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En uno de los interesantes debates de Linkedin en los que intento aprender y hacer alguna modesta aportación, hemos estado comentando entre varios compañeros del sector (@Fjsalcedo, @danizeppelin, @MameCasas@RosarioRodri, @fer_delosrios, @inmapv, @hablelearning@Rosellustrator…) las posibles razones que impulsan a una parte de los alumnos a abandonar los cursos de elearning. Permitidme que os resuma algunos de los motivos que se han ido compartiendo:

  • Diseño escasamente motivante de los contenidos (desactualización, contenidos demasiado genéricos que no aportan nada nuevo, escasa o nula presencia de elementos multimedia, etc.).
  • Imposibilidad de descargar el contenido en versión imprimible.
  • Ausencia de feedback por parte del formador.
  • Carencia de actividades que sean realmente significativas para las necesidades que presenta el alumnado.
  • Escasa personalización de los contenidos (contenidos enlatados al más puro estilo “café para todos”).
  • Excesivo intervalo de tiempo de transcurre entre la solicitud para realizar un curso y fecha en la que éste da comienzo (sobre todo en algunos cursos subvencionados).
  • Falta de motivación del alumnado.
  • Baja usabilidad del sistema.
  • Fallos técnicos y demora en la resolución de incidencias.
  • Gratuidad de la formación (lo que no cuesta no se valora y esto puede traducirse en falta de implicación por parte algunos alumnos).

Obviamente el debate no tendría tanto interés si tan solo nos hubiésemos quedado en la mera crítica pero, por fortuna, no está siendo así y de hecho se han apuntado algunas ideas interesantes que podrían cubrir estas carencias. Algunas de las propuestas para evitar que los alumnos abandonen la formación eLearning han sido:

  • Permitir una auténtica personalización de la formación, es decir, que los contenidos se ajusten a las necesidades del individuo y que la plataforma sea lo suficientemente versátil como para ofrecer las herramientas que el alumno requiera (no impuestas).
  • Fomentar el feedback permanente hacia el alumnado dándole claves acerca de sus progresos.
  • Reducir al máximo los tiempos de respuesta del formador.
  • Fomentar el networking online dentro del propio curso.
  • Desarrollar contenidos que sean multidispositivo (PCs, tablets, smartphones, etc.).
  • Incorporar simulaciones que permitan poner en práctica los conocimientos adquiridos.
  • Dotar al entorno de formación de una capa lúdica que contribuya a incrementar la motivación y el grado de compromiso e implicación durante el mismo (si os interesa esta cuestión aquí podéis acceder a un post que dediqué al tema).
  • Crear dinámicas comunicativas eficaces, bien sea a través de los propios medios digitales o recurriendo a otros medios tradicionales como el teléfono o los mensajes de texto a través del móvil.
  • Incorporar sesiones presenciales cuando sea posible (modelo blended).
  • Ofrecer la posibilidad de que el alumno integre sus redes sociales en el propio entorno formativo.

Como veis, el tema sobre el que estamos debatiendo da mucho juego y debería ser un foco de atención permanente entre todos los que nos dedicamos a la formación, ya sea como proveedores o usuarios.

Antes de concluir este post, aprovecho para compartiros la traducción al castellano un esquema gráfico bastante clarificador que aparece en la presentación de slideshare de una de las compañeras que ha participado en el debate (@mrmaurizi). Se trata del modelo explicativo de la deserción de adultos en cursos online  propuesto por Park en 2007.

Para acceder al enlace de este hilo propuesto en Linkedin pulsa aquí.

Si os ha gustado estéticamente este gráfico, os diré que lo hice utilizando una aplicación llamada Upad. Abajo podéis ver un vídeo de la herramienta.