Redes sociales, contenidos distribuidos e innovación

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contenidos distribuidos

El modelo de e-learning, de aprendizaje basado en el contenido, producido por publicadores, organizado y estructurado en cursos y consumido por los estudiantes está agotado. Los nuevos modelos apuestan por la apertura. Se acabaron los jardines vallados: las redes sociales y de contenidos distribuidos a través de servicios son el futuro.

Así de rotundo y de claro lo expresaba Stephen Downes en 2008, presentando un escenario que dista mucho de la ortodoxia en el sector educativo. Se trata de una afirmación tan categórica que garantiza el escozor de ojos a aquellos que defienden un modelo de producción tayloriana de contenidos bajo una mentalidad puramente mercantilista de la formación. Pero, estemos de acuerdo o no, la perspectiva del tiempo va dejando entrever cambios significativos en la línea de lo que comentaba Downes.

No podemos negar que resulte difícil asumir cambios tan drásticos, sobre todo cuando este planteamiento supone socavar las reglas del juego que han regido la educación hasta nuestros días. Unas reglas que establecían una clara separación entre profesor y alumno, entre proveedor y consumidor, entre gurús y fieles seguidores.  En definitiva, un sistema que identificaba claramente quien estaba en posesión del conocimiento y de la sabiduría, bajo qué estrictas condiciones se producía el aprendizaje y qué méritos eran necesarios para acceder a cierto grado de reconocimiento (titulaciones de cualquier índole).

Jardines vallados en e-learning

Ya he comentado en alguna ocasión que el e-learning ha supuesto poca innovación si echamos la vista atrás. Claro que hemos incorporado tecnología a la formación, pero eso más que innovación ha sido el equivalente a la modernización de un sector.

Es evidente que no es la tecnología por sí misma la que agrega valor al proceso educativo, sino la forma en la que ésta es utilizada o aprovechada por docentes para desarrollar nuevos modelos pedagógicos y para enriquecer el proceso de enseñanza y aprendizaje.

De Saint Pierre (2009)

En definitiva, más de lo mismo pero con nuevos medios. Hemos seguido construyendo jardines vallados en los que de manera reiterada tanto el contenido como la plataforma han sido los principales valedores de nuestro trabajo. Hemos protegido con esmero, y no sin cierto oscurantismo, toda pieza de contenido que salía de nuestras factorías, pensando que la inversión técnica y conceptual así lo merecían. Por tanto, una forma de entender el aprendizaje basado en “objetos” que se consumen, más que en dinámicas de relación y de conversación que se producen a partir de ellos.

Amateurismo de masas y contenido generado por el usuario

Así las cosas, frente a este modelo de producción de contenidos y de formación, nos encontramos ahora una incesante oleada de nuevos creadores que comienzan a generar valor en esta sociedad del conocimiento, amparados en lo que Clay Shirky (2008) definió como “amateurismo de masas”, caracterizado por la disponibilidad de tecnologías para amateurs que solo eran accesibles antes para los profesionales. De hecho, el desarrollo de herramientas y sitios web destinados a que cualquier persona pueda crear sus contenidos, compartirlos y distribuirlos en el ecosistema informativo tiene un peso específico en la web 2.0. Podemos encontrar herramientas gratuitas para generar cursos y webs en las que alojarlos, podemos encontrar páginas que te permiten crear una escuela online para emitir videoconferencias en directo o en diferido, etc. y todo ello dejando a elección del creador amateur la posibilidad de cobrar o no por sus desarrollos. No hablemos ya de la importancia que tienen hoy en día otros espacios de contenido generado por el usuario como los blogs, podcast, etc. Su influencia en nuestros días está lejos de toda duda, y muchos de estos creadores son en la actualidad auténticos líderes de opinión en determinadas materias (a modo de ejemplo podéis ver los blogs de Dolors Reig, Enrique Dans y otros tantos que podéis encontrar en mi blogroll).

En resumen, vivimos una era marcada por eso que llamamos empoderamiento y que nos hace ser un poco más iguales, o al menos, algo más libres a la hora de elegir nuestros referentes formativos. En este punto consideremos la importancia del aprendizaje informal, aquel que surge sin más preámbulos que la sola actitud receptiva hacia los estiímulos que giran a nuestro alrededor. En este sentido, las redes sociales se han convertido en un auténtico manantial del conocimiento por donde brota un flujo incesante de “contenidos”.

Buscando soluciones innovadoras

Ante estos cambios, las empresas del sector de la formación solo tienen dos formas de alcanzar una competitividad sustentable, como afirma Jonas Ridderstrale:

“…….o explotan las imperfecciones del mercado o las imperfecciones del hombre (innovación desde el lado de la oferta o del de la demanda). La primera representa innovación racional, creando modelos de negocio únicos, mientras que la última construye innovación emocional a fin de crear estados de ánimo que atrapen a los usuarios.”

