¿Qué es el e-learning? ¿Hacia dónde vamos?

Tiempo aproximado de lectura: 2 minutos

El uso, y en algunos casos abuso, del lenguaje técnico provoca a menudo una brecha en la comunicación. En este empeño por compartir mis limitados conocimientos fruto de la experiencia no quisiera caer en este error. Si nos detenemos a analizar por un momento situaciones cotidianas como ver la televisión, escuchar la radio, pedir información sobre un determinado producto o servicio,  y no digo ya mantener una reunión de trabajo multidisciplinar, nos daremos cuenta de que en ciertas ocasiones emisor y receptor no emplean un mismo código. Con frecuencia, el pudor a mostrar aquello que no dominamos o que desconocemos inhibe uno de los principales actos que nos ayudan a aprender, preguntar.

Hacer preguntas es prueba de que se piensa. Rabindranath Tagore (1861-1941)

Por esta razón, en este post intento dibujar con mano torpe pero segura, un lienzo en el que los trazos de contenido que he aportado durante todo este tiempo cobren mayor sentido. Ésta es la razón por la que, de manera extraordinaria y solo por esta vez, no incluyo referencias a otros blogs ya que mi intención ha sido fundir en uno solo mis reflexiones acerca de este tema. Pido disculpas por ello. En cualquier caso, en cada uno de los artículos enlazados sí encontraréis otras fuentes que aportan un punto de vista complementario. Dicho esto, me gustaría empezar por una presentación que utilizaba hace algunos años para explicar en qué consiste la metodología e-learning.

En todo este tiempo han ido apareciendo nuevos términos y nuevos escenarios de aprendizaje que han contribuido a perfilar el rol del formador, de los alumnos y de la propia tecnología. Esta evolución ha favorecido que la dimensión virtual del aprendizaje adquiera diferentes formatos que van desde la formación e-learning al modelo híbrido, también conocido como modalidad blended-learning, pasando por el m-learning, t-learning, etc. En cualquier caso, al margen de esta diversificación de la oferta y simplificando la cuestión, podemos ver que la creación de comunidades virtuales empieza a considerarse como el complemento ideal para profundizar en los contenidos tratados en el formato presencial. Dicho esto, propongo alejar de nuestra mente el estéril debate de si es mejor una modalidad u otra. Toda modalidad es útil y tiene sentido cuando es fruto de un análisis previo de las necesidades de un determinado proyecto formativo. Partiendo de este planteamiento, soy el primero en reconocer que el sector del e-learning debe reinventarse. ¿En qué me apoyo para hacer esta afirmación? Pues en el hecho de que durante mucho tiempo hemos asumido que la tecnología cubriría por si misma algunas de las lagunas que ha mostrado la formación presencial en ciertos contextos. Pero nada más lejos de la realidad. El elemento técnico es tan solo un facilitador al servicio de la educación. Por esta razón es necesario desterrar viejos fantasmas del e-learning y proponer la  innovación metodológica como respuesta a las necesidades no cubiertas hasta el momento.

Por otro lado, poniéndome en el lado del sector privado, creo que debemos ser muy conscientes de la revolución que representa la entrada en escena de una masa creciente e imparable de amateurs. Todos ellos tienen a su alcance herramientas y capacidad para ofrecer contenidos dignos de ser consumidos. La consecuencia no es otra que la de que en unos años nadie pagará por lo que gratis se pueda obtener, y parece evidente que contenidos multimedia, manuales, actividades de evaluación, etc. no escapan a esta difusión gratuita. ¿Cuál es la solución? Que las empresas de formación busquen en los intangibles su valor diferencial, permitiendo discriminar entre la formación de pago y aquella que no lo es.

Retomando el tema de la innovación educativa, hace falta que nos preguntemos qué enseñar, a quienes, quien, cuándo, dónde y cómo. Sirva solo como ejemplo que, en respuesta al cómo empiezan a correr ríos de tinta acerca de la gamificación, una forma de integrar la capa lúdica en la formación e-learning. Y es que empezamos a comprender la íntima relación entre emoción y aprendizaje. De ahí la importancia de incorporar juegos o las dinámicas presentes en ellos para facilitar el proceso de aprendizaje. Pensemos solo por un momento en que pudiésemos ayudar a las personas generando las mismas experiencias flow que permiten los videojuegos

