10 consejos para estimular tu creatividad

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Duración aproximada vídeos: 5 minutos

Experimenta como un niño, trabaja como un adulto, crea como un artista.

Así resumo los dos días de trabajo en el “Festum de creatione” (al final del post puedes leer en qué consiste).

Mi aprendizaje personal es lo que pretendo compartir contigo en las siguientes líneas a modo de consejos para estimular tu creatividad.

1. Desarrolla tu capacidad de observación. A menudo vemos que tecnologías que han tenido un gran impacto en nuestra sociedad han surgido a partir de la observación de la naturaleza. Éste es el sorprendente caso del velcro y la historia de su descubrimiento.

2. Hibrida conocimiento. En la actualidad tendemos a la especialización en el terreno profesional pero debemos saber conjugarla con el interés hacia otras áreas de conocimiento. En pleno siglo XXI, la cultura de la remezcla está en pleno auge.

3. Investiga. En los niños existe una curiosidad natural por todo aquello que les rodea. En el caso del adulto, esa curiosidad es la que nos impulsa a investigar, y por tanto a profundizar en el conocimiento de una determinada materia. Esta labor de investigación se traduce en horas y horas de trabajo.

La inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando. Picasso.

4. Alterna entre método y caos. Para agilizar el proceso creativo hace falta seguir unas reglas, una cierta sistematización. Pero ten en cuenta que un exceso de reglas puede inhibir y encorsetar el proceso creativo por lo que pivotar entre ambos extremos puede ser una sana combinación. Aunque sea difícil de asimilar, del caos también surge el orden.

5. Mezcla momentos de reflexión individual con pensamiento colectivo. Hace falta entrar y salir del grupo. Cada uno de nosotros resuelve el conflicto cognitivo de una determinada manera. Los hay más orientados a poner en práctica, otros a reflexionar o conceptualizar, etc. Jugar con estos tiempos individuales puede ayudar a sincronizar nuestros ritmos y estilos.

6. El tamaño sí importa. Los equipos pequeños funcionan mejor así que como diría Julio César “divide y vencerás”. Algunos estudios apuntan a que cuanta más información se comparte y más personas están involucradas, menor es la calidad del conocimiento generado. La explicación puedes encontrarla en esta entrada de wikipedia, en el apartado “Failures of crowd intelligence”.

7. Sal de tu marco de referencia. La educación, la sociedad y nuestras propias experiencias vitales han configurado nuestra mente para ver y entender el mundo de una determinada manera. Nuestro modelo mental no es único ni el mejor. Asumir esto es el primer paso para reeducar nuestra mente y poder enfocar el mundo con otros ojos.

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. A. Einstein

8. Dedícate a lo que te gusta. Es cierto que no siempre es posible pero la creatividad tiene mucho que ver con la pasión que ponemos en lo que hacemos. Cuando esto sucede experimentamos lo que Mihalyi Csikszentmihalyi denominó “flow”.

Todo el ser está envuelto en esta actividad, y la persona utiliza sus destrezas y habilidades llevándolas hasta el extremo.

9. Supera el miedo al fracaso. La creatividad tiene mucho que ver con la experimentación y para experimentar hace falta superar nuestros miedos. La creatividad se alimenta de nuestra capacidad para sorprendernos,  entusiasmarnos y adentrarnos como niños en el mundo de lo desconocido.

10. Tómate tiempo. Con este vídeo entenderás a qué me refiero…

El Festum de creatione

¿Qué es? un encuentro de gente friki organizado por @gottrainig y @FEberrocal para hablar sobre creatividad durante dos días (24 y 25 de noviembre). ¿Dónde? En un espacio inspirador, el taller del escultor Miguel Berrocal. ¿Objetivo? Pensar, aprender y compartir nuestros diferentes puntos de vista para llegar a definir un protocolo de trabajo que nos ayudase a ser más creativos. ¿Cómo? Para activar nuestras mentes utilizamos como leit motiv el juego (os dejo el enlace a este post que dediqué al juego como estrategia educativa en la formación de adultos). No podía ser de otra forma si tenemos en cuenta que el juego, por un lado, nos traslada a la niñez, cuando la creatividad fluye sin esfuerzo consciente, y por otro,  constituye por si mismo la experiencia de aprendizaje más intensa que tenemos en estos primeros años de vida.