En cualquier caso, sea cual sea el camino que se escoja, parece evidente que el usuario debe estar en el centro de cualquier innovación, ya que es quien construye su aprendizaje a través de la reinterpretación de los materiales docentes, a través de la evocación de nodos, de la conversación con otros alumnos o no-alumnos, etc.

En un post anterior ya planteaba alguna de estas cuestiones y sacaba a colación un interesante artículo de Kevin Kelly sobre la gratuidad de los contenidos y la necesidad de potenciar las cualidades “generativas” para mejorar el modelo de negocio. Os dejo el link por si queréis ampliar información: “El e-learning tiene que reinventarse”

The Long Tail y el poder de la diversidad en el entorno digital del e-learning

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Long tailUn libro para reflexionar en los tiempos que corren es “The Long Tail” de Chris Anderson. La larga cola, como sería su traducción al castellano, representa lo que podríamos definir como “la fuerza de muchos poquitos”, es decir, un modelo de negocio completamente distinto al que tradicionalmente se ha venido defendiendo en las empresas y que se resume  en “vender grandes volúmenes de un número limitado de artículos”, favoreciendo de esta forma las economías de escala y el consecuente rendimiento. El autor de este libro defiende la idea de que el nuevo entorno digital ha modificado las leyes de distribución y las reglas del mercado. La virtualización de ciertos productos y/o servicios abre las puertas a nuevos nichos de mercado y conlleva, según el autor, una reducción en el coste de almacenaje y distribución. En este punto es donde de manera recurrente se ejemplifica el caso de Amazon, que obtiene entre el 25 y 30 % (más del 60%, según otras fuentes) de sus ingresos de la venta de libros que no son los habituales superventas (no es de extrañar cuando hablamos de mercado globalizado y de diversidad).

La “long tail” de un proveedor de e-learning

En el caso del sector del e-learning no estamos exentos de ciertos costes de almacenaje y distribución por el hecho de que el modelo de negocio esté basado en la Web. Si queremos ofrecer un buen servicio de e-learning, además de contar con profesionales de la formación en sus diferentes vertientes de gestión, coordinación, impartición, etc. es fundamental disponer de una infraestructura tecnológica que garantice rapidez y seguridad en los accesos a nuestros contenidos y plataformas (la conocida fórmula 24×7). Por tanto, en el aspecto técnico caben dos opciones, tener de forma propietaria la infraestructura material necesaria, o bien, adoptar cualquier solución de outsourcing. En cualquiera de estos casos la inversión es importante, aunque bien es cierto que la versatilidad y flexibilidad de este modelo on-line no admite comparación con la formación presencial, supeditada a unas limitaciones geográficas y físicas obvias. Superadas estas limitaciones del modelo presencial, mi reflexión es que los proveedores de e-learning, por inercia empresarial, siguen fijando su atención en los cursos estrella, a menudo despreciando aquellos otros contenidos que quizá hayan tenido un menor impacto pero que conforman un extenso catálogo (long tail) que, frecuentemente, es difícil de gestionar incluso para los propios equipos comerciales.

¿Cómo poner en valor la “long tail”?

El entorno digital nos permite proporcionar al usuario (particular o empresas) vías para explorar y encontrar aquello que buscan y necesitan. Disponemos de diferentes herramientas capaces de segmentar a nuestra audiencia y ofrecer la respuesta más adecuada en función de sus características, como en el caso de las campañas de Google Adwords. Pero existen otras alternativas que pasan por el uso métodos más tradicionales como los catálogos online, las recomendaciones (por ejemplo, “Las personas que hicieron este curso también se interesaron por …”, “Otros cursos relacionados son…”) o la sindicación de contenidos (RSS) que permite a las personas interesadas recibir información sobre cursos, etc. Y no podemos olvidar las posibilidades que ofrecen los Social Media en la viralización rápida y masiva de información, bien sea a través de una estrategia proactiva del proveedor o bien a través de la compartición voluntaria de información de los propios usuarios cuando realizan un curso. En definitiva, el denominado marketing de tercera generación, en el que la empresa tiene un papel casi secundario y simplemente provoca los estímulos necesarios para que el boca a boca (efecto WOM, siglas de Word of Mouth) se expanda de manera exponencial entre los propios consumidores. En relación con esto, una experiencia interesante es el trabajo desarrollado por Netflix en el alquiler de DVDs, ya que a través de una red social propia permiten que los usuarios compartan entre su grupo de contactos la puntuación, comentarios, etc. de las películas que han visto, por lo que indirectamente esta empresa consigue dinamizar comercialmente el material audiovisual del que dispone.

Dicho lo anterior, en mi modesta opinión, y asumiendo que el futuro es incierto, creo que la diversidad y el entorno digital conforman un escenario en el que pueden encontrarse nuevos nichos y, por tanto, nuevas posibilidades de negocio pero para ello tenemos que estar dispuestos a atender esa “long tail” y sobre todo, a escuchar lo que el mercado nos tiene que decir.