Por otro lado, hablar de e-learning es hablar de aprendizaje en la web 2.0, lo que supone mucho más que colgar contenidos de una plataforma. En un entorno caótico como es el ecosistema digital, el usuario (el no-alumno en palabras de Piscitelli en su proyecto Facebook) es el eje sobre el que deben girar todos los elementos que permiten el andamiage cognoscitivo. En este sentido, y asumiendo el necesario protagonismo de la persona en su proceso de aprendizaje, resulta ilusionante hablar, por ejemplo, de los entornos personales de aprendizaje. Por tanto, si la persona está en el centro de todo, se desprende que las soluciones “enlatadas” no son la mejor respuesta formativa. Pero para atender estas necesidades individuales estamos avocados a saber qué está ocurriendo durante su proceso de aprendizaje, cómo se enfrenta a los contenidos, cómo interactua con el entorno de aprendizaje y con los demás usuarios, etc. Pues bien, para cubrir este aspecto parece evidente que debemos recurrir a las analíticas de aprendizaje. Apasionante lo que nos espera en los próximos años…

¿Y qué sucede con el formador?
Obviamente todo lo anterior plantea retos profesionales para llegar a ser un genuino formador 2.0, porque como apuntaba en otro post, el hábito no hace al monje. Tengamos presente que la incesante aparición de herramientas y servicios que ofrece la Web ha diversificado los posibles escenarios de aprendizaje y muestra de ello es la simbiosis que se crea entre el e-learning y las redes sociales. En este sentido, coincidiremos en que incorporar el elemento social en cualquier proceso educativo es un factor clave. Pero en este caótico ecosistema digital, la importancia de saber gestionar los contenidos cobra mayor sentido en nuestros días por la sobrecarga cognitiva a la que estamos expuestos de manera irremediable. Las nuevas tecnologías han precipitado que la información crezca de manera exponencial. En este sentido, el formador debe ser el faro que ilumine en esta aventura del saber (no ya como experto, sino como guía, asesor, compañero de viaje….) y ser un buen profesional de la formación puede inclinar la balanza a favor del éxito académico de un proyecto. Pero para alcanzar este objetivo debemos preguntarnos insistentemente con espíritu crítico y analítico por qué algunos alumnos abandonan la formación e-learning.


Metodología interactiva para generar contenidos interactivos

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Tanto se utiliza el término interactividad asociado a los contenidos en e-learning que prácticamente hemos asumido sus virtudes incluso cuando no las hemos visto o experimentado nunca. Parece como si el simple hecho de digitalizar los contenidos fuese el bautismo necesario para adquirir el apellido “interactivo”. Pero en mi modesta opinión, no basta solo con el hecho de que los contenidos hayan sido engendrados en el entorno digital, ni siquiera con que parezcan serlo. Explico esto último. Cuando aludo a que unos contenidos pueden parecer interactivos sin serlo realmente me refiero a que obligar al alumno a realizar una serie de clics en pantalla, sin otra finalidad que avanzar de pantalla, o bien acceder a información oculta, no representa una auténtica interactividad, o al menos, es tan elemental que no aporta gran cosa al alumno. De hecho, esta sucesión de clics sin un sentido pedagógico tiene más efectos perniciosos que beneficios aporta al alumno ya que entorpece su proceso de formación.

La comunicación es esencial para lograr experiencias educativas centradas en el usuario

Si analizamos cualquiera de las definiciones existentes sobre interactividad descubriremos que todas hacen referencia a un elemento común, la comunicación. Y es que, en esencia, se trata de un proceso de comunicación que debemos entender e interpretar como parte de la fórmula Acción-Reacción. Entendido así, la acción del alumno provocaría una reacción en los contenidos, pero de manera inteligente, es decir, las reacciones del contenido, visibles en pantalla, se adaptarían a las características del usuario y de su intervención. En definitiva, esta “comunicación” es la que daría lugar a experiencias educativas centradas en el usuario, y por tanto, interactivas.

¿Inteligencia artificial?