Como explicaba al principio, nuestro objetivo era crear un protocolo de trabajo que estimulase la creatividad y para ponerlo a prueba en la práctica nos planteamos un reto; desplazar un vehículo construido por nosotros utilizando un vórtice. Os dejo este curioso vídeo para que os hagáis una idea del experimento.

Mil gracias por todo lo que me habéis aportado @feberrocal @gottraining @lyricalpolymath @jose_bdyn @antonellagacma @jjvaarq @dapuchmas @emi_sb @nrockdriguez @reikmish @najuca2010 @migusant @Rafa1Villena @cincoarrobas @endorprod y Claudia Perlini.

Si queréis ampliar información sobre el festum aquí os dejo un vídeo ;)

Inversor interno, capital de confianza para las empresas

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La ventana de tiempo para la innovación se hace cada vez más pequeña y obliga a las empresas a ser más ágiles en la toma de decisiones. Paradójicamente, aun considerando que la innovación sea necesaria para afrontar los retos que plantea la actual situación económica, la reacción de numerosas empresas está siendo precisamente la contraria, es decir, recortar recursos y demorar la toma de decisiones empresariales ligadas a la innovación (¿te suena eso de “el exceso de análisis que lleva a la parálisis”?).

La incertidumbre financiera se abre paso en todos los sectores convirtiéndose en un killer de la inversión en innovación. Esta reacción que pone de relieve buena parte del tejido empresarial, pese a que en el plano humano es comprensible, en las empresas produce desaceleración y pérdida de oportunidades. Y a esta delicada situación debemos añadir otra circunstancia. Las empresas necesitan más que nunca de empleados alineados y comprometidos con los proyectos. Trabajadores que puedan producir resultados extraordinarios en un entorno cada vez más convulso y cambiante.

¿Cómo impulsar la innovación?
Por muy sofisticada que sea una empresa, siempre son personas las que toman las decisiones y en todas ellas el plano emocional está muy presente. Negarlo sería una necedad. Ahora bien, ¿cómo nos afecta ese plano emocional? Pues de muchas y variadas formas, tantas como emociones conforman nuestro universo interior. Pero si tuviese que destacar una emoción particularmente destacable en nuestros días es el miedo. Miedo porque lo que ayer funcionaba, hoy no. Miedo porque no sabemos cómo afectarán las medidas del gobierno a un sector particular. Miedo porque no sabemos como nuestros productos serán acogidos una vez que los pongamos en la calle. En definitiva, miedo a lo desconocido, a la ‘terra incognita’. Pero el problema no es la incertidumbre en sí misma sino cómo ésta es percibida, ya que bien puede representar tanto una oportunidad como una amenaza.

Para el empresario, este esfuerzo por superar inseguridades y el miedo a lo desconocido, puede ser canalizado a través de políticas internas de trabajo que estén apoyadas en la transparencia y en la colaboración de los empleados (‘los miedos compartidos pesan menos’). En mi modesta opinión, esta búsqueda de apoyos en el seno de una organización debe ser un puntal esencial en toda estrategia empresarial contemporánea. A priori, las empresas cuentan con una situación de partida ventajosa. Seamos conscientes de ello o no, cuando trabajas en una empresa estás haciendo una elección y estás invirtiendo tu tiempo y tus capacidades en una compañía y no en otra. Ahora bien, ¿podemos invertir algo más? Mi respuesta es afirmativa a pesar de todas las matizaciones que podamos plantear. Pero permíteme que ahonde un poco más. Piensa que en tu empresa te permitiesen invertir dinero en alguno de sus proyectos. Esta figura es la del inversor interno. ¿Acaso no sería una decisión más racional que meter nuestro dinero en la bolsa? Conoces desde dentro cómo funciona tu empresa, en qué sector opera, con qué socios estratégicos, etc. incluso puede que tú mismo estés involucrado en el desarrollo de alguno de estos proyectos (si no ves posibilidades de éxito en ninguno de los proyectos de tu empresa, a buen seguro algo está fallando, piénsalo por un momento). Ahora bien, el empresario no estaría recibiendo únicamente capital monetario, sino algo aún más importante, capital de confianza.