Os dejo un video de Chris Anderson explicando su teoría.

e-learning y redes sociales: 3 reflexiones

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e-learning redes socialesSomos cada vez más los profesionales del e-learning que apostamos por aplicar una pedagogía abierta y colaborativa en la que el alumno se convierta en eje central de todo lo que sucede en su proceso formativo, desde el diseño de su propio entorno de aprendizaje (los denominados Personal Learning Environment), la selección de los contenidos o la intensidad de sus interacciones con el resto de participantes (y parece que el espacio en el que se producen estas interacciones son las redes sociales). Éste es el horizonte que alcanzamos a ver pero, desde el punto en el que nos encontramos, nadie puede negar que aún quede un enorme camino por recorrer. La mayor parte de las plataformas continúan reproduciendo el modelo escolástico, los contenidos se distribuyen al más puro estilo broadcasting con una pretendida interactividad que no supone otra cosa más que incrementar absurdamente el número de clics, y la evaluación sigue anclada en un modelo normativo y generalista en el que todo está preconcebido y predefinido.

Cambian los medios, pero ¿cambian nuestro enfoque, nuestra concepción de la educación?

Visto lo anterior, parece que pocas cosas han evolucionado a pesar de que el avance de la tecnología nos ha hecho ver un espejismo en el desierto. Tan sedientos estamos de encontrar nuevas estrategias para lograr  que los alumnos aprendan que la imagen desdibujada del oasis tecnológico nos hace correr agónicamente en su dirección sin pensar que quizá el suelo que pisamos es el mismo al que nos dirigimos. Ahora más que nunca se hace necesaria la innovación disruptiva, es decir, aquella que cambia las reglas del juego en un contexto aún por descubrir, y lo que es más importante, aún por construir. Desafortunadamente, nuestra mentalidad cartesiana, más marcada si cabe cuando hablamos de la óptica empresarial, nos lleva a tomar decisiones en base a modelos que intentan prever el futuro utilizando datos del pasado.

…..eso es como conducir un coche mirando por el retrovisor: si la carretera es recta y no giras el volante, no pasa nada y todo el mundo piensa que sabes lo que haces. Ahora bien, si giras cuando no hay curva o tiras recto cuando la hay, te vas directo a la cuneta y la gente se ríe de tu incompetencia….

Xavier Sala

¿Han cambiado también los alumnos?

Sin duda alguna mi respuesta a esta pregunta es afirmativa y viene a colación un caso de estudio conocido como “El mono número 100”. En esta investigación que data de los años 50 se viene a concluir que una especie animal puede desarrollar nuevos patrones de comportamiento, de manera espontánea y a partir de cierto momento, cuando previamente se alcanza una masa crítica de individuos que realizan esa misma conducta de manera aprendida. Los resultados de la investigación son cuestionables y hay mucho de mito entorno a ella pero nos vale para ilustrar lo que estamos tratando. En nuestro caso, el uso generalizado de las redes sociales está impregnando a la sociedad de una nueva forma de comunicarnos, de relacionarnos y de enfrentarnos a problemas locales y/o globales que representan un cambio cultural sin retorno. Este fenómeno nos lleva al empoderamiento del individuo que pasa a estar en el centro de las cosas, participando de decisiones que hasta ahora le eran vetadas.

En la metodología e-learning, el uso de redes sociales no puede ser sino una prolongación más de lo que ya sucede en otros ámbitos de la vida. Su uso aún incipiente en los procesos de formación deberá necesariamente cobrar un marcado protagonismo porque no podemos limitar lo que ya constituye un derecho adquirido del individuo, la posibilidad de interactuar con otros, de compartir conocimientos y experiencias y de crear en comunión con otros. Es en virtud de esta interacción como se generan contenidos significativos para el alumno. En esencia, se trata de poner en valor la inteligencia colectiva que representa la web 2.0. y el excedente cognitivo que enunciaba Clay Shirky en su libro “Cognitive Surplus: Creativity and Generosity in a Connected Age“.

¿Qué sucede con el flujo incesante de información?

Ya sabemos que esta interacción generativa que permiten las redes sociales, entre otros, incrementa exponencialmente la cantidad de nodos de información (que no formación) a los que tenemos acceso. A priori,  podemos pensar que esta circunstancia representa un problema para el individuo por la cantidad de “ruido” al que se enfrenta, fenómeno consustancial al carácter social, abierto y plural de la Web 2.0 y que la convierte además en un espacio caótico y en permanente movimiento (os enlazo mi post sobre “Aprendizaje, Web 2.0 y teoría del caos”). En cualquier caso, una especie de darwinismo atencional innato al ser humano hace que filtremos ese flujo incesante de información, sin olvidar también que, en este contexto, la labor del formador tiene un papel relevante como director de orquesta, quien debe saber armonizar e integrar todos y cada uno de los instrumentos en beneficio de un resultado final que supera la suma de las partes. En este sentido, la empatía y la capacidad de gestión desde su visión de conjunto deben ser su batuta, aunque será el alumno, en última instancia, el responsable de tomar el impulso necesario para tocar el instrumento.