Retomo lo dicho antes, la reacción del contenido debe ser inteligente.  En este sentido me viene a la mente una fantasía que ronda nuestras cabezas desde que se creó el primer ordenador, la posibilidad de desarrollar máquinas capaces de tomar decisiones inteligentes más allá de repetir unos patrones preestablecidos. Ya en 1966, Joseph Weizenbaum diseñó el programa informático Eliza que pretendía mantener una conversación inteligente con el usuario, empleando para ello una serie de palabras clave. El problema de estos bot conversacionales, lo era entonces y lo sigue siendo ahora, es que realmente no saben lo que están diciendo. En cualquier caso, sirva de consuelo que la mejora en el desarrollo y diseño de estos programas, incorporando nuevos algoritmos de inteligencia artificial e interactuando con los ya existentes repositorios de contenido que utilizamos en e-learning, nos debe permitir vislumbrar que podrían tener una interesante aplicación en pos de alcanzar la tan ansiada interactividad de los contenidos.

 La clave, metodología interactiva

Hablando de formación no podemos dejar de considerarla como un proceso vivo, que fluye, que cobra su razón de ser desde la propia idiosincrasia del individuo y de sus necesidades de aprendizaje. En este sentido, el e-learning representa una oportunidad innegable para interconectar personas y contenidos, por lo que la interactividad trasciende los límites del contenido mismo. Por esta razón debemos hablar, en el mismo rango de importancia, de interactividad entre el alumno y el formador, y entre los propios alumnos. De hecho, el uso eficiente de la tecnología por parte de todos los que se ven inmersos en este proceso de formación es lo que realmente la convierte en una vía de aprendizaje capaz de incrementar la limitada interactividad del contenido “enlatado”. Así por ejemplo, cuando alumnos y formadores van superponiendo capas de información sobre dichos contenidos, gracias a la integración de las redes sociales, nuevos contenidos embebidos, etc. el resultado final termina por ser mucho más rico y significativo. Por ejemplificar lo que acabo de comentar diría que se trata de algo similar a lo que encontramos en la realidad aumentada, cuando el usuario accede a información sobre aquellos elementos con los que interactúa, solo que en esta ocasión es el propio alumno quien construye su propia “realidad”, aumentando el significado de los contenidos mediante sus aportaciones y las de otros.

Redes sociales, contenidos distribuidos e innovación

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“El modelo de e-learning, de aprendizaje basado en el contenido, producido por publicadores, organizado y estructurado en cursos y consumido por los estudiantes está agotado. Los nuevos modelos apuestan por la apertura. Se acabaron los jardines vallados: las redes sociales y de contenidos distribuidos a través de servicios son el futuro.”

Así de rotundo y de claro lo expresaba Stephen Downes en 2008, presentando un escenario que dista mucho de la ortodoxia en el sector educativo. Se trata de una afirmación tan categórica que garantiza el escozor de ojos a aquellos que defienden un modelo de producción tayloriana de contenidos bajo una mentalidad puramente mercantilista de la formación. Pero, estemos de acuerdo o no, la perspectiva del tiempo va dejando entrever cambios significativos en la línea de lo que comentaba Downes.

No podemos negar que resulte difícil asumir cambios tan drásticos, sobre todo cuando este planteamiento supone socavar las reglas del juego que han regido la educación hasta nuestros días. Unas reglas que establecían una clara separación entre profesor y alumno, entre proveedor y consumidor, entre gurús y fieles seguidores.  En definitiva, un sistema que identificaba claramente quien estaba en posesión del conocimiento y de la sabiduría, bajo qué estrictas condiciones se producía el aprendizaje y qué méritos eran necesarios para acceder a cierto grado de reconocimiento (titulaciones de cualquier índole).

Jardines vallados en e-learning

Ya he comentado en alguna ocasión que el e-learning ha supuesto poca innovación si echamos la vista atrás. Claro que hemos incorporado tecnología a la formación, pero eso más que innovación ha sido el equivalente a la modernización de un sector.

Es evidente que no es la tecnología por sí misma la que agrega valor al proceso educativo, sino la forma en la que ésta es utilizada o aprovechada por docentes para desarrollar nuevos modelos pedagógicos y para enriquecer el proceso de enseñanza y aprendizaje.

De Saint Pierre (2009)

En definitiva, más de lo mismo pero con nuevos medios. Hemos seguido construyendo jardines vallados en los que de manera reiterada tanto el contenido como la plataforma han sido los principales valedores de nuestro trabajo. Hemos protegido con esmero, y no sin cierto oscurantismo, toda pieza de contenido que salía de nuestras factorías, pensando que la inversión técnica y conceptual así lo merecían. Por tanto, una forma de entender el aprendizaje basado en “objetos” que se consumen, más que en dinámicas de relación y de conversación que se producen a partir de ellos.

