15 consejos para formadores

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Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común. Proverbio árabe.

Cualquiera que sea la modalidad formativa, pueden identificarse una serie de puntos críticos que determinarán el éxito o el fracaso en nuestra labor docente. Desde mi experiencia, y sin ánimo de ser exhaustivo, permíteme que comparta contigo algunos de ellos:

    1. Lograr la participación de los alumnos. Las actividades que propongamos deben estar bien diseñadas y resultar significativas para los alumnos. Uno de nuestros objetivos como formadores consiste en eliminar la posible brecha de participación que puedan mostrar ciertos colectivos.
    2. Reconducir y enfocar la conversación. Dando por hecho que hayamos salvado el primer obstáculo de la brecha de participación, podemos encontrarnos que durante la conversación didáctica el tema central a tratar pase a diluirse en favor de cuestiones menos relevantes. En estos casos considero que no debemos intervenir bruscamente, sino analizar la conversación entre los alumnos y aprovechar cualquier comentario para retomar el tema, bien sea resumiendo lo dicho hasta el momento o formulando una nueva pregunta que suscite interés.
    3. Que la logística funcione. Los materiales y herramientas que vayan a emplearse durante la formación deben ser revisados antes del comienzo. Atención especial requieren aquellos elementos que puedan condicionar drásticamente nuestra labor. Por ejemplo, en el caso del e-learning, la tecnología se convierte en el propio entorno formativo por lo que es imprescindible que ésta funcione de manera adecuada en todo momento.
    4. Ubicar la acción. Es importante contextualizar los contenidos para que el alumno comprenda el por qué y el para qué. Aprendemos mejor cuando conocemos hacia donde se encaminan nuestros esfuerzos.
    5. Saber cerrar la sesión con conclusiones. Las personas necesitan recapitular lo aprendido hasta cierto momento de la formación. Por este motivo es importante resaltar de manera resumida las ‘ideas fuerza’ trabajadas en cada sesión.
    6. Utilizar los silencios. Todos necesitamos tiempo para pensar y reflexionar. Dinamizar una acción formativa supone provocar esos momentos de reflexión. Ahora bien, debemos hacerlo en su justa medida ya que abusar de los silencios puede hacer desfallecer el ritmo de la formación y la concentración de los participantes.
    7. Lograr insights. Decía Galileo Galilei que no se puede enseñar nada a un hombre, sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo. Pues bien, ayuda a tus alumnos a que se formulen sus propias preguntas y dale pistas para que no se sientan abrumados o perdidos.
    8. Aprender a través de la experiencia. “La sabiduría es hija de la experiencia” decía Leonardo Da Vinci. Por tanto, si ‘la práctica es el mejor maestro’, deberíamos recurrir “learning by doing” (aprender haciendo) siempre que nos sea posible.
    9. Transformar la formación en una experiencia divertida. El acto de aprender es muy gratificante para cualquiera de nosotros (eleva nuestra autoestima, amplifica nuestras habilidades, etc.) pero tenemos que esforzarnos en convertir el proceso de educativo en una actividad más motivadora y divertida. Tienes a tu alcance varias estrategias. La gamificación puede ser una de ellas (puedes ampliar información aquí y aquí).
    10. Lograr que todos se sientan respetados. La formación no debe centrarse únicamente en contenidos, sino también en actitudes y valores. El respeto mutuo y aceptar opiniones distintas a las propias son habilidades transversales necesarias para vivir en sociedad.
    11. Conocer los estilos de aprendizaje de los alumnos. Cada uno de nosotros tiene una particular forma de aprender. Incluso cada individuo puede utilizar estrategias distintas en situaciones diferentes (véase la rueda de aprendizaje de Kolb). En definitiva, conocer estos estilos cognitivos puede ayudarte a segmentar a tus alumnos y a adaptar tus estrategias didácticas.
    12. No caer en la monotonía. Los procesos monótonos y rutinarios son muy desmotivantes. Cambiar el ritmo, los medios utilizados y las actividades en base a una planificación previa y con moderación puede ser una buena idea.
    13. Escuchar ideas y comprender emociones. Las emociones están presentes en toda actividad del ser humano. Si sabemos interpretarlas nos resultará más fácil gestionarlas. Por ejemplo, durante el proceso de aprendizaje el alumno puede mostrar síntomas de frustración, miedo, amenaza, etc. Identificar estas situaciones a tiempo puede evitar que muchos alumnos abandonen o simplemente se queden rezagados.
    14. Gestionar tus propias emociones. Determinadas situaciones pueden ponerte al borde del abismo. Todos los que nos dedicamos a la formación conocemos el amargo sabor de la frustración por no conectar con determinados alumnos. No desesperes, acepta tus limitaciones e intenta aprender de estas dificultades. Como decía Albert EinsteinBusca la simplicidad en el desorden. Busca la armonía en la discordia. En el corazón de la dificultad se encuentra la oportunidad”.
    15. Crear redes de conocimiento. Cualquier proceso de formación puede ser una oportunidad inmejorable para que ayudemos a los participantes a tejer su red de conocimiento. El aprendizaje es un continuo a lo largo de nuestra vida (lifelong learning) y no termina cuando finaliza un curso. Como formador puedes contribuir a que esta red sea robusta, fluida y permanente.