El rol del inversor interno
Como trabajadores conocemos muchos de los proyectos que están parados encima de una mesa hasta que soplen mejores vientos. Puede que esos vientos nunca lleguen o incluso que cuando lo hagan su fuerza sea de tal magnitud que desarbolen tu nave. En cualquier caso, de lo que estoy seguro es que no se puede avanzar con el freno de mano echado. A veces, la ilusión y el entusiasmo de los trabajadores por sacar determinados proyectos se encuentra con la negativa del empresario, quien finalmente puede optar por aparcarlos, posponerlos, descartarlos o cualquier otro verbo que flote en el abismo del “no”.

Retomando la idea anterior del inversor interno, el capital invertido puede ser un motor de la innovación. El miedo paralizante se supera con confianza y confianza es lo que representa cada euro que un trabajador decide invertir en un proyecto concreto de su empresa. Ante semejante tesoro, ¿piensas que el empresario puede quedar indiferente? No lo creo, salvo que otros factores nublen el sano juicio. Con este caudal extra de confianza pueden alcanzarse metas extraordinarias ¿no te parece?.

Cómo implementar este modelo de inversión interna
A priori, se me antoja que no es complicado. Si en tu empresa existe contabilidad analítica, cada proyecto tiene su propio centro de costes, por lo que resulta fácil identificar cada euro que se invierte, y los gastos que genera tanto su desarrollo como su puesta en marcha. Esto permitiría obtener de manera clara y transparente el porcentaje de participación de cada inversor interno sobre el proyecto y, a partir de aquí, sus beneficios caso de que los hubiera. La empresa puede emitir factura al inversor en concepto de su aportación. Y en cuanto al periodo de liquidación también se podría negociar entre empresa e inversor, siendo la propia nómina del trabajador un medio de pago válido (por ejemplo, en concepto de gratificación a final de año).

En pleno siglo XXI, la empresa, los mercados, el sistema financiero, y sobre todo, las personas, hemos cambiado. Insisto en que lo que en otro momento funcionaba, hoy no, de modo que estamos ante la necesidad de reinventarnos. Este post es sólo una reflexión en voz alta y me gustaría conocer tu opinión a través de los comentarios. Ahora sí, es el momento de las matizaciones…

Inteligencia colectiva y su coste de oportunidad

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¿Alguna vez te paraste a considerar el coste de oportunidad que tienes por no aprovechar la inteligencia colectiva de tu organización? Esta pregunta debería ser respondida o al menos reflexionada por todos aquellos directivos de los que dependen la mayor parte de las decisiones empresariales. Entiéndase el coste de oportunidad como aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión empresarial.

Una dinámica organizativa basada en verdades absolutas y en una jerarquía rígida supone tirar a la basura la plusvalía  de la interconexión de las personas de una organización bajo el prisma de la participación. Pero al margen de que el empresario o los directivos de una empresa opten por mantener un modelo continuista, lo cierto y verdad es que en la sociedad, y por ende en las empresas, los dogmas de fe se tambalean ya que son permanentemente cuestionados, modificados e incluso suplantados por nuevos valores. En definitiva, estamos viendo cómo el poder de las instituciones decrece. En gran parte gracias a que las nuevas tecnologías han favorecido que las relaciones sociales se hayan vuelto más abiertas, inmediatas y ubicuas.