Amateurismo de masas y contenido generado por el usuario

Así las cosas, frente a este modelo de producción de contenidos y de formación, nos encontramos ahora una incesante oleada de nuevos creadores que comienzan a generar valor en esta sociedad del conocimiento, amparados en lo que Clay Shirky (2008) definió como “amateurismo de masas”, caracterizado por la disponibilidad de tecnologías para amateurs que solo eran accesibles antes para los profesionales. De hecho, el desarrollo de herramientas y sitios web destinados a que cualquier persona pueda crear sus contenidos, compartirlos y distribuirlos en el ecosistema informativo tiene un peso específico en la web 2.0. Podemos encontrar herramientas gratuitas para generar cursos y webs en las que alojarlos, podemos encontrar páginas que te permiten crear una escuela online para emitir videoconferencias en directo o en diferido, etc. y todo ello dejando a elección del creador amateur la posibilidad de cobrar o no por sus desarrollos. No hablemos ya de la importancia que tienen hoy en día otros espacios de contenido generado por el usuario como los blogs, podcast, etc. Su influencia en nuestros días está lejos de toda duda, y muchos de estos creadores son en la actualidad auténticos líderes de opinión en determinadas materias (a modo de ejemplo podéis ver los blogs de Dolors Reig, Enrique Dans y otros tantos que podéis encontrar en mi blogroll).

En resumen, vivimos una era marcada por eso que llamamos empoderamiento y que nos hace ser un poco más iguales, o al menos, algo más libres a la hora de elegir nuestros referentes formativos. En este punto consideremos la importancia del aprendizaje informal, aquel que surge sin más preámbulos que la sola actitud receptiva hacia los estiímulos que giran a nuestro alrededor. En este sentido, las redes sociales se han convertido en un auténtico manantial del conocimiento por donde brota un flujo incesante de “contenidos”.

Buscando soluciones innovadoras

Ante estos cambios, las empresas del sector de la formación solo tienen dos formas de alcanzar una competitividad sustentable, como afirma Jonas Ridderstrale:

“…….o explotan las imperfecciones del mercado o las imperfecciones del hombre (innovación desde el lado de la oferta o del de la demanda). La primera representa innovación racional, creando modelos de negocio únicos, mientras que la última construye innovación emocional a fin de crear estados de ánimo que atrapen a los usuarios.”

En cualquier caso, sea cual sea el camino que se escoja, parece evidente que el usuario debe estar en el centro de cualquier innovación, ya que es quien construye su aprendizaje a través de la reinterpretación de los materiales docentes, a través de la evocación de nodos, de la conversación con otros alumnos o no-alumnos, etc.

En un post anterior ya planteaba alguna de estas cuestiones y sacaba a colación un interesante artículo de Kevin Kelly sobre la gratuidad de los contenidos y la necesidad de potenciar las cualidades “generativas” para mejorar el modelo de negocio. Os dejo el link por si queréis ampliar información: “El e-learning tiene que reinventarse”

e-learning y redes sociales: 3 reflexiones

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Duración del video: 1 minuto

Somos cada vez más los profesionales del e-learning que apostamos por aplicar una pedagogía abierta y colaborativa en la que el alumno se convierta en eje central de todo lo que sucede en su proceso formativo, desde el diseño de su propio entorno de aprendizaje (los denominados Personal Learning Environment), la selección de los contenidos o la intensidad de sus interacciones con el resto de participantes (y parece que el espacio en el que se producen estas interacciones son las redes sociales). Éste es el horizonte que alcanzamos a ver pero, desde el punto en el que nos encontramos, nadie puede negar que aún quede un enorme camino por recorrer. La mayor parte de las plataformas continúan reproduciendo el modelo escolástico, los contenidos se distribuyen al más puro estilo broadcasting con una pretendida interactividad que no supone otra cosa más que incrementar absurdamente el número de clics, y la evaluación sigue anclada en un modelo normativo y generalista en el que todo está preconcebido y predefinido.

Cambian los medios, pero ¿cambian nuestro enfoque, nuestra concepción de la educación?

