mLearning: nómadas hiperconectados y aprendizaje ubicuo

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Duración video: 5 minutos

Hablar de mLearning es hablar del potencial educativo de los dispositivos móviles que portamos a diario y que nos permiten estar hiperconectados en nuestro nomadismo cotidiano. No quiero enredarme citando cifras sobre el grado de penetración de estos dispositivos, ya que todos sabemos o podemos intuir que estos aparatos que van inundando nuestras vidas, son cada vez más sofisticados y su coste tiende a ser menor. En los últimos años, la tendencia ha sido que aquello que comenzó siendo un artículo tecnológico al alcance de unos pocos, hoy ha pasado a ser un artículo de consumo más.

Los curiosos que quieran ver un incesante baile de cifras sobre el uso de la tecnología móvil podéis pinchar aquí. Solo por destacar un dato que me parece particularmente interesante citaría que en algunos países y economías emergentes, el móvil constituye la principal vía de acceso a Internet. Por su parte, la consultora Morgan Stanley defiende que en un horizonte temporal de 5 años, el número de usuarios que accedan a la Red desde los dispositivos móviles superará al que acceda vía PC (os vinculo aquí una interesante presentación de slideshare sobre el tema).

 La “mente auxiliada” por dispositivos móviles

Según afirma Daniel Bell, estas “tecnologías individuales” son instrumentos que amplían nuestras capacidades mentales, ya que la máquina permite a la mente automatizar y simplificar tareas, nos facilita la comunicación, proporciona información estructurada para tomar decisiones, etc. El impacto de esta tecnología está siendo de tal relevancia que conceptos como el de inteligencia o competencia se están viendo modificados por la propia estructura de la sociedad digital. Empezamos a aceptar que lo importante no es ya almacenar información en nuestra memoria sino saber localizar y gestionar ese conocimiento altamente distribuido, haciendo uso de los dispositivos a nuestro alcance. ¿Podría este fenómeno actuar como limitador de nuestras capacidades cognitivas o simplemente experimentamos una nueva configuración mental como parte de un proceso evolutivo mediado por las nuevas tecnologías? Me temo que éste es tema para otro post…

Aprendiendo mediante el  móvil

De forma paralela a la incesante comercialización de nuevos y sofisticados modelos de tablets, smartphones, etc. en los dos últimos años se está produciendo una mejora sustancial en la usabilidad de estos dispositivos ya que la aparición de aplicaciones nativas los convierte en un entorno cómodo y amigable. No es un tema baladí, ni mucho menos. La ubicuidad en el acceso a contenidos no sería percibida ni valorada por los usuarios de no ser porque estos terminales  y sus aplicaciones proporcionan una buena experiencia de usuario. Pues bien, parece que cada vez somos más las personas que nos regocijamos en el uso de estos dispositivos. En esta dirección apuntan algunas estadísticas que indican que un 78% de las personas con smartphone busca información en el mismo momento de la compra. Podríamos hablar aquí largo y tendido sobre cómo el “prosumidor” está cambiando el modelo de negocio en casi todos los sectores…

Pero igual que comparamos precios o buscamos datos de un determinado producto, también podemos consultar información sobre un cuadro o un autor cuando visitamos un museo, exposición,  o asistimos a un espectáculo. En definitiva, nos lanzamos de lleno, a menudo sin ser conscientes de ello, a la esfera del aprendizaje informal y contextual. Suena bien y “sabe” mejor, porque ya sabemos que este tipo de aprendizaje es el que integramos y retenemos con más facilidad.

Uso del móvil en las aulas

Reflexionando sobre este aspecto albergo pocas dudas sobre la necesidad de integrar estos dispositivos en el entorno educativo formal. Creo que debemos ser conscientes de que los alumnos que inundan las aulas están habituados desde su más tierna infancia a procesar y gestionar la información en base a estas herramientas. Pensemos que una parte importante de las experiencias de aprendizaje (no me refiero a las formales) de estos alumnos están ligadas al uso de tecnología digital. Bien es cierto que se trata de un fenómeno relativamente reciente, pero cada generación ha adoptado unos patrones distintos a la hora de enfrentarse a la formación, dependiendo de las herramientas a su alcance, de los valores sociales y culturales del momento y de la idiosincrasia propia del individuo. En este sentido, el escenario actual está marcado por un fuerte componente tecnológico, por la alta competitividad, y por un conocimiento distribuido en permanente crecimiento y actualización (donde además resulta difícil encontrar verdades universales). Con estos ingredientes en la coctelera, la adopción y normalización de estos dispositivos dentro del sistema educativo tradicional parece no ya recomendable sino necesaria.

