IOR, cómo medir el impacto de relación en e-learning
18 febrero 2011 Deja un comentario
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En la realidad empresarial que vivimos, abocada a la innovación permanente, necesitamos más que nunca de un faro que guíe el rumbo de nuestras actuaciones, como explicaré más adelante. Paradójicamente, gran parte de la actividad que realizamos las personas es hábito (se calcula que más del 80% de lo que hacemos en el día es conducta aprendida, condicionada). Esta tendencia a la repetición se hace incluso más patente cuando analizamos lo que sucede en el ámbito laboral, donde la resistencia al cambio se convierte en un pesado lastre que ha llevado a más de una empresa a sumergirse en las oscuras aguas de la crisis. No obstante, por simple evolución y aprendizaje (ya sea en primera persona o bien de manera vicaria), vamos tomando conciencia de un paradigma protagonista en nuestros días “lo que ayer funcionó, hoy puede resultar inservible”, o al menos no nos permite llegar tan lejos como esperamos.
Nuestro entorno personal y profesional es tan dinámico que debemos evolucionar y adaptarnos a las nuevas circunstancias. En una sociedad que es capaz de cambiar el régimen político de un país a golpe de “muro” o de tweets, los profesionales de cualquier sector no podemos permanecer en estado de autocomplacencia por lo que hemos venido haciendo y ofreciendo desde hace años. Quizá las claves del éxito estaban sustentadas en falsos cimientos como la imposibilidad de elegir otros productos o servicios alternativos, el ámbito local o regional de nuestro mercado (no la aldea global en la que nos hemos convertido), la ausencia de espacios para la comunicación masiva entre usuarios (la opinión del consumidor final no tenía eco más allá de su entorno cercano) o porque no había posibilidad de interconectar nodos (empresas o personas) que diesen como resultado un producto mejor.
Hace unos meses comencé a trabajar en un proyecto de Social Media que me ha permitido adentrarme en este interesante y complejo campo de trabajo. Una de las cuestiones en las que más insiste en una estrategia de Social Media consiste en la monitorización de todo lo que sucede alrededor de la marca. Este proceso de seguimiento y evaluación continua es el que nos ayuda a validar nuestra hoja de ruta. Por tanto, no se trata de recoger datos únicamente, sino de analizarlos para tomar decisiones. Haciendo un símil con el ámbito sanitario, es como tener a una persona controlada permanentemente por los aparatos que usamos en la sala de cuidados intensivos, para detectar o prevenir cualquier alteración que pueda afectar a su salud. Si el equipo de personas que manejan el instrumental son buenos profesionales, la metodología de trabajo resulta, cuanto menos, científica y una garantía de éxito. Pero no es menos cierto que esta dotación de recursos representa solo una parte. La otra, son todos aquellos factores ambientales ajenos a nuestro control y que interactúan directamente con nuestro organismo, incidiendo claramente en nuestra salud y en nuestra conducta.
Parece justificado, por tanto, que la monitorización forme parte de nuestras vidas. Pensemos que desde la óptica personal, todos nuestros actos persiguen un objetivo y todos nuestros esfuerzos buscan una recompensa, bien sea moral o material. En el caso de las empresas, la orientación a la obtención de un beneficio económico resulta obvia y es lo que nos obliga a expresar la inversión en términos de rentabilidad corporativa. En este sentido, uno de los indicadores que nos ha permitido hasta ahora determinar si hemos alcanzado estos objetivos de rentabilidad es calcular el ROI (Return Of Investment).
ROI = (beneficio obtenido – inversión) / inversión
Ahora bien, si nuestro negocio contemplase una estrategia en Social Media resulta evidente que tendríamos que añadir nuevas variables a esta fórmula analítica. Pensemos que en la web social lo importante es la relación que se establece con el usuario final, quienes comentan y valoran sus experiencias de consumo con el resto de usuarios de la Red, comparten sus inquietudes en relación a sus necesidades de productos y servicios, etc. En este contexto, a menudo tan intangible, se hace necesario utilizar una nueva ecuación, el IOR (Impact Of Relationship), que nos proporciona un indicador acerca del impacto que tienen nuestras actuaciones en Social Media, en base al tiempo que dedican los usuarios a interactuar con nuestra empresa o con nuestros contenidos, a la difusión de la marca, etc.
Estamos viviendo un proceso de integración de las redes sociales en todos los ámbitos de nuestras vidas, en el aspecto personal y profesional. En el contexto formativo, también se hace patente su impacto ya que los alumnos hacen uso de ellas cada vez con más frecuencia, al margen de las propias instituciones educativas o de los formadores. Por tanto, es innegable que tenemos ante nosotros la oportunidad (no me gusta hablar de obligación) de participar y gestionar estas comunidades de alumnos. Desde mi experiencia, en el caso del e-learning, observo que en el perfil del formador se van agregando características propias del community manager (creación de comunidad, monitorización, etc.). En realidad no son nuevas características, sino aquellas que siempre debieron y deben estar (fomentar la conversación entre alumnos, la co-creación de nuevos materiales, el seguimiento de todo lo que acontece en la formación, etc.). No obstante, sí que es cierto que la aparición de estos nuevos entornos de relación en el contexto educativo, nos permite incorporar nuevos indicadores para valorar el éxito de la formación.
Por tanto, si aspiramos a realizar un proceso de formación integral en el que tengan cabida las redes sociales (propias de la institución educativa o integración con las ya existentes), debemos apoyar nuestra estrategia en fomentar la interacción y participación de los alumnos entre sí, y de estos con el equipo docente. De esta manera, podemos identificar una serie de hitos o variables que nos devuelvan un indicador del impacto de relación (IOR) que ha tenido el curso. Algunas de estas variables podrían ser las que os detallo a continuación:
- Artículos desarrollados por nosotros para el curso y que sean linkados por los alumnos
- Menciones en redes sociales sobre nuestro curso o marca
- Caso de que tengamos algún servicio de actualización de noticias, etc. mediante suscripción, ver el número de suscriptores
- Índices de adhesión a las redes sociales de nuestra marca (caso de que se tengan creados estos perfiles)
- Tiempo de permanencia y número de personas que interactúa dentro del curso mediante estas redes
Como decía antes, nos encontramos ante un tema complejo que aún en encuentra en un estadio incipiente, pero creo que nos abre nuevas vías para analizar el éxito de un proceso formativo.












