El sector del e-learning debe reinventarse

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Todo lo que sale a Internet corre el riesgo de ser plagiado o copiado a los pocos segundos de su publicación. Por esta razón, podemos decir sin miedo que actualmente el conocimiento ya no tiene propiedad, está fuera, repartido y distribuido por toda la web, en muchos casos gratuitamente. Los usuarios son ahora más libres que nunca a la hora de formarse pudiendo elegir entre una infinidad de opciones, fuentes y formatos de presentación. Para las empresas del sector del e-learning, esta nueva realidad se trasforma en el miedo racional a perder el control sobre su modelo de negocio habitualmente basado en cobrar al cliente por las licencias consumidas, la descarga de manuales, el diseño de plataformas (LMS), o por la  tutorización de las acciones formativas, entre otros. Dicho esto, parece que no queda otro camino que el de adaptarse a los cambios, bien sea ofreciendo algo que realmente no se pueda plagiar o proporcionando un valor añadido en nuestros productos y/o servicios.

Es tan amplio el abanico de posibilidades que tienen los alumnos que el sector debe aplicar un modelo de negocio “sostenible” en este nuevo escenario. Debe reinventarse buscando en los intangibles su valor diferencial. Insisto, en unos años nadie pagará por lo que gratis se pueda obtener, y parece evidente que contenidos, videos, manuales, actividades de evaluación, etc. no escapan al riesgo de plagio o difusión gratuita.

En este sentido, un artículo publicado en 2008 por Kevin Kelly, titulado Better Than Free, ponía de relieve varios aspectos interesantes que pueden aplicarse al tema que estoy tratando en este post.

Kevin Kelly defiende que hay una serie de cualidades que aportan valor “generativo” y que pueden mejorar el modelo de negocio de las empresas que tienen presencia en la Web. Por su claridad conceptual, os trascribo la definción que hace el autor:

Un valor generativo es una cualidad o atributo que debe ser generado, crecido, cultivado, adquirido. Algo generativo no puede ser copiado, falseado, replicado o reproducido. Se genera de forma única, en un lugar concreto y en un momento concreto.

Estas cualidades que podrían ser perfectamente aplicables al e-learning son las siguientes:

    • Inmediatez . El alumno necesita respuestas concretas e inmediatas.
    • Personalización. El alumno quiere resolver sus propias carencias formativas, no las de otros.
    • Personificación a través del apoyo tutorial “experto”. El entorno y los contenidos pueden ser muy buenos, pero es importante poder consultar tus dudas a un experto.
    • Autenticidad. Las alianzas con otras empresas puede permitirnos incorporar buenas prácticas y avalar la calidad de nuestros contenidos, metodología, capacidad docente, etc.
    • Accesibilidad. Que el alumno pueda tener acceso permanente a sus materiales una vez terminado el curso evitaría la descarga indiscriminada.
    • Justiprecio. Las personas tienden a promocionar y recompensar a los creadores siempre que el precio sea razonable.
    • Trazabilidad. Que el alumno pueda encontrar tus cursos entre toda la oferta existente en Internet y tener la certeza de que responde a sus necesidades.

A todas estas cualidades, yo añadiría dos aspectos adicionales que podrían ser motor del cambio para el sector de la formación en general, la innovación educativa y la colaboración entre empresas e instituciones. En cualquier caso, estemos de acuerdo o no acerca de lo que he comentado anteriormente, lo que parece obvio es que estamos inmersos en un profundo proceso de transformación en el que las reglas del juego han cambiado.

Os dejo aquí el enlace al artículo traducido al español por gentileza de otro bloguero. Haz click aquí.

Redes sociales y jóvenes aunque ¿sobradamente preparados?

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Nos encanta clasificar y poner etiquetas (nativos digitales o generación .NET, generación Y, generación nini, etc.) como si con ello pudiésemos simplificar la realidad que nos circunda. El título de este post se me ocurrió pensando en la ya casi olvidada generación JASP, fruto de aquel famoso anuncio de coches. Se dijo de nosotros que éramos la generación más preparada de la historia, pero aquello no era más que un anunció y la realidad mucho más compleja de lo que cabía pensar. De hecho, esta generación JASP se caracterizó por la masificación de titulados universitarios en un mercado laboral carente de la capacidad para absorber semejante oferta……. Pero no nos desviemos del tema que quiero tratar, ¿están los nativos digitales sobradamente preparados? Tomemos como referente al ámbito de las redes sociales….