Este esquema de relación está precipitando que la colaboración digital y la inteligencia colectiva se superpongan como una capa de realidad distinta a la organización piramidal de ciertas empresas, incluso del propio Estado. Una capa de realidad que resulta difícilmente previsible ya que es un sistema que se retroalimenta a sí mismo. Como en una jam session, todos los músicos se nutren de todos y cada uno hace su particular interpretación a partir de las sensaciones que recibe el grupo (puedes ver este otro post sobre la dinámica de la innovación y su relación con el jazz).

Somos capaces de sentir y de integrar comportamientos que trascienden nuestro individualismo. Pierre Lévy

La tecnología
Paradójicamente, muchas organizaciones públicas y privadas presumen de tener sofisticados sistemas de información con los que son capaces de procesar una gran cantidad de datos. En otras palabras, información. Pero ¿qué sucede si nos quedamos únicamente en este nivel? Bajo mi punto de vista, el auténtico valor de la información no está en la cantidad de datos que podemos obtener, que podría llegar a ser infinita, sino en cómo la analizamos y qué decisiones tomamos a partir de ella. Llegados a este punto, y por clarificar la cuestión, creo que es interesante introducir aquí una definición de conocimiento.

El conocimiento es una capacidad humana, basada en la experiencia, que tiene como fin transformar la información en decisiones y acciones concretas. Montserrat Santillán de la Peña

Por tanto, ¿destinamos recursos a gestionar información o a gestionar conocimiento y personas? La respuesta no debería ser en términos absolutos, sino una lógica combinación de ambos.

Cómo pasar al siguiente nivel
Hemos visto que la tecnología se utiliza en las empresas para obtener datos, almacenarlos, distribuirlos, etc. Pero, ¿qué sucedería si utilizásemos la tecnología para interconectar personas? Es cierto que en esta premisa radica el éxito de las redes sociales y que las empresas comienzan a valorar la importancia de los medios sociales porque los acercan a clientes y usuarios, pero ¿qué sucede internamente en las empresas? ¿Estamos sabiendo interconectar a las personas de una organización?

En cualquier empresa existen personas-capacidades diseminadas, que a menudo no saben de la existencia la una de las otras o bien hacen la guerra cada uno por su lado (reinos de taifas). Ahora, más que en ningún otro momento de nuestra historia como especie, esta situación puede cobrar una dimensión distinta ya que gracias a la dinámica del entorno digital la emergente inteligencia colectiva ya no se ve limitada por el número de personas o por la necesidad de proximidad física, sino todo lo contrario. Los límites solo vienen impuestos por el propio individuo.

Ventajas para la empresa
Las empresas son comunidades de personas, y como tales, podríamos hacer la equivalencia con un matrimonio, que requiere de constantes reajustes para crecer y ser más gratificante. En este sentido, la era de la cornucopia de la participación representa una oportunidad para que empresas y empleados puedan fundirse en un solo cuerpo y encarar los retos del futuro con mayores garantías de éxito que si solo una de las partes es la que establece los límites de la relación. En mi modesta opinión, es importante implementar políticas de trabajo colaborativo para evitar la sensación de que los empleados no pinten nada pero bien es cierto que podríamos hablar largo y tendido acerca de cómo afecta a los empleados este cambio de paradigma. ¿Estamos preparados para esta corresponsabilidad? Ejercerla exige madurez y compromiso. Si miramos a nuestro alrededor veremos que hay empleados con este sentido de la responsabilidad, al igual que encontraremos el caso contrario, amebas que flotan en el tejido empresarial. Pero este análisis daría para otro post…