A buen seguro pueden incorporarse otros elementos críticos a tener en cuenta durante la formación, ¿cuáles añadirías?

Inversor interno, capital de confianza para las empresas

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La ventana de tiempo para la innovación se hace cada vez más pequeña y obliga a las empresas a ser más ágiles en la toma de decisiones. Paradójicamente, aun considerando que la innovación sea necesaria para afrontar los retos que plantea la actual situación económica, la reacción de numerosas empresas está siendo precisamente la contraria, es decir, recortar recursos y demorar la toma de decisiones empresariales ligadas a la innovación (¿te suena eso de “el exceso de análisis que lleva a la parálisis”?).

La incertidumbre financiera se abre paso en todos los sectores convirtiéndose en un killer de la inversión en innovación. Esta reacción que pone de relieve buena parte del tejido empresarial, pese a que en el plano humano es comprensible, en las empresas produce desaceleración y pérdida de oportunidades. Y a esta delicada situación debemos añadir otra circunstancia. Las empresas necesitan más que nunca de empleados alineados y comprometidos con los proyectos. Trabajadores que puedan producir resultados extraordinarios en un entorno cada vez más convulso y cambiante.

¿Cómo impulsar la innovación?
Por muy sofisticada que sea una empresa, siempre son personas las que toman las decisiones y en todas ellas el plano emocional está muy presente. Negarlo sería una necedad. Ahora bien, ¿cómo nos afecta ese plano emocional? Pues de muchas y variadas formas, tantas como emociones conforman nuestro universo interior. Pero si tuviese que destacar una emoción particularmente destacable en nuestros días es el miedo. Miedo porque lo que ayer funcionaba, hoy no. Miedo porque no sabemos cómo afectarán las medidas del gobierno a un sector particular. Miedo porque no sabemos como nuestros productos serán acogidos una vez que los pongamos en la calle. En definitiva, miedo a lo desconocido, a la ‘terra incognita’. Pero el problema no es la incertidumbre en sí misma sino cómo ésta es percibida, ya que bien puede representar tanto una oportunidad como una amenaza.

Para el empresario, este esfuerzo por superar inseguridades y el miedo a lo desconocido, puede ser canalizado a través de políticas internas de trabajo que estén apoyadas en la transparencia y en la colaboración de los empleados (‘los miedos compartidos pesan menos’). En mi modesta opinión, esta búsqueda de apoyos en el seno de una organización debe ser un puntal esencial en toda estrategia empresarial contemporánea. A priori, las empresas cuentan con una situación de partida ventajosa. Seamos conscientes de ello o no, cuando trabajas en una empresa estás haciendo una elección y estás invirtiendo tu tiempo y tus capacidades en una compañía y no en otra. Ahora bien, ¿podemos invertir algo más? Mi respuesta es afirmativa a pesar de todas las matizaciones que podamos plantear. Pero permíteme que ahonde un poco más. Piensa que en tu empresa te permitiesen invertir dinero en alguno de sus proyectos. Esta figura es la del inversor interno. ¿Acaso no sería una decisión más racional que meter nuestro dinero en la bolsa? Conoces desde dentro cómo funciona tu empresa, en qué sector opera, con qué socios estratégicos, etc. incluso puede que tú mismo estés involucrado en el desarrollo de alguno de estos proyectos (si no ves posibilidades de éxito en ninguno de los proyectos de tu empresa, a buen seguro algo está fallando, piénsalo por un momento). Ahora bien, el empresario no estaría recibiendo únicamente capital monetario, sino algo aún más importante, capital de confianza.