Las redes sociales se han convertido en todo un fenómeno social (aquí podéis ver algunas estadísticas) en el que los jóvenes tienen un peso específico por su especial orientación a probar todo lo “nuevo” y por tener un perfil de “nativos digitales” que ha convertido Internet en su hábitat natural. No obstante, pensar que por el mero hecho de ser considerado “nativo digital”, los jóvenes ya saben manejar adecuadamente la Red, es una falacia. Obviamente tienen adquiridas muchas habilidades que no les hace extrañar el medio en el que se producen estas nuevas relaciones sociales y de aprendizaje, pero no por ello debemos desatender su formación para dotarles de hábitos y conocimientos acerca de cómo filtrar por importancia sus búsquedas en Internet, cómo participar en las redes sociales, o qué conductas son saludables en dicho contexto. Es cierto que una gran parte de este aprendizaje se produce, a menudo, en contextos informales y por simple descubrimiento (precisamente aquel que produce mayor tasa de recuerdo), y en este sentido, viene a colación la teoría de Vygotsky y su concepto de Zona de Desarrollo Próximo, es decir, aquello que integramos en nuestro mapa cognitivo como aprendizaje gracias a la interacción y la ayuda de otros. Siendo más explícito, sería afirmar que una persona puede resolver un problema o realizar una tarea de una manera y con un nivel que no hubiese sido capaz de tener individualmente y antes de dicha interacción.

Pues bien, como sociedad debemos, al menos, tomar la iniciativa y asumir la responsabilidad de motivar a los jóvenes a que aprendan hábitos saludables para navegar de manera segura y productiva pero para ello es preciso conocer los procesos emocionales y sociales que se producen en las redes sociales (¿los conocemos?). La educación, en este sentido, tiene que hacer menos hincapié en las herramientas y más en la auténtica alfabetización digital.

Por último, os dejo un enlace a un interesante reportaje de TV que trata sobre alguna de las ideas que he intentado trasmitir aquí. Haz click aquí.

Y volviendo al anuncio de Jasp, recuerda:

“Hay cosas que para saberlas bien, no es suficiente con haberlas aprendido” (Séneca)

Las tecnologías emergentes que tendrán impacto en la educación

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En el mes de enero vio la luz el informe Horizon (“The Horizon Report 2010”), un interesantísimo estudio en el que se describen las tecnologías que tendrán mayor repercusión en la educación en los próximos años. En dicho informe se establecen tres horizontes temporales en los cuales se prevé una mayor presencia de dichas tecnologías. Os describo brevemente las conclusiones a las que llega este informe.

• A corto plazo (6 meses-1 año)
La computación móvil (Movile computing). El uso de dispositivos móviles con acceso a la Red está tan extendido entre la población que resulta casi obligado considerar esta tecnología como uno de los pilares fundamentales en los que se sustentarán los próximos desarrollos educativos.
El contenido abierto (Open content). Debido al crecimiento de los costes educativos, a la dificultad para acceder al aprendizaje en ciertas zonas y a la descentralización de la educación en nuestros días, en la que los alumnos deciden cuándo y cómo quieren aprender. También forma parte de una tendencia que viene desde hace 10 años con instituciones como el MIT, que ha permitido el acceso libre y gratuido al contenido de muchas de sus acciones formativas.

• A medio plazo (2-3 años)
Los libros electrónicos (Electronic books). Fenómeno propiciado por el abaratamiento de costes y la posibilidad de trasportar mucha información en poco espacio-peso, sin dejar de lado que forma parte de la concienciación medioambiental sobre el ahorro de papel. Además, la tecnología he mejorado los dispositivos de lectura y la versatilidad a la hora de manejar estos textos (hacer anotaciones, incremento de la capacidad de almacenamiento, etc.)
La realidad aumentada simple (Simple augmented reality). Aún no muy implantada porque requiere de medios técnicos sofisticados para desarrollarla pero que tiene una fantástica acogida en un sector importante de la población.

• A largo plazo (4-5 años)
La computación basada en el gesto (Gesture-based computing). Sin lugar a dudas un gran avance de la industria tecnológica en los próximos años sería permitir a las personas tener una interacción más natural y espontánea con las máquinas. Ya en la actualidad muchas empresas de videojuegos han desarrollado aplicaciones para que se reconozcan movimientos, emociones, etc.
El análisis de datos visual (Visual data analysis). Con una clara repercusión para el campo de la investigación en cualquier área, se están desarrollando aplicaciones que permiten una más rápida y fácil gestión e interpretación de datos, lo que permitirá acceder a mayor cantidad de información y establecer relaciones complejas, aumentando nuestro campo de conocimiento.

Geolocalización, redes sociales y privacidad

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Una empresa norteamericana llamada Sense Networks ha desarrollado una aplicación que permite recoger datos de posicionamiento mediante el móvil de los usuarios (estudia los senderos que vamos dibujando mientras nos movemos con nuestros teléfonos móviles) para poder general perfiles de comportamiento y, por tanto, de consumo. Al usuario de a pie le puede proporcionar información útil y en tiempo real sobre los servicios que esté buscando en ese momento, por ejemplo, un taxi en hora punta en una determinada zona de una concurrida cuidad, publicidad personalizada para cada usuario, etc. (context-aware computing).

