Klout: el ser humano es extraordinario

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¿Cómo se ha levantado tu ego esta mañana después de que Klout haya cambiado sus algoritmos? Aún no me he parado a leer con detenimiento lo que dice el blog oficial de Klout, pero a buen seguro que habrá sido una decisión meditada y que mejorará el servicio. Pero… (el 27 de octubre escribí este post horas después de que Klout causara un aluvión de comentarios en la Red por haber cambiado inesperadamente sus algoritmos. A partir de aquí, creo mi reflexión puede sostenerse sin temor a la caducidad a la que están condenados muchos de nuestros post).

Mi post no pretende analizar si Klout lo ha hecho bien o no, sino en destacar la reacción de patio de colegio que se intuye entre algunos adictos a mirarse frente al espejo de los números. Esta actitud vanidosa que se deja entrever entre algunos usuarios de este servicio se traduce en reacciones que van desde la pataleta por haber bajado puntos hasta la mirada altiva de quien ha subido peldaños. Y este fenómeno no deja de ser un tema digno de estudio sociológico por cuanta información aporta sobre cómo funcionamos una parte de la sociedad.

Me viene a la mente un enternecedor anuncio de Aquarius que decía: “el mundo está loco, el mundo está loco…..“, “No, el ser humano es extraordinario”. Realmente, la gente puede hacer cosas increíbles y puede manifestar comportamientos aún más asombrosos. ¿Es este el caso? Cada cual que saque sus propias conclusiones.

El algoritmo de Klout, como el de Google, aún no se conoce con detalle pero parémonos a pensar por un momento que, por muy sofisticada que sea la fórmula empleada, resulta difícil, por no decir imposible, reunir y cuantificar todos los factores que nos definen como profesionales y como personas. Hay en nosotros tanto de aspectos tangibles como de intangibles. Aún así, creo que es fantástico contar con herramientas que, como Klout, nos dan “bocados de realidad” (sobre todo para alimentar nuestros egos). De hecho, ya escribí un tutorial sobre esta herramienta hace algunas semanas. No obstante, conviene no perder el norte y obrar con la suficiente cordura como para no considerarlo dogma de fe.

Permitidme que me desvíe del tema parcialmente. En mis últimos post he hablado sobre la gamificación aplicada al aprendizaje. Una estrategia que bien empleada podría ayudarnos a incrementar la motivación y compromiso del alumno. He destacado la importancia de conectar con las emociones del ser humano a través de la dinámica de los juegos y he señalado con la misma rotundidad los riesgos de no saber utilizar esta estrategia. Riesgos como focalizar la atención del alumno en aspectos ajenos a la formación que podrían contaminar el proceso de aprendizaje. Cuestiones que deben hacernos reflexionar sobre el riesgo de trivializar ciertos temas cuando no hacemos un planteamiento serio.

Aplicado al ámbito de los medios sociales, creo que Klout podría ser un buen ejemplo de gamificación. Nos gusta compararnos con los iguales, tener una posición destacada dentro de un ranking, alcanzar un determinado perfil de entre los muchos que maneja la herramienta (¿el equivalente a las insignias de Foursquare?), etc. Desde luego, a tenor del grado de penetración que ha experimentado en los últimos meses y viendo los comentarios que está suscitando con este cambio de algoritmo, al menos podemos estar seguros de una cosa: la fórmula de la gamificación les funciona :)

Social Media, la importancia del conocimiento no experto

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Es innegable la repercusión que los Social Media están teniendo en la labor de branding de las empresas, al menos, en aquellas que han tomado conciencia de que no estar presente en la conversación de Internet, es un riesgo no asumible. No podemos evitar que se hable de nosotros a pesar de que no estemos presentes en los Social Media, por tanto, mucho mejor si participamos activamente, escuchamos lo que se dice de nuestra marca, y respondemos a los comentarios de los usuarios.

En la labor de branding, muchas empresas se empeñan en recitar un leitmotiv comercial sin entrar a conversar con los usuarios, por lo que sus mensajes quedan inertes y carentes de sentido, puesto que no son más que palabras vacías de sentido, que además aburren. Y es que los mensajes que lanzan las empresas no gozan de credibilidad si no van acompañados de los testimonios y opiniones de las personas que finalmente consumen estos productos o servicios. De hecho, los hábitos de consumo han cambiado. Ahora, cuando vamos a comprar algo, posponemos nuestra decisión hasta buscar opiniones de otros usuarios en Internet. Con ello intentamos rebajar nuestra ansiedad y reafirmarnos en lo que vamos a adquirir.

¿Qué tipo de información buscamos? Habitualmente, recurrimos a personas que nos ofrecen un conocimiento “no experto”, pero sí impregnado de práctica real y experiencia cercana, ya que esta información es  la que nos convence en última instancia. De hecho, esta interacción entre iguales posee una influencia muy relevante y es lo que encontramos precisamente en las redes sociales (frente a un 14% de las personas que confía en los anuncios, el 78% hace caso de lo que opinan otros consumidores). Podríamos decir que se produce un efecto similar al conocido en psicología como “sala de espera”. Cuando acudimos al médico, en los minutos previos a entrar en la consulta, entre las personas que están esperando frecuentemente se produce una trasferencia de emociones y vivencias personales que condicionarán el desarrollo posterior de los hechos (positiva o negativamente). En nuestro caso, salvando las distancias con el ámbito sanitario, los consumidores tienden a hacer extensibles a los demás sus impresiones y experiencias acerca de un producto o servicio. Primero, porque nos satisface hacerlo (desde que somos niños, nuestro aprendizaje y desarrollo personal se basan en la interacción con los demás, interiorizando pensamientos y creencias acerca de nosotros mismos y del mundo que nos rodea) y segundo, porque podemos (ahora, más que nunca, Internet nos permite llegar a donde antes era inimaginable).

En definitiva, los Social Media, como espacios en los que los usuarios hablan de nuestra marca y en los que se perfila nuestra reputación digital, se convierten en auténticos “trade-center”. De ahí la importancia de conversar con los usuarios con la autenticidad que nos demandan. Y si los mensajes que recibimos son negativos, habrá que encajar las críticas, reflexionar en qué nos equivocamos y responder con enormes dosis de humildad.

Os dejo un video muy ilustrativo sobre cómo funcionan los Social Media.