ejercicio retrospectivo, recordaremos que no hace demasiado tiempo vivimos de cerca aquellos años en los que pensamos ingenuamente que incorporar los recursos multimedia al diseño de los contenidos era la salvación a todos los males de la educación a distancia. En aquellos entonces, la incipiente tecnología sirvió para que tomásemos conciencia de que era posible combinar muchos y variados recursos en pos de aumentar el aprendizaje de los alumnos. Pero no fue así, al menos no en el grado que cabía esperar. De hecho, si no existe un planteamiento metodológico de base que permita ayudar al andamiaje cognoscitivo, solo logramos aumentar el impacto visual de los contenidos.
Ahora bien, no podemos decir que no se hayan alcanzado importantes logros en el sector. Hoy el eLearning es una metodología consolidada, con entidad propia y muy difundida en la sociedad (aunque es evidente que el grado de penetración varía en según qué segmentos de población). Todo ello gracias al esfuerzo y a la apuesta decidida por parte de entidades públicas y privadas. Ahora nos parece fácil pensar en los productos y servicios basados en la web, pero hace veinte años era una decisión a riesgo. Pensemos que aunque ya estaban los mimbres de Internet, aún faltaba mucho camino por recorrer y el universo de potenciales usuarios distaba mucho de la situación actual.
No obstante, a pesar de estos logros, no podemos permanecer en la autocomplacencia. Si de algo podemos estar seguros es que a diferencia de los primeros años en el sector del eLearning, ahora el mercado es mucho más volátil y el contexto económico global requiere de nuevas estrategias y nuevas respuestas (ver post “el sector del elearning tiene que reinventarse”). Respuestas a preguntas como qué enseñar, a quienes, quien, cuándo, dónde y cómo.
Mientras tanto, haríamos bien enterrando a los viejos fantasmas del eLearning. Os dejo con este video alegórico sobre lo que acabo de comentar.