Sin lugar a dudas, esta información es la gallina de los huevos de oro y las grandes compañías hacen todo lo posible por obtenerla. No debemos descartar las ventajas que esto conllevaría en nuestra vida diaria, pero obviamente el escenario que se nos viene a la cabeza recuerda mucho al Gran Hermano de George Orwell, en su novela 1984. En cualquier caso, no debemos asustarnos, al menos, no de momento. Ya desde hace mucho tiempo, rastrear nuestros pasos no supone ningún problema, sobre todo cuando estamos tan habituados a utilizar tarjetas de crédito, navegar por la Red, etc. Mediante la tecnología actual no es complicado averiguar nuestras aficiones, gustos y costumbres, teniendo en cuenta que los esfuerzos de las grandes compañías pasan por buscar y conocer afanosamente aquello que nos hace ser de una determinada forma y, por tanto, mantener unos determinados hábitos de consumo. Stephen Baker, en su libro “Numerati” trata estas cuestiones y pone de manifiesto como una legión de ingenieros, matemáticos e informáticos rastrean y manejan la información que generamos a cada instante.

Pero más allá de la posibilidad o no de mantener cierto control sobre lo que trasciende públicamente de nuestras vidas, con el uso masivo y voluntario de las redes sociales y de la geolocalización me planteo otra cuestión ¿estamos perdiendo la conciencia de privavidad?

Os dejo el link a otro post que escribí sobre el tema: Epitafio: “Tu familia y amigos no te olvidarán,….Internet tampoco”

Sobrecarga cognitiva: tres reflexiones

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Hace unos días leía un artículo en el que se estimaba que la cantidad de información a nivel mundial se dobla cada 18 meses y los archivos corporativos cada 3-5 años. Las cifras son apabullantes y nos dejan entrever algunas cuestiones:

  1. Las nuevas tecnologías han precipitado que la información crezca de manera exponencial. Las consecuencias de este crecimiento exponencial han fascinado a los pueblos durante siglos. De hecho, hay una antigua leyenda persa sobre un cortesano que ofrendó a su rey un tablero de ajedrez y solicitó a su señor que le diera a cambio un grano de arroz por el primer cuadrado, dos granos por el segundo, cuatro por el tercero, y así sucesivamente. El rey aceptó en seguida y ordenó que el arroz fuese traído desde sus silos. El cuarto tablero suponía ocho granos, el décimo requería 512 granos, el decimoquinto 16.384 granos y el vigésimo primero rendía más de un millón de granos de arroz. Al llegar al cuadragésimo, la magnitud de granos de arroz era ya de un billón. El pago solicitado por el cortesano jamás podría haberse cumplido porque suponía más arroz que el que podía haber en el mundo. Pues bien, volviendo a lo que nos ocupa, diariamente se genera en la web más información que aquella que una persona podría asimilar durante toda una vida.
  2. Una parte importante de la sociedad va tomando conciencia de lo que algunos llaman “espíritu colaborativo”, sustento vital para la web 2.0 y que ha trasformado a la web en una masa informe y viscosa que a medida que va devorando personas, va aumentando su tamaño (bien valdría el paralelismo con la película “The Blob”, 1958).
  3. Tal cantidad de información nos obliga, en primer lugar, a saber gestionar adecuadamente tales contenidos (buscadores, folksonomías, etc.) y, en segundo lugar, exige un esfuerzo individual por analizar con carácter crítico aquello que leemos. Paradójicamente, “tenemos la tendencia a ser crédulos, a creer que los demás nos dicen la verdad, ya que la educación, la religión y los valores sociales nos incitan a decir siempre la verdad” (os dejo el enlace a un interesante libro sobre “La psicología de la mentira).

Parece que los esfuerzos por gestionar el volumen de información que existe en la web, se traducirán en la llamada web semántica, pero a pesar de ello seguiremos necesitando de nuestro factor humano en el momento de manejar estos contenidos, a la hora de creer o no creer lo que en ellos se plasma, a la hora de asimilar o desechar aquello que pase por nuestras pantallas, a la hora de decidir si debemos compartir, recomendar o publicar en nuestros perfiles en la Red (Twitter, Facebook, blogs, etc.). En este sentido me planteo si realmente nuestro sistema educativo es capaz de desarrollar estas habilidades y actitudes tan necesarias para afrontar la sobrecarga cognitiva en la que estamos inmersos.

Citando a Borges “el libro es la extensión de la memoria y de la imaginación, igual que los demás instrumentos creados por el hombre lo son del cuerpo (el microscopio de la vista, el arado del brazo)”. Siguiendo con esta afirmación, la Web debería ser una prolongación de nuestras capacidades cognitivas y conformar un macrosistema al servicio de nuestro intelecto, pero insisto nuevamente ¿observamos en los diferentes contextos educativos una inclinación a desarrollar la capacidad analítica, o por el contrario, solo conductas propias de fagocitar todo aquello que tenga su manifestación en los medios? Retomando la antigua leyenda persa cabe preguntarse si somos capaces de identificar la cantidad de arroz que necesitamos ingerir diariamente, si algunos ya padecemos indigestión crónica o bien si una parte de la sociedad está condenada a morir de inanición cultural.

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