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La velocidad a la que discurren nuestras vidas hace que, a menudo, los principios teóricos sobre los que se asienta nuestra labor diaria se diluyan, se olviden o se tambaleen debido al torrente informativo que brota incesantemente en la Red. Hace unos días un amigo compartió un artículo titulado “Sin tiempo para pensar” a través de Facebook. El título me llamó la atención y le dediqué unos minutos. En el artículo se ponían de relieve algunas cuestiones que merecen una reflexión:
- Sufrimos una incesante sobrecarga cognitiva, de la que ya hablé en otro post.
- Asumimos como normal la multitarea pero ¿nos hace realmente más productivos? (una investigación de la Universidad de Stanford concluye claramente que no es así).
- Atravesamos un momento histórico marcado por la crisis de atención. La velocidad a la que recibimos y procesamos contenidos en diversos formatos es la misma con la que los olvidamos.
- El ecosistema digital nos inunda de numerosos distractores. Correos electrónicos, actualizaciones de redes sociales, webs de consulta, sms, llamadas de teléfono, etc. nos obligan a saltar constantemente de una tarea a otra. Haz una simple prueba, echa un vistazo a tu pantalla y observa cuantas ventanas tienes abiertas.
Os enlazo un post en el que desarrollan con más detalle estas cuestiones.
Dicho lo anterior, creo que requiere una mención especial la dinámica informativa en Twitter. En mi opinión, es digno de análisis el impacto que tiene sobre nosotros la caducidad de las noticias, post o comentarios compartidos en esta red social. Parece que enjuiciamos la relevancia de los contenidos solo en función de lo reciente que sea una publicación. Es como asumir implícitamente que “lo último es lo mejor”, sin detenernos a evaluar otros criterios atemporales. En esta hiperactividad digital, el espacio que separa presente y pasado es casi inexistente.
Pues bien, esta semana intentando no caer en la vorágine diaria, he logrado dedicar unos minutos a repasar parte del material que he ido desarrollando a través de los años y releí una presentación sobre los paradigmas educativos que hice en Power Point hace un tiempo (si fuese reciente tendría menos texto y estaría en Prezi, lo siento
). La tenéis más abajo por si pudiese ser de utilidad a alguien.
En resumen, ahora que tanto auge está cobrando el concepto de desaprender, creo que a veces es necesario hacer un ejercicio de revisión histórica para saber precisamente en qué estamos evolucionando. De lo contrario corremos el riesgo de “morir” infoxicados y narcotizados por esta nueva realidad que es el “aquí y ahora“. Y para evitar que eso ocurra necesitamos tiempo para pensar…