Hijos de la misma especie

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos
Tiempo video: 9 minutos

Con el comienzo del 2011 aparecen pronósticos de toda clase y vamos entrando en una espiral de nuevas predicciones que nos hacen sentir vértigo ante los cambios que se avecinan. Es seguro que no todo lo vaticinable y vaticinado se verá cumplido o evolucionará  a la velocidad que algunos piensan, mientras que otros aspectos que pasan desapercibidos cobrarán un protagonismo inesperado. Esa es la magia del ser humano y de la sociedad en la que vivimos.

En este post me gustaría detenerme en las diferencias generacionales que muchos gustan en comentar y ensalzar. Mi reflexión no va en la línea de enjuiciar este tipo de taxonomías, sustentadas en las diferencias culturales propias de la evolución social (baby boomers, generación X, generación Y, generación Z, etc.). De hecho, me parecen necesarias y resultan clarificadoras siempre que no perdamos la perspectiva.

En este sentido, me gustaría centrarme en una generación que acapara gran parte de nuestra atención, la  generación Y, también conocida como Internet Generation, Millenials, iGeneration, etc . Jóvenes que en las sociedades avanzadas viven bajo el influjo de Internet, de la X-Box, la Play Station, la Nintendo, la Wii y otros tantos dispositivos tecnológicos que han marcado sus patrones de aprendizaje y de relación social. Habitualmente se les considera creativos, emprendedores, influyentes, optimistas, seguros de sí mismos, inclinados al trabajo colaborativo, etc. En definitiva, como cita Jeroen Boschma en su libro “Generación Einstein: más listos, más rápidos y más sociales”. Algunos apuntan cambios en la función cerebral debidos al uso de estos dispositivos. Tanto es así que se cita incluso cómo han pasado de utilizar el dedo índice, asociado tradicionalmente a la evolución de la especie, al retorno en el uso del pulgar, el que por su capacidad prensil ayudó tanto a la especia Homo y que ahora vuelve cobrar vigor por el uso de los SMS.

Atendiendo a todo lo anterior, y si además incorporamos a los hijos de la generación Z o nativos digitales, parece que estuviésemos hablando de seres de otro planeta. No cabe duda de que tienen rasgos que los hacen diferentes, cualidades desarrolladas gracias a la tecnología y a la propia evolución social que les lleva a mostrar comportamientos hasta ahora desconocidos para las generaciones anteriores. Pero bajo mi punto de vista, a veces estos cambios que tanto ensalzamos, se convierten en una luz cegadora que nos puede llevar a desenfocar el objetivo con el que miramos a los jóvenes. Corremos el serio peligro de deificar a una parte de la sociedad, en detrimento de otras realidades socioculturales y demográficas que viven ajenas a la revolución tecnológica y social que impera en nuestras latitudes. Al hilo de esta tendencia a considerar determinadas generaciones como las mejores y las más preparadas, algunos recordarán la famosa campaña de una marca de automóviles y su generación JASP, “jóvenes aunque sobradamente preparados” (¿qué fue de todo aquello?).

En mi cuestionable opinión, considero que las cualidades que citaba anteriormente como la creatividad, la capacidad de emprendizaje, el trabajo colaborativo, etc. son rasgos comunes y compartidos por todo ser humano, más allá de la edad, el país o la situación económica. En mi anterior post, hablaba de Sugata Mitra y de cómo sus investigaciones apoyaban la idea de que los niños, procedan de donde procedan, y al margen de otros condicionantes, aprenden ante la más mínima oportunidad que se les ofrece. Por tanto, elogiemos lo que la naturaleza humana nos permite, ensalcemos las posibilidades de crecimiento de todo individuo y adoptemos estrategias didácticas eficaces para los nuevos contextos de aprendizaje que la sociedad nos proporciona.

Así, hablando de nuevos escenarios, nadie pone en duda que vivimos un momento marcado por la multiculturalidad y ésta es una realidad que se hace patente en las aulas. Una realidad que  nos obliga a todo formador a reflexionar sobre la perspectiva del desarrollo de la identidad cultural y étnica, es decir, avanzar en el conocimiento de quienes somos y cómo nos influye nuestra cultura. En definitiva, lo que hace que cada individuo sea diferente y contribuya el enriquecimiento global. En este sentido, si analizamos los procesos  de aprendizaje que tienen lugar mediante metodología e-learning,  constataremos que existen muchas probabilidades de que en un mismo curso confluyan alumnos con diversidad de perfiles, bien por procedencia, edad/generación, nivel cultural, etc. por lo que parece obvio que uno de uno de los puntales del formador debe ser la adecuada gestión de las emociones, propias y de su grupo de alumnos, pero esto será tema de otro post.

En el video que he querido incluir en esta ocasión se hace un breve recorrido por diferentes generaciones y por los rasgos propios de cada una de ellas. Han aparecido nuevos medios, nuevas responsabilidades, nuevas emociones, pero al margen de estas diferencias, todos somos hijos de la misma especie.

http://vimeo.com/17128051

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