Resulta desalentador observar que para jóvenes y no tan jóvenes, unos terminales con posibilidades educativas tan claras son utilizados casi exclusivamente en su aspecto lúdico pero ¿qué sucedería si combinamos lo lúdico con lo formativo? ¿acaso no es el sueño inalcanzado que hemos imaginado tantas veces a la hora de realizar un curso?. Bien es cierto que la literatura al respecto aún es escasa y las experiencias pocas, pero la velocidad a la que está evolucionando la tecnología móvil y sus aplicaciones permiten vislumbrar un panorama motivador e ilusionante en el uso educativo de estos dispositivos. Ahora bien, en mi modesta opinión, considero que la tecnología por sí misma no genera un salto cualitativo en la calidad de la formación y en los aprendizajes del alumno si no es fruto de una estrategia educativa. Por tanto, ahí el primer paso, es decir, definir el protagonismo y los usos de estas herramientas para, en combinación con el resto de elementos, alcanzar los objetivos formativos planteados.

No quisiera terminar este post sin compartir algún recurso que os permita ampliar información sobre este tema, de modo que os dejo el título de un libro recientemente publicado y escrito en castellano que describe algunas de estas cuestiones. Se trata de “Mobile Learning. Los dispositivos móviles como recursos educativo”, una obra que puede ser de interés para aquellas personas que deseen tener una primera toma de contacto con el mLearning.

Y por último, os dejo un video en inglés bastante ilustrativo de lo que he intentado trasladaros en estas líneas:

Identidad digital en las redes sociales

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Las redes sociales se están fusionando a nuestra propia existencia como parte del guión multimedia de nuestras vidas. Es cada vez más difícil permanecer al margen de estos nuevos espacios de realidad narrada, construida y compartida. Y todo esto a pesar de que un sector de la población opina desde su particular visión cosmogónica que su influencia, lejos de mejorar nuestro proceso evolutivo, supone una amenaza al statu quo anterior, al orden establecido, a ciertos  hábitos y costumbres.

 No es menos cierto que toda línea de opinión encuentra su antítesis y en este caso me atrevería a decir que los visionarios de las redes sociales son legión. Creo que nadie pone en duda que estos nuevos espacios de relación y de comunicación han modificado el tablero de ajedrez en el que nos movemos, incorporando nuevas reglas, redefiniendo el rol de las antiguas piezas e incorporando otras nuevas que hasta ahora no tenían presencia. En cualquier caso, no podemos caer en la fantasía infantiloide de creer que todo es maravilloso, que las redes sociales arreglarán los problemas del mundo, que los usuarios de las redes somos más modernos y mejores, que las empresas crecerán como la espuma si están en estos medios o bien que desaparecerán si no lo hacen… Atravesamos una etapa en la que todo suena a redes sociales, a innovación, a desarrollo tecnológico y caemos inexorablemente en el riesgo de despreciar todo aquello que no esté impregnado de tales adjetivos.

“Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo”

Abraham Maslow

Efectivamente, las redes sociales se han convertido en una extensión de nuestra personalidad, y en parte también de nuestra mente, pero no caigamos en el error de pensar que son un fiel reflejo de lo que somos. Creo que es reconocido por todos que nuestra presencia en el entorno digital muestra solo una parte de nosotros, aquella que consideramos más atractiva socialmente, la que pensamos que puede crear una mejor imagen ante los demás. Es difícil encontrar personas que compartan sus debilidades, ni tan siquiera sus emociones negativas. Las redes sociales se han convertido en el escaparate en el que nos presentamos públicamente como divertidos, felices, interesantes, sexualmente atractivos, etc. En esencia, son espacios que representan nuestro ideal de felicidad. De hecho, este carácter de eterna alegría, de espejo que distorsiona nuestra imagen en beneficio propio, refuerza aún más la red.

Es cierto que analizando desde una perspectiva global cómo gestionamos la información, nuestros contactos, nuestro propio discurso en la Red, podemos llegar a conocer nuestra particular visión del mundo, pero no debemos confundir esta proyección de nuestro “yo” con la realidad íntima y personal que trasciende más allá de las redes sociales. Por ejemplo, en mi perfil puedo ser un infatigable defensor de cualquier causa que capte mi interés con un simple “Me gusta”, pero ¿realmente hago algo tangible, cuantificable, medible en mi vida diaria de acuerdo con lo que digo defender en las redes? Me temo que esa parte de la realidad solo es accesible a unos pocos de mis contactos, a aquellos que tienen la oportunidad de contrastar mi identidad digital frente a mis acciones, mi trayectoria o mis actitudes en la vida fuera del entorno digital.

Apoyándome en lo que he dicho hasta el momento parece posible, y de hecho sucede, que podamos llegar a ser esclavos de una deseabilidad social alimentada por el feedback que recibimos a través de las redes sociales. En este sentido, el carácter netamente autorreferencial que tienen las redes sociales nos lleva a construir esta identidad digital que la sociedad y nosotros mismos aspiramos a tener. En algunos casos esta identidad digital es una copia exacta de lo que somos, en otros, tan solo una proyección de lo que deseamos ser.

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