Por concluir, soy el primero en reconocer que para empresarios y directivos implementar esta dinámica colaborativa no es un camino fácil de recorrer porque supone ceder parte del control, compartir responsabilidades, validar socialmente su legitimidad como expertos, adoptar la transparencia, gestionar el conflicto, etc. De hecho, frente a este modelo de economía de suma-positiva, las empresas pueden optar por no hacer nada pero ¿qué futuro les espera si no evolucionan al ritmo de la sociedad? Que cada cual saque sus propias conclusiones…

La dinámica de la innovación y su relación con el jazz

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Duración vídeo: 7 minutos

El día 8 de mayo, durante la conferencia anual de la ASTD que se celebró en esta ocasión en Denver, tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de John Kao, más conocido como el sherpa de la innovación. El contenido de su charla fue bastante revelador acerca de la dinámica de la innovación. Expuso de manera práctica y cercana las ideas que desarrolla en su libro “Jamming – The Art and Discipline of Coporate Creativity“.

Pensemos por un momento en cómo toca una banda de jazz. Se trata de un proceso generativo en el que los diferentes músicos ponen su maestría al servicio de una melodía común. El resultado es una pieza musical genuina fruto de la conversación entre músicos e instrumentos. Pero este proceso creativo no fluye aleatoriamente. Todo lo contrario, se trata de improvisación sobre un esquema de trabajo, sobre unas reglas prestablecidas de ritmo, orden y armonía.

En el ámbito empresarial, a menudo tendemos a pensar que la innovación depende de que a alguien de nuestro equipo se le ocurra una genialidad, por tanto, llega a ser considerado como un proceso anárquico, difícilmente planificable y donde el individuo puede llegar a tener mayor protagonismo que el propio equipo. Pero nada más lejos de la realidad. Permíteme que aproveche el paralelismo con el jazz para compartir contigo este tema de Michel Camilo en el documental “Calle 54“. Te invito a que observes la conversación musical que se establece entre los componentes de la banda, sus miradas de complicidad, su diferente interpretación de la misma melodía, la emocionalidad que está presente en ese momento mágico…

Como hemos visto en el vídeo, poner en juego todas las capacidades de nuestro equipo, de manera conjunta y apuntando hacia un mismo objetivo (me estoy refiriendo a cómo se enriquece la melodía con los distintos matices que aporta cada músico y cada instrumento), es lo que permite alcanzar un resultado brillante. Visto lo anterior parece que en la actualidad las empresas tendrán más éxito si son capaces de trabajar como bandas de jazz.

Redes sociales, contenidos distribuidos e innovación

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“El modelo de e-learning, de aprendizaje basado en el contenido, producido por publicadores, organizado y estructurado en cursos y consumido por los estudiantes está agotado. Los nuevos modelos apuestan por la apertura. Se acabaron los jardines vallados: las redes sociales y de contenidos distribuidos a través de servicios son el futuro.”

Así de rotundo y de claro lo expresaba Stephen Downes en 2008, presentando un escenario que dista mucho de la ortodoxia en el sector educativo. Se trata de una afirmación tan categórica que garantiza el escozor de ojos a aquellos que defienden un modelo de producción tayloriana de contenidos bajo una mentalidad puramente mercantilista de la formación. Pero, estemos de acuerdo o no, la perspectiva del tiempo va dejando entrever cambios significativos en la línea de lo que comentaba Downes.

No podemos negar que resulte difícil asumir cambios tan drásticos, sobre todo cuando este planteamiento supone socavar las reglas del juego que han regido la educación hasta nuestros días. Unas reglas que establecían una clara separación entre profesor y alumno, entre proveedor y consumidor, entre gurús y fieles seguidores.  En definitiva, un sistema que identificaba claramente quien estaba en posesión del conocimiento y de la sabiduría, bajo qué estrictas condiciones se producía el aprendizaje y qué méritos eran necesarios para acceder a cierto grado de reconocimiento (titulaciones de cualquier índole).

Jardines vallados en e-learning

Ya he comentado en alguna ocasión que el e-learning ha supuesto poca innovación si echamos la vista atrás. Claro que hemos incorporado tecnología a la formación, pero eso más que innovación ha sido el equivalente a la modernización de un sector.