Visto lo anterior, parece que pocas cosas han evolucionado a pesar de que el avance de la tecnología nos ha hecho ver un espejismo en el desierto. Tan sedientos estamos de encontrar nuevas estrategias para lograr  que los alumnos aprendan que la imagen desdibujada del oasis tecnológico nos hace correr agónicamente en su dirección sin pensar que quizá el suelo que pisamos es el mismo al que nos dirigimos. Ahora más que nunca se hace necesaria la innovación disruptiva, es decir, aquella que cambia las reglas del juego en un contexto aún por descubrir, y lo que es más importante, aún por construir. Desafortunadamente, nuestra mentalidad cartesiana, más marcada si cabe cuando hablamos de la óptica empresarial, nos lleva a tomar decisiones en base a modelos que intentan prever el futuro utilizando datos del pasado.

“…..eso es como conducir un coche mirando por el retrovisor: si la carretera es recta y no giras el volante, no pasa nada y todo el mundo piensa que sabes lo que haces. Ahora bien, si giras cuando no hay curva o tiras recto cuando la hay, te vas directo a la cuneta y la gente se ríe de tu incompetencia….”

Xavier Sala

¿Han cambiado también los alumnos?

Sin duda alguna mi respuesta a esta pregunta es afirmativa y viene a colación un caso de estudio conocido como “El mono número 100”. En esta investigación que data de los años 50 se viene a concluir que una especie animal puede desarrollar nuevos patrones de comportamiento, de manera espontánea y a partir de cierto momento, cuando previamente se alcanza una masa crítica de individuos que realizan esa misma conducta de manera aprendida. Los resultados de la investigación son cuestionables y hay mucho de mito entorno a ella pero nos vale para ilustrar lo que estamos tratando. En nuestro caso, el uso generalizado de las redes sociales está impregnando a la sociedad de una nueva forma de comunicarnos, de relacionarnos y de enfrentarnos a problemas locales y/o globales que representan un cambio cultural sin retorno. Este fenómeno nos lleva al empoderamiento del individuo que pasa a estar en el centro de las cosas, participando de decisiones que hasta ahora le eran vetadas.

En la metodología e-learning, el uso de redes sociales no puede ser sino una prolongación más de lo que ya sucede en otros ámbitos de la vida. Su uso aún incipiente en los procesos de formación deberá necesariamente cobrar un marcado protagonismo porque no podemos limitar lo que ya constituye un derecho adquirido del individuo, la posibilidad de interactuar con otros, de compartir conocimientos y experiencias y de crear en comunión con otros. Es en virtud de esta interacción como se generan contenidos significativos para el alumno. En esencia, se trata de poner en valor la inteligencia colectiva que representa la web 2.0. y el excedente cognitivo que enunciaba Clay Shirky en su libro “Cognitive Surplus: Creativity and Generosity in a Connected Age“.

¿Qué sucede con el flujo incesante de información?

Ya sabemos que esta interacción generativa que permiten las redes sociales, entre otros, incrementa exponencialmente la cantidad de nodos de información (que no formación) a los que tenemos acceso. A priori,  podemos pensar que esta circunstancia representa un problema para el individuo por la cantidad de “ruido” al que se enfrenta, fenómeno consustancial al carácter social, abierto y plural de la Web 2.0 y que la convierte además en un espacio caótico y en permanente movimiento (os enlazo mi post sobre “Aprendizaje, Web 2.0 y teoría del caos”). En cualquier caso, una especie de darwinismo atencional innato al ser humano hace que filtremos ese flujo incesante de información, sin olvidar también que, en este contexto, la labor del formador tiene un papel relevante como director de orquesta, quien debe saber armonizar e integrar todos y cada uno de los instrumentos en beneficio de un resultado final que supera la suma de las partes. En este sentido, la empatía y la capacidad de gestión desde su visión de conjunto deben ser su batuta, aunque será el alumno, en última instancia, el responsable de tomar el impulso necesario para tocar el instrumento.

Anatomía descriptiva de un proyecto de e-learning

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A menudo podemos encontrar curiosas coincidencias entre aspectos de la vida completamente dispares  que, sin embargo, esconden un funcionamiento y estructura con asombrosos paralelismos. Si hablamos del cuerpo humano y de un proyecto de e-learning, pocos alcanzarán a priori a vislumbrar su semejanza, pero analizando sus componentes y funcionamiento veremos que todo cobra sentido.