El rol del inversor interno
Como trabajadores conocemos muchos de los proyectos que están parados encima de una mesa hasta que soplen mejores vientos. Puede que esos vientos nunca lleguen o incluso que cuando lo hagan su fuerza sea de tal magnitud que desarbolen tu nave. En cualquier caso, de lo que estoy seguro es que no se puede avanzar con el freno de mano echado. A veces, la ilusión y el entusiasmo de los trabajadores por sacar determinados proyectos se encuentra con la negativa del empresario, quien finalmente puede optar por aparcarlos, posponerlos, descartarlos o cualquier otro verbo que flote en el abismo del “no”.

Retomando la idea anterior del inversor interno, el capital invertido puede ser un motor de la innovación. El miedo paralizante se supera con confianza y confianza es lo que representa cada euro que un trabajador decide invertir en un proyecto concreto de su empresa. Ante semejante tesoro, ¿piensas que el empresario puede quedar indiferente? No lo creo, salvo que otros factores nublen el sano juicio. Con este caudal extra de confianza pueden alcanzarse metas extraordinarias ¿no te parece?.

Cómo implementar este modelo de inversión interna
A priori, se me antoja que no es complicado. Si en tu empresa existe contabilidad analítica, cada proyecto tiene su propio centro de costes, por lo que resulta fácil identificar cada euro que se invierte, y los gastos que genera tanto su desarrollo como su puesta en marcha. Esto permitiría obtener de manera clara y transparente el porcentaje de participación de cada inversor interno sobre el proyecto y, a partir de aquí, sus beneficios caso de que los hubiera. La empresa puede emitir factura al inversor en concepto de su aportación. Y en cuanto al periodo de liquidación también se podría negociar entre empresa e inversor, siendo la propia nómina del trabajador un medio de pago válido (por ejemplo, en concepto de gratificación a final de año).

En pleno siglo XXI, la empresa, los mercados, el sistema financiero, y sobre todo, las personas, hemos cambiado. Insisto en que lo que en otro momento funcionaba, hoy no, de modo que estamos ante la necesidad de reinventarnos. Este post es sólo una reflexión en voz alta y me gustaría conocer tu opinión a través de los comentarios. Ahora sí, es el momento de las matizaciones…

El efecto ‘Fade In’ en Prezi

Como toda herramienta de la web 2.0 que marca tendencia, Prezi está en permanente proceso de evolución y mejora. Prueba de ello es la nueva característica llamada ‘Fade In’ que han incorporado recientemente. En términos cinematográficos este concepto podría traducirse como fundido de entrada, es decir, que un determinado elemento que no aparece en pantalla se nos muestre con cierta delicadeza.

En el caso que nos ocupa, es decir, una herramienta para diseñar presentaciones, estos efectos de entrada pueden ayudarnos a dosificar los conceptos o imágenes que vamos presentando. Así, este recurso permite, por un lado, dar tiempo a la audiencia para que reflexione en determinados momentos de nuestra presentación que previamente hayamos identificado como estratégicos y, por otro, que las personas centren su atención en el discurso del orador. Este aspecto no es baladí ya que cuando tenemos que exponer algo públicamente, a menudo, caemos en el error de apoyarnos en exceso en el recurso visual, desviando así la atención hacia el elemento de soporte (en este caso Prezi). El resultado que conseguimos con este abuso del aspecto gráfico o multimedia en nuestras presentaciones es provocar fuegos de artificio, pasando a un segundo plano el elemento protagonista de la presentación, es decir, la persona que expone.

Hecha la reflexión anterior, os dejo aquí un sencillo videotutorial sobre esta nueva funcionalidad. Espero que os resulte útil.

 

Aprovecho para recomendar el blog 2punto0 en el que encontrarás numerosos recursos educativos, y a través del cual tuve conocimiento de esta característica.

Y para concluir, si quieres leer en inglés la explicación que ofrece la web de Prezi acerca de esta nueva funcionalidad puedes pinchar aquí.