Es evidente que no es la tecnología por sí misma la que agrega valor al proceso educativo, sino la forma en la que ésta es utilizada o aprovechada por docentes para desarrollar nuevos modelos pedagógicos y para enriquecer el proceso de enseñanza y aprendizaje.

De Saint Pierre (2009)

En definitiva, más de lo mismo pero con nuevos medios. Hemos seguido construyendo jardines vallados en los que de manera reiterada tanto el contenido como la plataforma han sido los principales valedores de nuestro trabajo. Hemos protegido con esmero, y no sin cierto oscurantismo, toda pieza de contenido que salía de nuestras factorías, pensando que la inversión técnica y conceptual así lo merecían. Por tanto, una forma de entender el aprendizaje basado en “objetos” que se consumen, más que en dinámicas de relación y de conversación que se producen a partir de ellos.

Amateurismo de masas y contenido generado por el usuario

Así las cosas, frente a este modelo de producción de contenidos y de formación, nos encontramos ahora una incesante oleada de nuevos creadores que comienzan a generar valor en esta sociedad del conocimiento, amparados en lo que Clay Shirky (2008) definió como “amateurismo de masas”, caracterizado por la disponibilidad de tecnologías para amateurs que solo eran accesibles antes para los profesionales. De hecho, el desarrollo de herramientas y sitios web destinados a que cualquier persona pueda crear sus contenidos, compartirlos y distribuirlos en el ecosistema informativo tiene un peso específico en la web 2.0. Podemos encontrar herramientas gratuitas para generar cursos y webs en las que alojarlos, podemos encontrar páginas que te permiten crear una escuela online para emitir videoconferencias en directo o en diferido, etc. y todo ello dejando a elección del creador amateur la posibilidad de cobrar o no por sus desarrollos. No hablemos ya de la importancia que tienen hoy en día otros espacios de contenido generado por el usuario como los blogs, podcast, etc. Su influencia en nuestros días está lejos de toda duda, y muchos de estos creadores son en la actualidad auténticos líderes de opinión en determinadas materias (a modo de ejemplo podéis ver los blogs de Dolors Reig, Enrique Dans y otros tantos que podéis encontrar en mi blogroll).

En resumen, vivimos una era marcada por eso que llamamos empoderamiento y que nos hace ser un poco más iguales, o al menos, algo más libres a la hora de elegir nuestros referentes formativos. En este punto consideremos la importancia del aprendizaje informal, aquel que surge sin más preámbulos que la sola actitud receptiva hacia los estiímulos que giran a nuestro alrededor. En este sentido, las redes sociales se han convertido en un auténtico manantial del conocimiento por donde brota un flujo incesante de “contenidos”.

Buscando soluciones innovadoras

Ante estos cambios, las empresas del sector de la formación solo tienen dos formas de alcanzar una competitividad sustentable, como afirma Jonas Ridderstrale:

“…….o explotan las imperfecciones del mercado o las imperfecciones del hombre (innovación desde el lado de la oferta o del de la demanda). La primera representa innovación racional, creando modelos de negocio únicos, mientras que la última construye innovación emocional a fin de crear estados de ánimo que atrapen a los usuarios.”

En cualquier caso, sea cual sea el camino que se escoja, parece evidente que el usuario debe estar en el centro de cualquier innovación, ya que es quien construye su aprendizaje a través de la reinterpretación de los materiales docentes, a través de la evocación de nodos, de la conversación con otros alumnos o no-alumnos, etc.

En un post anterior ya planteaba alguna de estas cuestiones y sacaba a colación un interesante artículo de Kevin Kelly sobre la gratuidad de los contenidos y la necesidad de potenciar las cualidades “generativas” para mejorar el modelo de negocio. Os dejo el link por si queréis ampliar información: “El e-learning tiene que reinventarse”