 

Sistema nervioso

Posee las funciones de control sobre el organismo. El sistema nervioso es capaz de recibir e integrar innumerables datos procedentes de los distintos órganos sensoriales. Es el responsable de funciones intelectivas como la memoria, las emociones o las voliciones. En un contexto empresarial, será el departamento de formación o  en su defecto el de recursos humanos, el encargado de asumir esta función. Detectar necesidades de formación, adoptar una respuesta emocional madura y provocar el impulso necesario con objeto de que el organismo comience a funcionar para enfrentarse a estas necesidades.  Particularmente importante la capacidad de recibir información. Como sabemos, ésta puede provenir del exterior, como cuando recibimos un impulso nervioso que nos indica que nos estamos quemando la mano al ponerla sobre una superficie caliente, o bien del interior, cuando el origen del impulso nervioso se encuentra dentro del propio organismo, caso de una contractura muscular. Las necesidades de formación pueden venir motivadas igualmente por condicionantes  externos o internos.

 

Otro aspecto interesante es el de la memoria. En base a la experiencia previa es como podemos modular nuestro comportamiento frente a situaciones futuras similares. Por tanto, el departamento de formación deberá monitorizar la experiencia formativa y evaluar los resultados obtenidos con el objetivo de mejorar en sucesivos proyectos.  De esta forma, una vez concluido éste, y también durante el desarrollo del mismo, habrá que plantearse si el proveedor de contenidos es el adecuado, si la plataforma reúne las herramientas necesarias, si el tutor realiza su trabajo acorde al modelo pedagógico previamente definido, etc. ya que todos estos factores pueden romper el equilibro homeostático del sistema.

 

Sistema circulatorio

En el cuerpo humano, este sistema es el encargado del trasporte de la sangre a través del cuerpo. Ésta recoge el oxígeno de los pulmones y los nutrientes del intestino. Si hablamos de formación e-learning, son las herramientas de interacción las que realizan esta labor. Representan auténticas autopistas por las que circula la energía necesaria para que el organismo se mantenga activo. Dado el carácter social que va cobrando la formación e-learning gracias a la aparición de nuevas herramientas y perfiles de usuario, es innegable que uno de los pilares de esta metodología debe sustentarse en que la información fluya de manera ágil, rápida y en todas las direcciones.

 

Sistema respiratorio

Es el encargado de aportar oxígeno a la sangre. Este componente procede del exterior del organism o y , p or tanto, en la formación e-learning viene a estar representado por todas aquellas partículas de información que e n riquecen el flujo de contenidos. Y claro está que cuanto más puro sea el oxígeno, mejor, por lo que habr á que filtrar adecuadamente todo lo que entra al organismo. Ya he hablado en alguna ocasión de la sobreab undancia d e información (recomiendo ver el post “Sobrecarga cognitiva: 3 reflexiones”), pero es un rasgo inherente a la Red, y que habrá que prestar enorme atención a la hora de gestionar esas fuentes de información externas (post, wikis, videos y podcast de 3º, etc.).

 

Sistema esquelético

Se trata del siste ma biológico que proporciona soporte y apoyo a los tejidos blandos y músculos en los organismos vivos. Si hablamos del aspecto estructural del elearning, coincidiremos en que es la plataforma o LMS el elemento que asume esta función. En relación con este “sistema esquelético” mi percepción es la siguiente. En el sector del e-learning, a menudo, actuamos como si evolucionar consistiese únicamente en incorporar herramientas novedosas a nuestra plataforma. Esta tendencia a la agregación de herramientas es, permitidme la comparación, engordar el cuerpo, añadiendo peso a una estructura ósea que por definición tiene que ser ágil y resistente para correr más y mejor. Es maravilloso disponer de una herramienta de videoconferencia pero ¿es útil en todos los cursos?. Resulta fantástico que los alumnos puedan acceder a un laboratorio virtual a través del LMS pero ¿lo usan y lo demandan nuestros alumnos? Si no se contempla el uso del chat en el modelo pedagógico y no se pretende fomentar la participación en tre los alumnos ¿conviene tenerlo? Me atrevería a decir más, ¿éstas y otras herramientas funcionan debidamente como para ser integradas con éxito en nuestro modelo formativo? Son cuestiones que conviene meditar, asumiendo como es lógico que cada acción formativa puede requerir un abordaje distinto desde el punto de vista técnico y pedagógico.

