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Tras dos intensos días en La Red Innova 2011 toca reflexionar sobre las muchas e interesantes ideas que han brotado de ponentes y asistentes en torno a dos conceptos, innovación y emprendeduría. Un evento en el que se ha respirado el ambiente innovador de muchos países, pero entre los que España no es un referente por diversos motivos. Quizá el argumento más recurrente es aludir a un ecosistema que asfixia la mayor parte de las iniciativas empresariales, pero me temo que el problema va un poco más allá, como explicaré más adelante.
En cualquier caso, es justo reconocer que nuestro ecosistema sociopolítico, lejos de favorecer la creación de empresas, impone unas reglas del juego que terminan extinguiendo todo impulso emprendedor. En este sentido, la participación de Martin Varsavsky ha sido especialmente reveladora de una situación que dista mucho de ser la ideal. Me quedo con una de sus reflexiones: “a mayor creación de empresas en un país, mayor fortaleza de la economía y mejores condiciones para los trabajadores, ya que las empresas pelearán por ellos”. Es un sistema que se regenera a si mismo en base a la creación de riqueza, y por tanto, de puestos de trabajo. Y podemos decir más, cuando este sistema está saneado y genera confianza, tiene un efecto multiplicador, haciendo florecer nuevos proyectos y atrayendo a la inversión extranjera.
Visto lo anterior, parece evidente y necesario que las medidas estatales deben ir encaminadas a dinamizar el talento de un país, su bien más preciado. En relación con esto, podríamos hablar largo y tendido acerca de si la educación está encarando realmente los nuevos retos que nos impone la sociedad en la que vivimos (al hilo de esta cuestión, merece destacar la fantástica exposición de Richard Gerver sobre “Claves para una educación de futuro”).
Retomando el fenómeno empresarial, un marco político que imponga condiciones fiscales y de contratación poco flexibles, es motivo más que suficiente para frenar el impulso emprendedor, algo que en otros países anglosajones tienen asumido como la fuerza motriz que les hace ser competitivos. Parece que tienen bien aprendida una lección, la de no poner trabas a quien arriesga su dinero, invierte su tiempo y lo hace en la confianza de que su proyecto tendrá éxito más allá de su realidad individual.
Desgraciadamente, el panorama español es bien distinto y arrastra problemas aún más graves, el del inconsciente colectivo, es decir, esa voz interior que nos hace mirar con ojos inquisidores a la clase empresarial (quizá por la manipulación del miedo a la que tanto recurrimos en este país para éste y otros temas). En mi modesta opinión, los tiempos que corren imponen un cambio de cultura que nos haga desterrar viejas ideas y prejuicios. Empecemos a trabajar en un sistema realmente meritocrático, en el que las buenas ideas se hagan realidad y los buenos empresarios se vean motivados a seguir luchando. Para revitalizar el tejido empresarial en este país no hay que lanzar balones de oxígeno, hay que romper con toda una cultura, la del miedo a emprender y la del recelo hacia quien lo hace.
Os dejo con la participación en #LRI11 de Pau Garcia-Milà, un muchacho emprendedor de 23 años, que con la frescura de sus comentarios se ha convertido, bajo mi punto de vista, en la chala más motivadora de este evento (su intervención es a partir del minunto 2).
Para seguir ampliando información sobre innovación, emprendeduría y cómo nos está afectando la actual crisis económica, también puedes escuchar este podcast de Martin Varsavsky.