 

Sistema muscular

En nuestro cuerpo, este sistema está conformado por más de 600 músculos cuya función principal es generar movimiento, ya sea voluntario o involuntario. Este sistema, que está controlado por el sistema nervioso , permite que el esqueleto se mueva y mantenga su estabilidad. Pues bien, hablo de músculo pensando en la f unción tutorial. En conexión directa con el departamento de formación o con RRHH, el formador debe provocar el movimiento del sistema. Debe recoger el impulso del sistema nervioso, apoyarse en el sistema esquelético y usar el oxígeno que aporta el sistema respiratorio. En definitiva, diseñar una estrategia formativa que se adapte a necesidades concretas de los alumnos, emplear adecuadamente las herramientas que proporciona la plataforma, alimentarse de los recursos formativos de la Web y fomentar espacios de comunicación y colaboración.

 

Sistema reproductor

Es el conjunto de órganos que entre sus funciones principales tiene la reproducción. En el caso del ser humano, se trata además de una actividad asociada al placer del encuentro amoroso. Al margen de otras consideraciones culturales, el hecho de que sea una experiencia placentera hace que las probabilidades de repetir esta conducta aumenten considerablemente. En el caso del e-learning, y al igual que sucede en otros ámbitos, debemos proporcionar una experiencia de usuario satisfactoria. En el sector del e-learning pueden ser muchos los factores que menoscaben esta experiencia; contenidos mal diseñados, herramientas que no funcionen como es debido, formadores que no sean capaces de impactar positivamente en el alumno, etc. Por el contrario, otros muchos factores como incorporar simulaciones o serious games, entre otros, pueden contribuir a que el proceso de aprendizaje resulte una experiencia motivante y satisfactoria.

 

Sistema digestivo

Es el conjunto de órganos que tienen como función realizar la transformación de los alimentos para que puedan ser absorbidos y utilizados por el organismo. Pues bien, llegados a este punto, toca hablar de alimentación, y claro está, de contenidos. Existe una amplia variedad de ellos según la tecnología utilizada, el enfoque, la secuencia de visualización o el formato. Pero si hay una tendencia en el sector del e-learning es la de generar contenidos “enlatados”,  porque representan la comida rápida del sistema, productos precocinados y estándar.  No quiero decir con ello que sean productos nocivos ya que a menudo representan el camino más aconsejable para cubrir necesidades formativas que no requieran un desarrollo ad-hoc. Mi afirmación va en la línea de defender qu e esta “alimentación” debe ir siempre reforzada con otros productos más “ecológicos”, del mercado, es decir, lo más fresco y actual en relación a esos contenidos. De manera que retomo lo que explicaba en relación al aparato respiratorio, debemos gestionar adecuadamente todas aquellas partículas de información que se encuentran distribuidas por la Red en diferentes formatos y que enriquec en el contenido de una acción formativa.

 

Sistema excretor

Se trata del conjunto de órganos encargados de eliminar del organismo los productos de desecho. Generalizando la función sistémica de este aparato a lo que sucede en la metodología de e-learning, mi reflexión pasa por afirmar que podemos encontrar aspectos desechables en proyectos de este calibre, como una plataforma que no se ajusta a nuestras necesidades, contenidos mal elaborados o desactualizados, formadores que no dan respuesta a los requerimientos de los alumnos, etc. En cualquiera de estos casos, la reacción natural del organismo consiste en depurar dichos elementos. Por tanto, en un proyecto de e-learning,  aquello que no tenga un aporte positivo al funcionamiento del sistema debe ser descartado.

 

Visto lo anterior, bajo mi modesta opinión,  considero que un proyecto de e-learning funciona como un organismo vivo sobre el que actúan muchos y variados factores tanto exógenos como endógenos. Un sistema que debemos entender desde una perspectiva global, asumiendo que todo está interrelacionado. Como en el cuerpo humano, si alguno de estos sistemas no funciona bien, la persona verá mermada su calidad de vida y necesitará una terapia u operación para poder volver a su estado homeostático. Y tengamos en cuenta otra consideración. Este funcionamiento tiene que hacerse de manera coordinada para que el organismo pueda desarrollar tareas complejas. Pues bien, en e-learning, cada uno de sus componentes (contenidos, actividades, LMS, docentes, etc.) concurren en una misma función, el aprendizaje del individuo, y solo cuando ejercen su función de manera general y coordinada, logran que el sistema trabaje adecuadamente.

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